Pete Rose merece el perdón

 

MARINO MARTINEZ PERAZA
mmartinez@elnuevoherald.com

Nosotros creemos en la necesidad de aplicar un castigo a un atleta que cometa un grave error sin mirar la calidad de su juego ni el nombre famoso que tenga. Pero a un pelotero que es considerado uno de los grandes de todos los tiempos, no creo que se le debe borrar su nombre de las páginas de la historia.

Pete Rose fue acusado en 1989 de involucrarse en apuestas con resultados a favor de su equipo en función de mánager.

El 24 de agosto de ese mismo año, el Comisionado Bart Giammati llegó a un acuerdo con el jugador en el que no se seguiría la investigación, pero Rose sería alejado del béisbol.

Al siguiente año, Rose fue sentenciado a cinco meses de prisión por evasión de impuestos y más tarde admitió estar involucrado en las apuestas, negando haberlo hecho en contra de su equipo.

El debate sobre el perdón al jugador y su potencial ingreso al Salón de la Fama, es un tema que se mantiene candente.

Sus credenciales atléticas son conocidas. Posee el récord de más hits (4256), juegos (3562), turnos al bate (14,053), temporadas con más de 200 imparables (10), Novato del Año en la Liga Nacional (1963), Jugador Más Valioso (1973), tres coronas de bateo (1968-69-73), 44 partidos consecutivos pegando hits (1978), 15 temporadas con un promedio superior a los .300 y 17 actuaciones en Juegos de Estrellas.

Fue miembro de la famosa Maquinaria Roja del Cincinnati dirigida por Sparky Anderson y participó en tres Series Mundiales, dos de ellas con los Rojos ganando el Jugador Más Valioso en 1975, y una con los Filis de Filadelfia, en 1980. Terminó su carrera con promedio de .303 y después de su retiro dirigió a los Rojos entre 1984 y 1989.

Su estilo agresivo y su entrega en el terreno de juego inspiraban a quienes jugaban a su lado. Ver a Rose deslizándose en las bases era un espectáculo de primer nivel.

Y la pregunta que muchos se hacen y que se mantiene como un debate en los círculos beisboleros, es la siguiente: ¿Merece el perdón y su posterior ingreso al Salón de la Fama?

Rose ha tenido el valor de reconocer sus errores y arrepentirse de ellos. Y eso vale. El es un ser humano, y como tal sus acciones como persona no han sido perfectas.

Pero seamos claros. Cooperstown no es un Templo de Santos, es un lugar reservado para honrar a los mejores peloteros de la historia de Grandes Ligas. Y Rose es uno de ellos.

Si para ingresar a Cooperstown, el mérito es la perfección como ser humano, entonces ese recinto estaría casi vacío, o se tendría que iniciar el proceso de evacuación de las placas y estatuas.

Cooperstown tiene en sus salones a figuras que cometieron errores de violencia doméstica, posesión de cocaína, borracheras y racismo, pero que en el campo de juego fueron unos privilegiados.

Ahí está el caso de Ty Cobb. Un hombre que practicó el culto al racismo. El pelotero que nunca quiso jugar frente a jugadores de la raza de color y según cuenta la historia cuando lo hizo al ser puesto out en un intento de robo, reclamó que la segunda almohadilla tenía que estar más lejos de lo normal al no ser posible que un negro lo sacara out en un intento por robarse una base.

Dicha declaración merecía enviar al portador de la misma a un análisis psiquiátrico. Pero Ty Cobb fue un coloso del béisbol y está en Cooperstown no por ser ejemplo como ser humano, lo está por ser uno de los mejores peloteros de la historia.

A Rose le sucede lo mismo que a Cobb. No ha matado a nadie. Cometió pecados como ser humano, pero fue una estrella del deporte de las bolas y los strikes.

Muchos creen que merece perdón y estar en el mismo sitio donde se encuentran las figuras más selectas. Así opinan luminarias como Hank Aaron y Tany Pérez, entre otros.

¿Merece el perdón? Sin titubeos, mi opinión es: SÍ.

A mi juicio, tres razones lo hacen merecedor del perdón: Reconocer sus errores. Arrepentirse de ellos. Y por ser uno de los mejores peloteros de todos los tiempos.

Son factores de peso y con mucho valor.

 

 
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