¿2 millones de viviendas?

Carlos Genatios

Carlos Genatios

Más de la mitad de la población vive en viviendas autoconstruidas que carecen de las más mínimas condiciones de seguridad ante sismos, lo que indica que se requieren unos 3 millones de viviendas.

 

Se estima que el déficit actual de viviendas en Venezuela es 2 millones. Es una cifra discutible. Si se acepta como hipótesis que 5 personas ocupan una vivienda, 10 millones de personas carecerían de hogar, es decir, o viven arrimadas, o están en la calle. Eso no es cierto. Pero por otro lado, más de la mitad de la población vive en viviendas autoconstruidas, que carecen de las más mínimas condiciones de seguridad ante sismos, lo que indica que se requieren unos 3 millones de viviendas.

Además, la demanda de viviendas para los sectores populares crece en 100.000 viviendas/año. El gobierno ha construido 284.328 en 12 años (El Universal p.1 15/2/11); al dejar de construir 915.672 en 12 años, la gente improvisó soluciones pobres e inseguras.

Así es la problemática de la vivienda: un problema nacional. Salta a la vista que el problema es la pobreza, y la vivienda una consecuencia. Los pobres construyen ranchos porque no tienen dinero para un apartamento, aunque en no pocos casos el rancho es más costoso, pero ellos no lo saben.

Muchos construyen ranchos porque no tienen empleos estables, y dada la inestabilidad de la economía nacional, y de los ingresos familiares, por la inflación y la caída del poder adquisitivo (que en fin de cuentas se pierde cada día), son muy débiles para asumir créditos planificados.

También construyen ranchos porque no saben que ésa no es una solución habitacional, sino más bien la prolongación de la agonía de la vida en el barrio sin servicios y entre malandros y droga, además de sentir que ese mundo de la ciudad formal les es inaccesible. Ese mundo de la precariedad reproduce la precariedad.

El gobierno ofrece ahora 2.000.000 de viviendas en 7 años, unas 285.000 anuales, cuando sólo ha construido 23.700 por año. Doce años de fracasos y promesas que ahora quiere borrar con un certificado sin sustento material. Nunca se sabrá cuántas construirá, así como no se sabe cuántos barriles de petróleo se producen, ni cuántas personas son asesinadas cada fin de semana, ni cuál es el verdadero valor del dólar.

Pero lo peor no está allí. Además de la ilusión al pobre, el gobierno contrata esas construcciones con empresas extranjeras de Rusia, Turquía, Irán, Bielorrusia, Brasil, Uruguay. Cada vivienda comprada afuera genera riqueza afuera, saca el petróleo de nuestra economía y reproduce las condiciones de pobreza que están al origen del problema de la vivienda.

 

Cada dólar que sale deja de fortalecer empresas nacionales, de crear empleos estables, de graduar ingenieros y arquitectos que pueden resolver el problema de la vivienda, de generar demanda y oferta de conocimiento especializado. De esa manera destruye el sector productivo nacional y reproduce la pobreza.

Con ese plan, el gobierno entrega la soberanía, además de nuestro petróleo, y el de nuestros hijos, en vez de utilizarlo para desarrollar el país mientras se atiende a los más pobres. Sólo para hacer campaña electoral para que el Presidente de la República, un venezolano más de los casi 30 millones que somos, se mantenga en el poder.

 


 
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