ESA EXTRAÑA ENFERMEDAD

Victor Maldonado

Víctor Maldonado C.
victormaldonadoc@gmail.com

Esta extraña enfermedad que ahora sufre nuestra economía es la vieja tesis del comunismo

 

Suele ocurrir que es más fácil apreciar los síntomas que sus causas. Lo mismo pasa en la terapéutica que en la economía. En el caso del desastroso desempeño de los primeros avances del socialismo del siglo XXI, nadie puede dudar, ni siquiera el Gobierno, que los resultados son muy diferentes a los que en algún momento ofreció el grupo de iluminados que desde hace doce años dirige la suerte del país. Se ufanaban en decir que estaban empeñados en lograr la máxima felicidad social, esto es, un transcurrir afortunado por la vida sin dificultades, conflictos e inconvenientes.

Pero, lo que realmente han provocado es un derrumbe económico cuyos indicadores están a la vista en términos de inflación (220,7% en los últimos tres años y medio) e incapacidad para recuperar a la gente de los efectos de dos devaluaciones. Esto ha ocurrido al mismo tiempo que se han decidido cientos de expropiaciones inexplicables e improductivas, ocasionando que la mitad de la población se bandee entre el desempleo y la precariedad del sector informal de la economía, y para colmo de males, la infraestructura de activos y servicios públicos se tambalea amenazando quedar en condiciones casi irrecuperables. No cabe duda de que la economía venezolana, que reproduce tantos efectos perversos, tiene que estar enferma, pero ¿enferma de qué?

 

Algunos hacen verdaderos esfuerzos para construir una ecuación justificadora en el intento por demostrar que lo que sufrimos hoy no es diferente a otras oportunidades de crisis. Todos esos afanes parecen querer evadir la responsabilidad de entender, asumir y explicar que aquí y ahora los resultados del país están explicados por las extrañas condiciones macro-políticas que han sido impuestas a los venezolanos, y que encuentran su mejor referencia en el Plan Económico y Social Simón Bolívar 2007-2013 y en el Libro Rojo del PSUV.

En Venezuela el problema es sustancialmente político. El Gobierno adelanta un programa de transición hacia el comunismo pleno que tiene como requisito la destrucción de la economía productiva, la libre empresa y la sociedad abierta. ¿No es la inflación un indicador de la decadencia de la productividad? ¿No es el sector informal, sobre cualquier otra consideración, una apuesta a la pobreza y un acicate al sometimiento? ¿No son las expropiaciones un simple requisito para la devastación? ¿De qué otra manera puede entenderse un modelo productivo que no cree en la división social del trabajo, pretende la abolición de las estructuras jerárquicas -todas, menos las que confieren los títulos de Comandante Presidente-, y apuesta a la ruptura entre producción y satisfacción de las necesidades? ¿Cuáles pueden ser los resultados de una propuesta que se empeña en la rebatiña populista, el saqueo del futuro y el control de la vida de los otros sobre la base del hambre y el racionamiento? Los efectos no pueden ser otros que los que estamos viendo: una economía que no funciona porque están abatiéndola sistemáticamente, y una sociedad que aspira a construir un país moderno, pero que se ve acosada, perseguida e impedida continuamente de aportar a la prosperidad del país.

La enfermedad, aunque tenga los mismos síntomas que otras veces, tiene en esta oportunidad un cariz inédito. El alto costo de la vida o el desempleo no son efectos perversos o no buscados, sino costos calculados para dar el gran salto. No son tanto dolencias como indicadores de que el proceso de destrucción va bien, dentro de los cánones previstos, y que, por lo tanto, nada ni nadie detiene el avance hacia “nuevas formas de generación, apropiación y distribución de los excedentes económicos” que están previstos en el plan. Incluso, es más que eso: ellos se han impuesto el objetivo de superar la democracia liberal y el capitalismo para construir el poder popular, y así mismo lo plantean como uno de los objetivos estratégicos de la Revolución Bolivariana (Libro Rojo del PSUV, 2010).

 

El proceso exige en esta etapa un alto grado de lo que ellos llaman conciencia revolucionaria, que para el resto es todo lo contrario. Esa irreflexión exigida por el régimen a sus seguidores no puede arrastrarnos a nosotros a la lenidad argumental. Esta extraña enfermedad que ahora sufre nuestra economía es la vieja tesis del comunismo recitada de memoria por quienes no tienen ni el talante, ni el interés, de pasearse por la historia para apreciar cuánta infelicidad y oportunidades perdidas han provocado los que antes pensaron lo mismo.

 

 

Twitter: @vjmc

 
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