El Reto de la Anti-Política

JESÚS HERAS –

Mucho se ha criticado la antipolítica en Venezuela. Tanto, que aun se insiste en que el desgaste de los partidos tradicionales comenzó hace dos décadas, con el éxito de la telenovela Por estas calles, que retrataba crudamente la corrupción política y mostraba el desamparo en que se vivía en los barrios populares de Caracas. Son conclusiones, sin embargo, que no toman en cuenta ni los méritos de la obra, ni el hecho de que simultáneamente, el deterioro de los grandes partidos se producía también en otras latitudes.

En Europa, el caso contemporáneo más dramático fue el de Italia. Sus tres mayores partidos, la Democracia Cristiana, el Partido Socialista Italiano y el partido Comunista desaparecieron uno tras otro en un lapso de 5 años. En América Latina, los casos más llamativos ocurrieron en Perú, tras el triunfo de Fujimori en 1989, y en Colombia, luego del triunfo de Álvaro Uribe. Pero -como dice el refranero popular- nadie se muere en la víspera. Si esos partidos colapsaron fue por- que la nueva época los había dejado atrás.

El fenómeno venezolano tuvo quizás mayor re- percusión porque AD, el mayor de los partidos, habiendo promovido el “derrocamiento” constitucional de su único líder popular, Carlos Andrés Pérez, postuló para sucederlo precisamente a quien había urdido la patraña, un jefe partidista sin proyección popular alguna. O sea que el llamado “partido del pueblo” convirtió en aban- derado de su causa a una persona que represen- taba la antípoda de lo que decía representar. Entre tanto, el otro gran partido, Copei -triste es decirlo- confundía, en medio de su angus- tia existencial, la contienda electoral con un concurso de belleza. Esta comedia de errores condujo al tragicómico

descalabro de sus dos partidos históricos, generando un vacío en el que se agigantaron las candidaturas de Hugo Chávez Frías y Henrique Salas Römer, que encarnaban -hoy lo vemos con mayor claridad- proyectos de país que, si bien eran dia- metralmente contrapuestos, gozaban de amplísimo arraigo popular.

En el mundo árabe y ahora en Europa, la antipolítica ha tomado la calle. Y algunos han querido compararlo con los acontecimientos de los años ‘90. Pero existen importantes diferencias. En los ‘90 cayeron partidos, en el mundo árabe están cayendo gobiernos. Allá como acá influyó el tedio, el desencanto, el malestar social, pero hoy día, a quince años de distancia, inciden factores que entonces no existían. Sobre todo, un sustrato sicológico que se expresa en un anhelo de inclusión político-social comparable por analo- gía al acceso instantáneo que al sentarnos frente a una computadora, tenemos, por ejemplo, a Google, Wikipedia, Amazon o, en un plano personal, a cualquier amigo integrado a nuestra red.

Todo lo cual nos lleva a una gran interrogante. ¿Es la anti-política anatema de los partidos o, por el contrario, expresión de un descontento que aflora en contra de una forma de hacer política que no encaja con la nueva realidad?

Y yendo a lo inmediato. ¿Puede Hugo Chávez, retener el control de una sociedad moderna y empoderada? ¿Pueden los partidos de ayer, que en alguna medida son los mismos de hoy, responder a las apremiantes demandas de la modernidad?

Ud. tiene la respuesta.

 
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