JUAN MANUEL SANTOS Y “SU NUEVO MEJOR AMIGO”

Fernando Ochoa Antich

Fernando Ochoa Antich
fochoaantich@hotmail.com

 

El titular, Hugo Chávez y las FARC, dio la vuelta al mundo. Un acucioso análisis de las computadoras de Raúl Reyes realizado por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, un reconocido centro de pensamiento británico, bajo la dirección del doctor James Lockhart Smith, será publicado en un libro titulado: “Los archivos secretos de Venezuela, Ecuador y Raúl Reyes”. Las conclusiones del estudio son realmente impactantes: la indiscutible veracidad de dichos archivos; la certeza de que el apoyo de Hugo Chávez a las FARC fue una política de Estado desde su ascenso al poder; y lo más grave, las evidencias que señalan la colaboración de las FARC con los organismos de inteligencia del gobierno bolivariano para realizar actos de terrorismo dentro de Venezuela.

 

En verdad, estos graves señalamientos no han provocado ninguna sorpresa en la opinión pública venezolana y colombiana. Desde que se inició el escándalo de las computadoras de Raúl Reyes, nadie dudó de la veracidad de lo afirmado por el gobierno de Álvaro Uribe. Todos conocíamos que Venezuela había dado, durante más de diez años, apoyo logístico, político, territorial, migratorio y financiero a las FARC. También era público que la guerrilla, a cambio, había entrenado adeptos al régimen para que pudieran defender la revolución bolivariana, en caso de un golpe de Estado. Era imposible no tener presente la figura de Hugo Chávez, uniformado de campaña en un teatro de operaciones, reconociendo la beligerancia de las FARC.

En estos días leí un artículo titulado: “Santos: la jugada maestra” en el cual su autor el señor Alexander Cambero consideraba que Hugo Chávez había tenido que entregar al guerrillero Joaquín Pérez Becerra por la presión generada desde Bogotá como consecuencia de la detención del narcotraficante venezolano Walid Makled. Sus conclusiones fueron interesantes, pero a mi criterio totalmente equivocadas. Imaginarse que Hugo Chávez entregó al personaje de marras por la habilidad negociadora de Santos es sencillamente no conocer a profundidad los objetivos estratégicos de la revolución bolivariana.

 

Estoy convencido, que a los colombianos les está ocurriendo exactamente lo mismo que nos pasó a los venezolanos cuando no valoramos suficientemente la habilidad política y la capacidad de felón de Hugo Chávez. Es conveniente alertarlos. Ya lo dije en un artículo anterior: confundir los intereses tácticos de Colombia con los estratégicos es un peligroso error para el destino de la América Latina. Imaginarse, que el pago de una deuda empresarial o lograr el respaldo para combatir a las FARC son los problemas existentes entre Colombia y Venezuela es no entender la gravedad de lo que significa la existencia en nuestro país de un proceso revolucionario con ambiciones expansionistas y hegemónicas. No estoy exagerando.

 

Los que están batiendo palmas, pensando que la entrega de Joaquín Pérez Becerra es una derrota de la revolución bolivariana, deseo recordarles que, hace casi dos años, Hugo Chávez le pidió a las FARC desmovilizarse y buscar el camino electoral como la vía posible para alcanzar el poder. No lo quisieron hacer. Son muchos los intereses en juego para entender sus razones. Lo que sí hay que saber es que, desde hace varios años, los sectores de la izquierda marxista mundial, han visto el proceso revolucionario bolivariano con particular interés e intervienen activamente en su dirección. Esos sectores entendieron hace años que la vía armada era un camino equivocado que había comprometido en la década de los sesenta a la revolución en la América Latina.

 

La vía electoral les ha dado importantes triunfos: Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. El destino del Perú es todavía una interrogante, pero en estos años estuvo en riesgo hasta México. El problema más delicado que tiene que enfrentar esa izquierda es la elección venezolana. Las encuestas muestran que Hugo Chávez tiene posibilidades ciertas de perder. El régimen se ha venido preparando para enfrentar esta situación, no sólo a través del ventajismo electoral, sino mediante un posible desconocimiento del resultado. Esa acción requiere de cierto respaldo internacional. De allí que sea necesario dejar a un lado cualquier vinculación con grupos terroristas. Ojalá el presidente Santos entienda esta realidad y deje de creer que Hugo Chávez es “su nuevo mejor amigo”…

 
Top