Ante la tentación dictatorial *

 

Carlos Alberto Montaner

 

El presidente Correa convocó a un referéndum para cambiar a Ecuador y acabó descubriendo que quien debe cambiar es él. Cuando redacto estos papeles no se sabe si ganó o perdió la consulta (probablemente triunfó por los pelos), pero lo importante fue confirmar que el país está dividido a la mitad, lo que anula la suposición de que solo lo adversan los “pelucones” de la burguesía urbana.

Si Correa fuera un estadista sereno advertiría que no hay consenso para su “revolución ciudadana”, cuyo propósito oculto es dotarle de poderes ilimitados. Los ecuatorianos seguramente coinciden cuando él afirma que el Poder Judicial está podrido –como prácticamente todo el aparato estatal–, pero la forma de adecentarlo no es entregarle toda la autoridad al Presidente para que asuma los otros poderes que equilibran y dan sentido y forma a la estructura republicana. La mitad de los ecuatorianos tampoco está de acuerdo en controlar las informaciones y las opiniones que vierte la prensa.

El Estado no está para vigilar a la prensa sino al revés. Lo grave no es que los accionistas de un diario lo sean también de una fábrica de tornillos, sino que el Estado controle medios de comunicación en donde jamás se investigará a los funcionarios públicos y mucho menos al Presidente. Ahí sí existe un conflicto de intereses intolerable en una sociedad moderna y progresista.

Lo que pretende el presidente Correa es demoler los cimientos de la “democracia liberal” y sustituirlos por una “democracia dictatorial”.

No estoy jugando con las palabras. La democracia liberal es el tipo de Estado en el que la masa consiente en ser gobernada, si constitucionalmente se establece una división de poderes que limita la autoridad de los mandatarios, y si existe una economía de mercado donde la producción recae, fundamentalmente, en la sociedad civil. O sea, el modelo de convivencia de los treinta países más desarrollados y felices del planeta.

En cambio, la democracia dictatorial, descrita y defendida por el dominicano Juan Bosch en Dictadura con respaldo popular, un ensayo de 1969, revivida por Chávez en el Socialismo del siglo XXI, es un Estado donde la autoridad, ejercida por un caudillo legitimado en las urnas por una mayoría que abdica de sus derechos y del control de sus vidas, es impuesto a la masa para su gloria y beneficio, algo que casi nunca sucede, porque los 30 pueblos más pobres y desdichados del planeta caen, precisamente, en esa categoría.

¿Rectificará el presidente Correa? Ojalá, pero me temo que no. No hay síntomas de que sea capaz de asumir humildemente una visión autocrítica. No está en su naturaleza.

 

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* Título original: Correa entre la democracia liberal y la democracia dictatorial

 
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