Complot en las sábanas del Sofitel

Karl Krispin

Karl Krispin
kkrispin@hotmail.com

 

La Place des Vosges es uno de los monumentos urbanos de mayor belleza en la Ciudad Luz. Enclavada en el Marais, es la más antigua de París y fue edificada en el siglo XVII por Enrique IV. Fue domicilio real y Victor Hugo ocupó uno de sus apartamentos. Allí tiene su residencia Dominique Strauss-Kahn, jefe del FMI y hoy tras las rejas por una acusación de asalto sexual a una mucama del Sofitel de Nueva York.

Dominique Strauss-Kahn

Strauss antes de su encierro venía siendo atacado por el entorno de Sarkozy. Aparecía bien posicionado en las encuestas para arrebatarle la Presidencia. Antes del apresamiento, los dardos se disparaban sobre el aspirante por su gusto por la riqueza, sus propiedades, los Picassos colgados en sus paredes, los trajes confeccionados por el mismo sastre de Obama y hasta su preferencia por adquirir la exclusiva marca de calcetines que compra el bien trajeado Benedicto XVI. Un socialista no puede consentir el lujo, “sería el presidente de los ricos”, incurre en gastos desmedidos y está casado con mujer pudiente, publicaban en la prensa amiga los sabuesos del Palacio del Eliseo. El Partido Socialista francés había alertado sobre la campaña de descrédito dirigida contra su popular candidato.

Strauss-Kahn había reconocido ante la prensa que sí le gustan mucho las mujeres.

La aprehensión ocurrió porque, supuestamente, Dominique le abrió la puerta del cuarto a la camarera, estaba desnudo, saltó sobre ella y ejerció algún tipo de abuso sexual. La empleada pudo zafarse de él y escapó de la habitación. Strauss se vistió, se perfumó y salió muy tranquilo al aeropuerto a tomar el avión de Air France rumbo a París. Los fiscales acusadores preparan su pliego incriminatorio y anuncian una posible condena de 74 años.

57% de los franceses cree que se trata de un complot. Inmediatamente y con mucha oportunidad, una periodista declaró que el político la hostigó en una entrevista, que ella había consentido en tomarle la mano y el sátiro había tratado de revolcarla. Si alguien sabe sacar cuentas es el director jefe del FMI. Si asaltó o no a la mucama, será la justicia la que lo determine. Pero parece muy sospechoso que Strauss-Kahn, ante el futuro rutilante que lo esperaba, hubiese resuelto echar todo por la borda y someterse al escarnio público. Ha negado la veracidad de la acusación. De la empleada se sabe poco: que es musulmana y pobre, cosa que la perfila como la perfecta víctima. La foto de la presencia del funcionario en el hotel fue puesta para que los empleados supieran que se trataba de un VIP. Me pregunto si lo denunció de inmediato porque resulta descabellado pensar cómo se le dio tiempo a Strauss de llegar al aeropuerto.

En Estados Unidos una mirada subida de tono puede ser motivo para acusar un sexual harrasment . Decirle a una secretaria que vino guapa al trabajo o saludar un profesor con mucha simpatía a su alumna disparan las alarmas del puritanismo para truncarle la carrera a cualquiera. El problema de estos delitos es que enfrentan dos versiones y el débil siempre tiene las de ganar.

Con sentido de la hora, el padre del Presidente de Francia ha dicho que Carla Bruni está embarazada. Sarkozy pronto representará su rol de padre ejemplar. En la otra esquina hay un violador compulsivo que no podrá presentarse a las elecciones. El escenario polariza a Marine Le Pen y a Sarkozy. Y el miedo al triunfo de la ultra hará que los temerosos votos del socialismo migren al Presidente como preservación de la especie política. ¿Hay o no complot? Saque usted sus propias conclusiones.

 

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