RETRATOS HABLADOS

Manuel Felipe Sierra

FÁBULA COTIDIANA
MANUEL FELIPE SIERRA
manuelfsierra@yahoo.com

 

 

Una noche de 1964 Harry Benson celebraba con los Beatles en un hotel de París. Cancelaba una cobertura en África para seguir al grupo que estremecía los públicos europeos. El manager Brian Epstein cerró la reunión con una noticia bomba: los muchachos de Liverpool eran requeridos por la industria musical de Estados Unidos. Sería la consagración de los Beatles pero también un cambio de vida para Benson: sería el fotógrafo más importante en la cuna del poder.

Richard Nixon al momento de despedirse

El ya archifamoso fotoperiodista, de origen escocés, resume su vida profesional en el libro “Harry Benson, 50 años en imágenes”. Su colega y compañero de aventuras David Friend escribe: “Al hojear el nuevo libro se tiene la impresión inquietante de que durante medio siglo ha sido nada menos que un Zelig del fotoperiodismo, el hombre que en la película de Woody Allen era capaz de mimetizar la personalidad de los que le rodeaban. Cubrió todos los presidentes norteamericanos desde Eisenhower, la primera baja de Estados Unidos en Bosnia, enfrentamientos en Kosovo, la cortina de humo sobre las gemelas el 11 de septiembre de 2001, por ejemplo. Antes de que hubiera una CNN o una Fox News, estaba Benson con un ojo entrenado para pesquisar personajes y catástrofes en el mundo”.

 

Pero sin duda su fama creció con el contacto y la cercanía con los presidentes de Estados Unidos. Eva Millet de “Magazine” de Nueva York, entresacó algunos de sus secretos palaciegos. Dice por ejemplo que Richard Nixon fue el más “presidencial” de los 11 huéspedes de la Casa Blanca que han posado ante su cámara. Se queja que la prensa lo presentaba como un hombre “envarado” pero que era en verdad respetuoso, muy educado, nada pretencioso e incluso elegante. Tantos habrían sido sus atributos que logró convertir a su antiguo enemigo el soviético Leonid Brezhnev en su confidente. Pero sus buenas opiniones sobre Nixon se extienden también sobre su esposa Pat, a quien considera una de las primeras damas más preocupadas por sus empleados, por las familias de éstos y atenta al mínimo detalle .

 

Juicios distintos le mereció Jackie Kennedy de quien cree que su carácter no la hacía muy popular. “Me imagino que su carácter tenía mucho que ver con el modo en que su marido se comportaba con ella, con todas esas aventuras. Ella sabía que el resto lo sabíamos, lo que debía de ser incómodo”. Ello no optó para que Benson le hiciera una foto a su hija Caroline el día de su boda para la portada de la revista “Life”.

 

Antes de instalarse en Washington, Benson había logrado una fotografía de Eisenhower, presidente entre 1953 y 1961. Su impresión la resume en pocas frases: “cuando lo fotografié vi claramente que su porte era el de un soldado: disciplinado y majestuoso; era un héroe de la Segunda Guerra Mundial y fue elegido presidente para dos mandatos”. De Lyndon Johnson quien gobernó entre 1963 y 1969 tiene un recuerdo puntual: “Era octubre, pero el tiempo era cálido y Johnson dio un discurso al pie de la Estatua de la Libertad. El 36º presidente estadounidense acababa de firmar una importante ley sobre inmigración. Escribía cada letra de su nombre con un bolígrafo diferente y ese día me regaló uno. Entre los que atendieron la ceremonia estaban la primera dama, Robert y Ted Kennedy”. De Gerald Ford, el sucesor de Nixon, refiere que lo acompañó volando de Boston a Washington para juramentarse como presidente en 1973, un año antes de convertirse en presidente por la dimisión de Nixon crucificado por el caso de Watergate. Cuando asumió la nueva responsabilidad, Ford se tomó unos minutos de la ceremonia para sentarse y hablar de modo informal con él, todo ello dice el fotógrafo, “pese a la formalidad del smoking”.

 

Sobre Jimmy Carter refresca un episodio que retrata la personalidad del mandatario. Dice Benson que llegó al Despacho Oval el día que el personal de la Embajada de Estados Unidos había sido tomado como rehén en Irán: “Carter estaba mirando por la ventana, le pedí que permaneciera ahí mientras yo salía afuera a fotografiarlo a través de esa ventana. Para mí, esta imagen demuestra la soledad y el aislamiento de cada uno de los hombres que llega a la Casa Blanca”. Con Ronald Reagan la amistad venía de lejos. Durante 30 años lo fotografió a él y a su esposa desde el día de su anuncio como candidato a gobernador de California hasta su último retrato oficial: “Era un hombre muy elegante, muy educado”. A la pareja Clinton los retrató en su casa de Little Rock, Arkansas, al principio de la campaña electoral cuando “Bill” todavía era gobernador. Pese a la turbulencia matrimonial de la pareja, Benson dice que las fotos familiares que tomó fueron muy cálidas y destaca una que hizo en una hamaca con un “Bill” a punto de ser besado por su mujer. “Me gusta esa foto porque los labios no se tocan y resultan entonces muy sensuales”.

De George H. Bush tiene recuerdos desde cuando era vicepresidente y le tomaba las fotos a la salida de su oficina en la Casa Blanca camino del Capitolio o cuando con frecuencia lo invitaba a acompañarlo en su limosina. “Era muy sencillo, un hombre sin pretensiones”. A su hijo George W. Bush lo conoció cuando todavía era gobernador de Texas y cuenta que en una oportunidad le hizo una fotografía y él le comentó que acababa de convertirse en ciudadano norteamericano. Bush se encogió de hombros y señalándole con su palo de golf le dijo: “Ciudadano norteamericano, eso significa que puede votar y yo le pido mi voto”. Benson le replicó, “veremos primero como sale la sesión fotográfica de hoy, gobernador”.

 

Sobre Barack Obama sus opiniones son menos piadosas: “me da la sensación de que solamente quiere que lo quieran. Estuve poco con él, sólo 3 días pero esa es la impresión que me dio y lo que comentan otros colegas. De hecho, algunos de los fotógrafos de la Casa Blanca lo llaman el “robot”. Creo que también se informa demasiado sobre él, demasiadas fotos, artículos, demasiadas cosas sin sentido. No es que viera nada en Obama que me disgustara, pero ciertamente, no puede compararse con otros como Ronald Reagan”. Benson ofrece en la entrevista muchas anécdotas interesantes sobre la vida política en Washington. Millet inquiere sobre cuál sería la forma más expedita para aproximarse al alto gobierno. La respuesta de Benson no es nada nueva. Toda la vida el consejo ha sido útil y provechoso para los cortesanos y los pícaros de toda especie: “La mejor manera de acercarse a los presidentes es la primera dama”.

 
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