La Misión Vivienda tiene peso electoral

Leopoldo Puchi

 

Leopoldo Puchi
elepuchi@gmail.com

Flash ROJO

Cada vez que al Gobierno le va mal, o pierde unas elecciones, toma el rosario y comienza a jurar que va a cambiar, que no va a cometer los mismos errores; es el momento de las 3R al cuadrado y a la décima potencia. Pero al poco tiempo se olvidan de las rectificaciones y vuelven las malas conductas, como el sectarismo. Es lo que está ocurriendo en muchas partes con la Misión Vivienda. Le insinúan a la gente, o se lo dicen abiertamente, que sólo tendrán casas los que se cuadren con el PSUV. Clientelismo de viejo cuño.

a Misión Vivienda puede ser la oportunidad para que el gobierno muestre capacidad de gestión, en lo que ha fallado hasta ahora.

Si lo que se quiere es vigilar los precios para que los comerciantes no abusen, hay que trabajar a diario en una mesa con los representantes del empresariado. Las decisiones no pueden ser por decreto, por arriba, sino conversadas, estudiando los costos. Así como nadie puede tener ganancias exorbitantes tampoco nadie puede vender a pérdida. Hay que castigar a los especuladores, pero lo más efectivo es conversar y crear parámetros claros. Si no, continuará el desabastecimiento en bodegas y supermercados.

Puede que Lorent Saleh, el joven que fue golpeado por la policía de Barinas, pertenezca a uno se esos grupos de las “revoluciones de colores”,  que utilizan la técnica de provocar para que les den. Pero esto, ni nada, puede justificar una paliza. Una cosa es someter por la fuerza a un individuo y otra golpearlo a mansalva, sea la policía de Barinas o la de Chacao. La Defensoría del Pueblo no tiene por qué alcahuetear estas conductas.

Flash NEGRO

La candidatura de Diego Arria es como para decir “éramos muchos y parió la abuela”. Ciertamente, la oposición es plural y la integran diferentes corrientes, por lo que pudiera resultar natural la existencia de numerosos competidores. Sin embargo, hay mucha gente que no entiende bien qué pasa, porque la ausencia de una definición unitaria rápida es percibida como incongruente con el planteamiento de que Venezuela vive bajo un gobierno totalitario. De allí el desconcierto. Así que, o se reduce la “candidaturitis” o se le baja el tono al discurso de la “amenaza comunista”.

Una docena de sacerdotes musulmanes ha muerto, como consecuencia de los bombardeos de la Otan en Trípoli. La liquidación de civiles es el pan de cada día, como parte de la demolición de edificios que hacen los aviones del Reino Unido, Francia y Estados Unidos. El Papa Benedicto XVI ha llamado a negociaciones  para procurar la paz. Pero la ONU sigue cruzada de brazos, en lugar de decidir una prohibición de vuelos para proteger a la población civil.

A diferencia de la Misión Vivienda, que ha sido  cañoneada por la oposición, la ley sobre los afrodescendientes fue aprobada por unanimidad en primera discusión en la Asamblea. Los partidos de la MUD han actuado correctamente y con inteligencia. Sin embargo, la otra pata de la oposición, es decir los medios de comunicación, le ha caído encima, con burlas y chistes, como frecuentemente hacen con todo lo que tenga connotación social.

 

DESDE LA SALA SITUACIONAL

El peso político de la Misión Vivienda

En la actualidad el debate político está girando en torno a dos temas: el plan de viviendas del gobierno nacional y la selección del candidato de la MUD. Del desempeño, comportamientos y actitudes que frente a ellos se tenga va a depender  el futuro de la oposición y sus oportunidades electorales.

Burocracia e ineficiencia

Para el gobierno, la Misión Vivienda puede ser la oportunidad no sólo para ejecutar un programa de profundo calado social, sino también para mostrar una capacidad de gestión que le ha fallado hasta ahora, extraviada en la burocracia y la ineficiencia de los funcionarios. Si se pasa de la palabra a los hechos el efecto puede notarse aun antes de una entrega masiva de viviendas, por el efecto locomotora sobre el empleo y las actividades colaterales.

Peso electoral

Siendo la construcción de viviendas un programa que toca un aspecto muy sensible de las demandas sociales, la conducta que la oposición sostenga frente a ese programa va a influir en la inclinación electoral de amplios sectores, pues servirá como barómetro de intenciones y como termómetro de la sensibilidad social que tendría un potencial gobierno de la oposición.

La actitud negativa

Por esto resulta equivocada la actitud negativa que se ha asumido frente a la Misión al colocar por delante los peros y objeciones, lo que siembra dudas sobre el compromiso opositor con los programas de redistribución del ingreso, sobre todo cuando éstos son calificados por algunos sectores (el empresarial y los círculos neoliberales) como subsidios innecesarios y contrarios a una “sana” dinámica económica.

¿Reincidencia?

Fallas, corrupción e innumerables defectos ha habido en todas las misiones. Pero está claro que la actitud inicial de la oposición de cuestionamiento global a programas como la Misión Robinson o de Barrio Adentro, fue percibida como algo negativo. Ese comportamiento fue corregido con el tiempo, e incluso hoy la MUD plantea que las misiones se conviertan en programas institucionalizados del Estado. Por lo que resulta insólito que a estas alturas se vuelvan a cometer los mismos errores.

 

 

 
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