El miedo a lo extranjero

Carlos Ochoa

Carlos Ochoa
ochocarlos@gmail.com

Europa es mucho más que una formación de estados política y económicamente definidos que conviven en un espacio geográfico, Europa  es una unidad histórica que se ha formado juntando diversidades de todo orden, pedazos de  unidades anteriores, que a su vez también se han formado de retazos precedentes, nos aclara el historiador francés Lucien Febvre. Esta Europa que no se define fronterizamente por mares, montañas, ríos o lagos, se concibe según el historiador de la escuela de los anales, hacia adentro, por las muchas corrientes de pensamiento político, económico, cultural y religioso que la han atravesado más profundamente a partir de la edad media. Febvre considera que es en la edad media cuando se configura más claramente la idea de Europa con todas sus diferencias y semejanzas. En ese período histórico se concretó la lenta fusión de los elementos nórdicos de las llanuras con los elementos mediterráneos, produciendo el nacimiento de Europa.

El problema de la definición de Europa  plantea dos temas que Febvre analiza en su texto “Europa Génesis de una Civilización”: el primero referido a la génesis histórica que tiene muchos bemoles,  y un segundo  aspecto que aborda la psicología histórica. Es precisamente la psicología histórica la que permite a Albert Camus desarrollar la trama de su novela “El extranjero”,  publicada en en 1942. Su personaje principal, marcado por las dos guerras mundiales vive y trabaja en Argelia, después de recibir, con la más completa indiferencia la noticia de la muerte de su madre, asesina a un árabe “sin saber porque”. La crisis de valores es el fondo que Camus expone en este   relato existencialista.

Las dificultades actuales de Europa no son solamente económicas, son también de valores. Alemania, Francia, España e Italia se están dejando vencer por el miedo a la inmigración y la xenofobia, restaurando controles y robusteciendo fronteras. El miedo a lo extranjero se manifiesta en el temor a la perdida de la identidad, un pánico a no reconocerse que fractura el proyecto que con tanto  entusiasmo se ha intentado poner en marcha con la unidad europea después de la caída del muro de Berlín.

La primavera árabe ha expuesto la debilidad de la política exterior de una Europa unida, y ha puesto en evidencia la carencia de un liderazgo capaz de actuar con independencia de Washington y Moscú. El discurso de la xenofobia está ganando espacio, y expresiones de odio racial hacia musulmanes, gitanos y latinoamericanos son comunes. Un ejemplo, es el concepto de “untermenschen” (seres humanos inferiores) que está difundiendo el líder alemán Thilo Sarrazin para referirse a los musulmanes.

Los extranjeros no son los responsables de la crisis europea, pero a falta de culpables, éstos siempre han servido como chivos expiatorios, llámense judíos, musulmanes, negros o asiáticos.

Pero a diferencia del Monsieur Meursault de Camus, que mató a un árabe sin arrepentimiento y terminó en prisión, el asesinato de la tolerancia puede llevar al Proyecto Europeo a un impredecible final.

 

 
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