EL PAIS ES UNA MAQUETA *

Alberto Barrera Tyszka

Alberto Barrera Tyszka
abarrera60@gmail.com

Relanzar es un verbo bolivariano. Ahí está la verdadera importancia de las erres.

– Refundan y relanzan todo cada vez que pueden. En el más clásico estilo del capitalismo salvaje

 

La memoria se ablanda con el agua

 

Quizás por eso, cada vez que cae un aguacero, las autoridades pretenden reinventarse. Actúan como si el pasado no existiera y organizan un nuevo relanzamiento. Es una eficaz operación publicitaria de ese departamento de marketing que es la Sala Situacional de Miraflores. El chavismo es especialista en reestrenos.

Así como nos referimos al gobierno anterior, también deberíamos comenzar a hablar de la lluvia anterior.

 

–Los damnificados que están en el estadio Pascual Navarrete ­podría decir seriamente el jefe del Comando de Operaciones­ pertenecen a la lluvia anterior.

 

No suena mal. Sirve incluso como categoría para establecer un cierto orden, algún tipo de prioridad. Puede ser útil a la hora de redistribuir las promesas. Imagínate, por ejemplo, al compañero de turno, en el próximo censo de la próxima misión casita feliz, organizando a la gente en varias colas: –En la fila de la izquierda van a ponerse los ciudadanos de la lluvia 2008.

 

Una paradoja mojada: para ser eterna, la revolución necesita renovarse, ser otra, oponerse a sí misma, fingir que no existe.

 

En la lluvia anterior, recuerdo al Presidente, rodeado de damnificados, en el Palacio de Miraflores, entrando a una oficina donde el ministro Farruco Sesto había logrado en tiempo récord levantar una maqueta del futuro. Era un diseño de cartón que mostraba un conjunto de edificios al borde de la avenida Bolívar, en Caracas. Era la nueva oferta de la temporada.

 

Farruco no pudo abrir la boca cuando ya el Presidente había tomado un marcador y cruzaba una línea gruesa de tinta por la mitad de la maqueta. Luego, usando un señalador de metal, Chávez comenzó a hablar, a cambiar, a prometer. Quitó pisos, ofreció fechas de entrega. Anunció sótanos en los futuros inmuebles, para que los posibles habitantes pudieran usarlos como pequeños negocios, cooperativas, empresas socialistas. “Como en Parque Central”, dijo alborozado. Luego salió con toda su clientela. La maqueta parecía un náufrago en mitad de la oficina.

 

En la lluvia anterior, el oficialismo aprovechó para otorgarle una nueva ley habilitante al Presidente. Torpedeó los resultados de las elecciones parlamentarias y comenzó a actuar como si el déficit de viviendas en el país fuera una novedad de lo más 2010. Relanzar es un verbo bolivariano. Ahí está la verdadera importancia de las erres. Refundan y relanzan todo cada vez que pueden. En el más clásico estilo del capitalismo salvaje: aquí tienen la cagarrutica de siempre pero vean qué bonito empaque, suena diferente, tiene otro aroma. Llévensela ya.

 

Como si fuera poco, ahora no sólo hay promesas de viviendas para los damnificados de todas las últimas lluvias anteriores. Ahora también hay viviendas para todos. Las declaraciones oficiales de estos días delatan bien lo que entiende el Gobierno por gerencia, su idea del verbo hacer.

 

Han desarrollado un inmensa y eficiente campaña publicitaria, con nuevos eslóganes, nuevos logos, nueva música, para promover el éxito de su fracaso en la gestión habitacional. No se entiende bien por qué están tan contentos.

 

Hablan y sonríen como si ya hubieran construido 10.000 viviendas. Pero lo cierto es que la única cifra que pueden mostrar es un número de gente en una cola. Organizan la demanda y dicen que la misión es un éxito. Su mayor logro sigue siendo la esperanza de los pobres.

 

Esta semana, invitado por la Cátedra Libre de la Lengua Rafael Cadenas de la ULA, estuve dando un taller a un grupo excelente de estudiantes de periodismo en la ciudad de Trujillo. Para llegar, tardé lo mismo que tardaría si viajara a México. Tuve que volar a Barquisimeto porque, desde hace meses, el aeropuerto de Valera está cerrado. Luego, transité durante tres horas por la mejor de las carreteras: una vía que es un festival de huecos y que, por lo menos en dos tramos, se reduce a un solo carril y regala experiencias de miedo. A medida que uno avanza, va creciendo la sensación de precariedad, de abandono, de aislamiento.

 

Como si Trujillo fuera una isla extraviada en la mitad de una cordillera.

 

Cuando faltaba poco para llegar a la ciudad, en una emisora de radio local escuché la propaganda de la Misión Vivienda. Era un absurdo descomunal. Ofrecen hacer miles de casas dignas y son incapaces de mantener el asfalto de una carretera. La lluvia anterior nos dejó este exceso de fantasía.

 

La propaganda oficial es una droga dura. No tenemos un Presidente sino un eterno candidato. En doce años, ha demostrado ser un experto en construir promesas. Pero el país sigue siendo una maqueta.

 

* Título original: LA MAQUETA

 
Top