QUERER O PODER

Américo Martin

 

 


Cuando los venezolanos defendemos la descentralización y la autonomía estamos luchando por ampliar el espacio de la democracia. Cuando el poder quiere ser ilimitado atribuyéndose la misión de civilizar está tratando de cerrar el círculo. ¿Quién ganará?

Américo Martín
@AmericoMartin

amermart@yahoo.com

He escrito mucho sobre el totalitarismo, pero diré algunas palabras adicionales para relacionarlo con las elecciones presidenciales de 2012, a propósito de las cuales y por primera vez la disidencia democrática unida someterá su escogencia de abanderados a las aguas termales de las Primarias, con registro electoral abierto. El pueblo elegirá los representantes opositores; en tanto que Chávez eligió a Chávez, discutiéndolo con Chávez.

La democracia suele ser justificada con un argumento pesimista, fruto de un ligero comentario humorístico del gran estadista inglés Winston Churchill. “Es el peor de los sistemas –dijo aquel gran hombre- si exceptuamos todos los demás”.

Citando a Hanna Arendt, Claude Lefort no está conforme. Se distancia de la popular teoría de Churchill diciendo que no deberíamos pensar en la democracia como la forma menos imperfecta de la política, sino como un espacio verdaderamente público, producto de la solidaridad y no del vacío entre los hombres.  La teoría de los espacios me ha parecido siempre la que permite entender mejor el antagonismo  totalitarismo-democracia. Aquel es un poder ilimitado que se expande constantemente, y ésta es “lo humano” que resiste en cada pulgada de terreno, y trata de hacerlo retroceder.

Los dos grandes rivales no nacen armados y completos; son procesos que se van desarrollando en una lucha permanente. Si la democracia se pone en movimiento puede avanzar; si el totalitarismo lo hace puede resistir la presión. Cuando los venezolanos defendemos la descentralización y la autonomía en el más amplio sentido, estamos luchando por ampliar el espacio de la democracia. Cuando el poder quiere ser ilimitado atribuyéndose la misión de civilizar o socializar a la fuerza a los demás, en un ambiente de constante ilegalidad y de absorción de toda la sociedad por el Estado, está tratando de cerrar el círculo, cosa impensable si no aplasta todas las diversidades y disidencias.

El totalitarismo (o los modelos que se proponen serlo) borra la memoria histórica. Sus líderes se asumen “refundadores”. La patria nació con ellos; antes sólo había un borroso caos bíblico. La democracia en cambio rescata la verdad histórica, es la memoria que quiere salvarse contra el olvido impuesto a la brava.

Pongamos  estos conceptos en clave electoral. Lo primero es no caer en el falso dilema de escoger entre las elecciones y la lucha social. Debido al legítimo hervidero que en este momento estremece a nuestro país, muchos dirán que lo más importante es apoyar a los trabajadores de Guayana masacrados por la Muralla Roja, o ayudar a los damnificados eternos, a los vecinos atormentados por la delincuencia, o a universitarios y educadores en defensa de la educación libre, o a sindicatos en lucha. ¡Pero el piano hay que tocarlo con los diez dedos! Ninguna lucha sobra, toda es decisiva en su propio ámbito.

Si he comenzado definiendo el totalitarismo y la democracia como confrontación por los espacios, se cae de maduro que no debe dejarse ninguno desocupado porque –al igual que los vacíos atmosféricos- la política no los tolera: si los abandonas, el otro los ocupa.

Esta lucha legal, pacífica, diaria, permite graduar las fortalezas y debilidades de las fuerzas enfrentadas. De allí que no tenga el menor sentido la pregunta que a cada momento nos hacen: ¿Crees que Chávez entregará el poder si es derrotado en 2012?

¡Por supuesto que no querrá hacerlo! Está tan enloquecido con el poder que no se imagina viviendo a la intemperie. Pero tampoco quería a los estudiantes y ha tenido que satisfacer sus demandas, así sea mordiéndose los labios. ¿Cuántas veces condenó a Globovisión, asedió a los diarios independientes y decretó la muerte de Polar, sólo para recoger velas y declararse en retirada?

A veces la resistencia civil y los preparativos electorales de la disidencia le quitan el sueño. Despierta tirando platos. Es esa la hora de los paramilitares moliendo manifestantes. Pero todos sabemos que la Muralla Roja retrocederá y los trabajadores de Guayana, los petroleros y de todas las ramas de actividad seguirán adelante, empuñando banderas.

El destino de esta lucha no depende de las decisiones presidenciales después de una noche de insomnio. Depende de la unidad, la constancia y la inteligencia. Es que el asunto, amigos míos, no es querer, es poder. Y si este hombre es vencido por siete millones de electores, no puedo imaginar de dónde lo va a sacar.

Humala ha pasado por las horcas caudinas de la democracia. Ha presentado cinco programas y hecho varios juramentos. En el plan original deprimía la educación privada. Ahora asume su defensa. Es una rectificación que suscita sospechas en algunos y esperanzas en otros.

Datum le da a Keiko 3 puntos adelante, lo que  no impide que la demonicen. Puesto que su padre está en la cárcel es salpicada sin que ella haya cometido hechos punibles. Delitos transmitidos por herencia.

No es la confrontación ideal; los candidatos viables, creyéndose cada uno el ungido, no supieron unirse. No obstante, tampoco hay que asumir que si gana Keiko, lo hará su padre, o si gana Humala, gobernará Chávez. Perú no es la agobiada Venezuela del huevo de la serpiente. Es el país de más impresionante crecimiento en América, con bajísima inflación y el ingreso per cápita más elevado. Un tren difícil de descarrilar. Varios piensan que Keiko o Humala, se unirán al “enemigo” porque no pueden con él.

 
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