EL COSTO DEL ANTIIMPERIALISMO


Orlando Ochoa Terán

 

Ni los cabilderos, ni los mercenarios gringos pudieron evitar las sanciones anunciadas esta semana. Así lo demuestra la interminable sucesión de incidentes que continúa esta semana con las sanciones a Pdvsa y Cavim, anunciadas por el Departamento de Estado.

 

Durante una década la política exterior bolivariana se centró en una  estridente y hostil confrontación con EE UU en todos los foros internacionales. No obstante, la reacción del gobierno bolivariano a las sanciones ha sido de sorpresa e indignación. ¿Qué esperaban de un autodeclarado enemigo?

 

Probablemente la más interesante iniciativa de la política exterior del gobierno bolivariano fue la de incorporar en su concepción lo que modernamente se conoce como “diplomacia pública”. La frase fue acuñada en 1965 por el diplomático Edmund Gullion, quien la diferenció de la desprestigiada noción de “propaganda” del régimen nazi de Hitler. El fundamento de “diplomacia pública” presupone la divulgación de información fáctica mientras que la “propaganda” implica un uso manipulativo de la verdad o de la mentira. En su esencia, la diplomacia pública está destinada a influir en la opinión pública de otros países, no en los gobiernos.

 

En este propósito el gobierno no se paró en mientes. Invirtió ingentes recursos en los cinco continentes, incluyendo al imperialismo yanqui en donde la “diplomacia pública”  bolivariana adquirió una pintoresca forma. Mientras el presidente Chávez insultaba al presidente de EE UU invertía millones de dólares en reputados agentes de influencia para que morigeraran las reacciones negativas en la clase política y la opinión pública.

 

La estrategia que se suponía debía seguir el gobierno bolivariano fue sintetizada por una de las más prominentes firmas de cabildeo de Washington, Patton Boggs. En un documento que circuló en la capital de EE UU en 2004 la firma recomendaba como una “imperiosa necesidad del Gobierno de Venezuela desvirtuar dos alegatos: 1) Venezuela no ha logrado cooperar con los esfuerzos de EE UU para interceptar el flujo de drogas y de narcoterroristas; 2) Venezuela ha apoyado o asistido a grupos designados como terroristas”.

 

Las buenas intenciones de la diplomacia pública se desplomaron. Haciendo caso omiso a estas dos simples recomendaciones se continuó despilfarrando centenares de millones de dólares en lobby y subvencionando la gasolina a 4 de los estados más ricos de EE UU. No contento con esto, se contrató un ejército de liberales e izquierdosos gringos de diferente pelambre para que divulgaran el evangelio de una revolución que amenazaba en todos los foros internacionales pulverizar el capitalismo.

 

El asedio

 

Ni los cabilderos, ni los mercenarios gringos pudieron evitar las sanciones anunciadas esta semana. De modo que las recomendaciones de Patton Boggs de desvirtuar los dos simples puntos, no sólo sigue vigente, sino que la opinión negativa han crecido como un monstro que amenaza con un total desprestigio a la revolución. Así lo demuestran la interminable sucesión de incidentes desde la muerte de Raúl Reyes, que continúa esta semana con las sanciones a Pdvsa y Cavim, anunciadas por el Departamento de Estado.

 

Las sanciones en realidad no tienen gran impacto práctico, son sólo el inicio de un proceso que no debería sorprender a un gobierno que se ha auto-declarado enemigo de EE UU y del capitalismo desde hace ya una década. Sobre las sanciones a Pdvsa, ya se habían adelantado especulaciones en virtud de los despachos de derivados de petróleo hacia Irán. Lo que llama la atención es la sanción impuesta a Cavim que inexplicablemente no fue motivada por el Departamento de Estado.

 

Por razones que tienen que ver con esta gaseosa obsesión antiimperialista, sobre la cual gira la política exterior bolivariana, algunas circunstancias adversas que se han añadido y probablemente una política agazapada de EE UU para aprovechar sus debilidades, el gobierno bolivariano se encuentra actualmente en una precaria situación internacional.

 

Con el nuevo gobierno de la derecha  que sobrevendrá en España, sólo le quedará en Europa la alianza con la aislada Bielorrusia. Si los precios petroleros no terminan de coger vuelo, las alianzas con Rusia y China, caracterizada por petrodólares que fluyen en una sola dirección se debilitarán en la misma medida. Los “hermanos” Gadafi de Libia, Bashar al-Assad de Siria y Ahmadinejad de Irán tienen tantos problemas entre manos que es muy probable que no quieran saber de la Venezuela socialista por un tiempo, si es que sobreviven a los conflictos que padecen. En el Hemisferio Occidental sólo quedan como aliados duros, Correa de Ecuador, Ortega de Nicaragua y Morales de Bolivia, más acostumbrados a recibir que a dar u ofrecer ayuda.

 

Paradójicamente el aliado más leal parece ser Juan Manuel Santos. Pero si los antecedentes son un buen referente pudiera ser tan confiable como el clima o el tiempo de Bogotá. Si no, que le pregunten a Álvaro Uribe.

 

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