Los semidioses y el Hubris

La Pequeña Política

Espantapájaros
Avizor.uno@gmail.com

“Lo que por estar yo siempre en el mismo sitio, no veo y otros ven, lo trato de compensar pensando en lo que otros, por andar de rama en rama, quizás no alcanzan a advertir.”

Escrito para gente inteligente

De que se pega se pega

Mientras a Lula (y a Brasil) cada día se le complican más las cosas en Perú, y mi querido Águila Uno, ya no puede con el insomnio que le produce pensar que pueda ser culpado de la derrota de Humala, que poco a poco va cayendo ante el avance que yo mismo le ordené a la pajarraca Keiko, por aquí también hay unos cuantos que también andan fuera del perol.

Pero hoy, vamos a analizar también a uno que otro opositor. Por ejemplo, me cuentan que el Pajarraquito Mirandón anda desaforado, tan jovencito y salió arrogante. Al menos es lo que me cuenta un campesino que se fue a San Cristóbal, y allí se topó con una pajarraca de las buenas, y para colmo de su partido. La reunión duró menos de diez minutos. El Pajarraco  Mirandón, que ya como que se cree Pico de Mirándola, aquel joven renacentista que asombró a la humanidad, ni siquiera se quedó miraaandola, que bien se lo merece porque además es bella. Te limitaste, Pajarraquito, a mostrarle unas encuestas y más o menos le dijiste, o te montas en el vagón o te quedas afuera. Me dicen que te respondió: ¡Yo te aviso, chirulí!

Pensándolo bien, como que se te pegó eso que los griegos llamaban el Hubris, igualito que al pajarraco Carmona, sólo que este último siempre fue un caballero y no dejó que la arrogancia trasluciera.

¿Sabes quién tiene también el Hubris a millón, Pajarraquito Mirandón? El pajarraco Nobel. Tanto, que después de decir que Perú tendría que escoger entre el Sida y el Cáncer, algo bien desconsiderado para ambos candidatos, escogió el cáncer, o sea a Humala, atribuyéndole a Keiko, presumo que genéticamente, los errores de su padre. Qué vergüenza, Pajarraco Nobel, y pensar que la única razón, la razón verdadera, lo único que te carcome, es la pela que el papá de Keiko te dio cuando fuiste candidato. Dios mío, quédate tranquilo, Pajarraco Nobel, eres grande como escritor, pero con estas necedades, te vas a  estrellar.

Y Uds. mis queridos pajarracos y pajaritas queridas, tengan mucho cuidado con esa enfermedad que llaman Hubris, es tan grave, y puede traerle a quien se contagia consecuencias tan terribles, que cuando el Imperio Romano, al regresar a Roma un general victorioso, se le rendían todos los tributos posibles, pero le asignaban un esclavo, cuya única función era repetirle en voz baja, cada vez que recibía un reconocimiento o era elogiado, repetirle una sola frase: Recuerda que eres mortal. Claro, dicho en latín. Imagínense el latigazo que recibía el semidiós victorioso, cada vez que con un solemne latinazo le recordaban que era mortal. O sea -le mandaba a decir el Emperador- si te equivocas estás listo.

­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­Fidel en Sabaneta

¿Y saben cuál es el mosquito vector del Hubris, el que transmite hoy en día la enfermedad? El micrófono, sí amigos, el micrófono y los triangulitos de las televisoras. Apenas a un personaje le ponen ese guilindrajo de micrófonos por todos lados, se siente Todopoderoso, y es allí cuando comienza a precipitarse hasta que lo pierde todo. Claro, al Pajarraco Nobel, los dólares no se los van a quitar, pero qué hace un hombre de su estatura literaria metido en pleitos chiquitos, que no sea buscar a que le digan pavoso, si como parece ya inevitable, es Keiko la triunfadora.

Por cierto, Águila Uno, eso del Hubris te pasó a ti, y no se te ha pasado. Y por eso es que estás al borde del precipicio. El Cóndor, que si no fuera así no sería Cóndor, porque recuerden que el Cóndor es ave de carroña, sólo que contrario al zamuro, no baila cuando está comiendo. Pues bien, el Cóndor te elevó a la estratósfera y después cogió los mangos bajitos. Me explico.

¿Recuerdas cuando te dijo, Águila Uno, que hicieras una autopista bien ancha frente a la casita modesta donde naciste? ¿Recuerdas que cuando tú le preguntaste para qué, te respondió aquello de que en unos años no cabría la gente porque peregrinos del mundo entero vendrían a conocer el sitio donde Hugo Chávez nació? ¿Lo recuerdas? ¡Ah bueno! Pues bien, a partir de ese momento, te sentiste un líder mundial, y más y más petróleo le mandaste a Cuba; y más y más poder (en Venezuela) le diste al Cóndor para que cuidaran tu preciosa vida, y hasta para que dieran órdenes en la FAN.

Total  que ahora se retiró, por viejo claro, el calendario no perdona, pero te dejó al borde del precipicio, enredado en todo lo que él te propuso, y convertido en objetivo militar, ¿será militar? No, por allá no cometen esa ridiculez de convertir a todo el que se opone en objetivo militar, sólo lo hicieron con Osama bin Laden. Pero de que te consideran como enemigo de cuidado es así, y todo por haberle creído al Cóndor, con eso de que media humanidad vendría algún día a conocer tu modesta casita barinesa. Y era mentira.

El Hubris es una enfermedad muy común, Águila Uno, sobre todo entre gente que ha llegado al poder. Es como una droga. De pronto piensan que son semidioses, que todo lo pueden alcanzar. Y en esa sobreestimación se oculta el germen de su destrucción.

No creo que tengas remedio, Águila Uno, demasiada agua ha pasado bajo el puente, pero inténtalo, por favor, búscate a alguien bien discreto, como aquel al que le decías, Negro, (ahora le tendrás que decir Afro), tráeme otro cafecito, y le pides que te repita calladito para que nadie se entere, cada vez que te vitorean, Memento mori, Memento mori. Recuerda que eres mortal.

Lecturas en el descampado

Te copio algo que lo describe para que te des cuenta, Águila Uno, de que mentira no digo. Tú y el pajarraco Nobel, sufren de Hubris del macho.

“Memento mori es una frase en latín que significa: “Recuerda que eres mortal (y no un Dios)”. La expresión era utilizada en la Roma antigua. Cuando un general desfilaba victorioso por las calles de Roma, existía la costumbre de que un esclavo sostuviera por encima de su cabeza la corona de laureles (que representaba el triunfo y la victoria), susurrándole al oído, en medio de las aclamaciones de la multitud, la sabia frase para recordarle las limitaciones de la naturaleza humana.

Los romanos, conocedores de lo que el poder y la victoria pueden hacer con la naturaleza humana, idearon este sistema para evitar que quienes los detentaban enloquecieran.

Pocas drogas causan tanta adicción y generan tantos cambios en la personalidad como el poder y el éxito. Por efímeros que sean. El tener los reflectores encima, de manera casi instantánea, provoca la creencia (errónea, por supuesto) de que nos hemos transformado en semidioses, que el mundo no nos merece y que podemos hacer o decir lo que sea. ¡Locura total! …

Estos aires de grandeza no llevan a nada bueno. Bajo los efectos de esta potente droga, hemos visto a lo largo de la historia a un sin fin de grandes personajes cometer atrocidades, abusos, realizar declaraciones absurdas y actos que rayan en la locura o plena estupidez”.

 
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