Pobre Negro

William Muskus R.
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@willimusk

 

“Guaruras y carrizos del aborigen vencido se alejaron gimientes hacia las internadas selvas profundas, y por la ruta de los ciclones, en las sentinas de los barcos negreros, vino el tambor africano. Tam, tam, tam…

 

“Tambor de San Juan, tambor de San Pedro, tambor de la Virgen de la Coromoto… Allá se quedaron las divinidades bárbaras, pero el alma pagana aquí también celebra con danzas sensuales las vísperas santificadas. Y es un grito del África enigmática el que estremece las noches de América: ¡Airó! ¡Airó!

 

“Por las minas de Buria y de Aroa, donde el negro abrió el socavón; por Barlovento y la costa de Maya, donde el negro sembró el cacao; por los valles de Aragua y del Tuy, donde el negro plantó la caña, bajo el látigo de los capataces. Tam, tam, tam….

 

“Resuenan los parches del curveta y del mina. Y el alma negra vuelca en el grito sensual que le arranca la música bárbara, la entonación lamentosa que enturbia la alegría de las razas humilladas”.

 

Así comienza Don Rómulo Gallegos su novela: “Pobre Negro” transmitiéndonos las costumbres, tradiciones y sufrimientos de los esclavos provenientes del África. Para nadie son desconocidos los abusos cometidos por los conquistadores, pero eso ocurrió… hace más de 200 años.

 

Luego vino la abolición de la esclavitud, que junto a las mezclas de las razas blanca, negra e india, nos convirtieron en un país multiétnico, de gente alegre, sin resentimientos, hasta la llegada de este proceso encabezado por resentidos que pretenden avivar heridas olvidadas y revivir complejos raciales que no existen sin otro objetivo que el de dividir a los venezolanos, para atornillarse en el poder.

 

Ahora pretenden con una ridícula ley cambiar la idiosincrasia del venezolano, eliminando expresiones normales entre nosotros, dándoles un significado ofensivo, pero sólo para desviar la atención sobre el verdadero problema del pueblo, que es estar gobernados por ineptos.

 

En Tucacas tendremos que empezar a hablar por señas o nos tendrán que meter preso a todos. Por ejemplo: desde que me levanto, comienzo a ser un delincuente para estos resentidos, ya que lo primero que hago en las mañanas es esperar que llegue mi compadre “el mono” para organizar los trabajos del día, luego salgo hacia el pueblo donde tengo que llevar frecuentemente cauchos a reparar.

 

En la cauchera lo primero que hago es decir: ¡Epa negro! buenos días, ahí te dejo ese caucho mientras voy a comer empanadas donde la negra. Luego me acuerdo que tengo que ir al taller del “Burro” (no me pregunten porque le dicen así) y de ahí voy a casa de “El Pulpo” a ver si tiene un quesito holandés, y como está cerca de la plaza, aprovecho de pasar y saludar a “Ñeco Cohen”.

 

Estando en la plaza aprovecho de entrar a la alcaldía y saludar al alcalde “El Capo” quien conversa junto a los ilustres concejales: “Guaripete, Polla Boba y Chico Capita”, casualmente en ese momento se acercan el “Guache y Caboito” quienes entablan amena conversación. Yo me voy… para pasar por donde “Morrocoy” (el herrero), a ver si me terminó una puerta, y sigo a buscar el caucho, donde por cierto me consigo con “El Perro de la Quinta”, quien está reparando un caucho también.

 

En la tarde voy a los muelles y converso con los amigos, entre ellos: “Coco”, el negro blanco, no por que se haya desteñido como Michael Jackson, sino porque tiene el pelo blanquito y hacen buen contraste, ahí conversamos sobre personajes de este pueblo, como “Coro-Coro, Tontín, Chu Andrade, El Bagre, Condorito, Monche el Gato, Chabela”, y pare ud, de contar.

 

Por cierto en una de esas tertulias me cuenta uno de los lancheros, que ha visto en varias oportunidades a un señor en un yate blanco muy lujoso, “disque” es un señor de color que le dicen Aristóbulo, el cual acostumbra posar en la proa con unas tangas negras, y me dice el lanchero que cada vez que lo ve, y cierra los ojos lo primero que le viene en mente es la película de Tarzán. ¡Cosas de mi gente!

 

En fin, Venezuela es un cuero seco, que lo aplastan por un lado y se levanta por otro. Por eso, señores resentidos, olvídense que jamás nos quitarán nuestra alegría e idiosincrasia. Más temprano que tarde esta pesadilla terminará.

 


Versión editada

 
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