España también se indigna

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos
eburgos@orange.fr

Los “indignados” que permanecen de vigilia en la plaza del Sol madrileña y la derrota del partido socialista PSOE en España, son interpretados como el fin de una era, pero el sistema sustitutivo todavía no se vislumbra. La ola de protestas que barrió a la izquierda, deja a la derecha expuesta a que también a ella le toque sufrir el rechazo.  Es cuando se asoma, amenazante, el fantasma del fascismo.

“El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar.  Nuestros soldados tienen que ser así: un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal”.  Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversión; hacerla total.  Hay  que impedirle tener un minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego fuera de sus cuarteles, y aun dentro de los mismos: atacarlo dondequiera que se encuentre; hacerlo sentirse una fiera acosada por cada lugar que transite.  Entonces su moral irá decayendo. Así se expresaba Ernesto Che Guevara en su Mensaje a la “Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América latina,” publicado en abril 1967.  Hace cuarenta y cuatro años, Ernesto “Che” Guevara esperaba levantar a las masas y llevarlas a la guerra total.

 

A la luz de las rebeliones no violentas que hemos visto surgir desde diciembre pasado en los países árabes, las palabras de Ernesto “Che” Guevara parecían provenir de muchos siglos atrás, cuando en Europa el oscurantismo hizo que poblaciones enteras se masacraran durante las guerras de religión.

 

Hoy quienes se rebelan lo hacen pacíficamente y las frías y eficaces máquinas de matar son los grupos represivos que defienden regímenes totalitarios, como sucedió en Túnez y en Egipto en donde los manifestantes pacíficos fueron masacrados por la policía cuando decidieron decir basta a los regímenes que los mantenían sometidos.

 

Ahora esa indignación ha ganado a España.  Muchos comparan el movimiento que estalló en la Puerta del Sol de Madrid a los que tuvieron lugar en Túnez y Egipto.  Sin embargo, pese a la inspiración indudable de esos movimientos en el de los Indignados españoles, hasta allí llega el parecido.  En España no ha habido orden de reprimirlos y desde el 15 de mayo permanecen ocupando la célebre plaza, centro neurálgico de Madrid.  Los  españoles no luchan contra una dictadura, sino que cuestionan las respuestas políticas que da el gobierno a la crisis económica.  Nada más ver  las consignas de los manifestantes, cuyas protestas se han extendido a toda España: “No somos antisistema. El sistema es antinosotros”. . . “Democracia real”. . . “No falta dinero, sobran los ladrones”.  Se trata de movimientos sin líderes, protagonizados por multitudes, que se manifiestan no sólo en las capitales, sino en ciudades del interior.  Es como si de repente el coro del gran teatro clásico se convirtiera en el personaje central de la trama.  Lo más significativo de las protestas es que expresan el fin de una época.  Ya no más líderes mesiánicos.  No más vanguardias leninistas que van a guiar al pueblo hacia su salvación.

 

El fin de una época quedó manifiesto con la debacle sufrida por PSOE, el partido que detenta el poder, el domingo pasado al celebrarse las elecciones regionales que coincidieron con los acampados de la Puerta del Sol y de otras regiones del país.  El PSOE perdió las alcaldías de ciudades en donde éste fue poder desde el advenimiento de la democracia hace más de treinta años.

 

El descalabro sufrido por el PSOE no se debe ver como una derrota electoral propia de un régimen democrático en donde la alternancia es un elemento primordial del modelo.

 

Así lo considera el catedrático de sociología, Ignacio Sotelo, en un interesante artículo publicado en el diario El País (25/05/11) en el cual vale la pena detenerse, por el significado que tiene para España el descalabro de uno de los grandes partidos que componen el sustento de la joven democracia española y por lo que sus palabras atañen también a una América Latina en donde sigue vigente el entusiasmo por emprender una vía que ya ha demostrado su ineficacia.  Según el autor, el PSOE no debería aferrarse a mantener los mismos contenidos programáticos de estructuras de poder: “crisis hundió la última versión de la socialdemocracia, la de la tercera vía que aceptó el neoliberalismo”.  Y agrega que la crisis que vivimos no es una más de la que algún día saldremos, sino “un cambio de época que obliga a una refundación completa del partido, desde programa y estrategia, hasta modo de organizarse democráticamente”.  Y más contundente aún, agrega que “El socialismo no tiene la menor posibilidad de sobrevivir, si no reconoce el fracaso de las tres versiones que ha puesto en marcha en el siglo XX.  El modelo estatal colectivista de la revolución bolchevique naufragó a más tarde en 1990, dejando tan solo una pesadilla en la que se combina la ineficiencia con el terror, pero 20 años antes ya había empezado a desmoronarse el modelo socialdemócrata keynesiano, que por la vía democrática aspiraba a lograr una sociedad en la que estuvieren garantizados la igualdad de oportunidades y un nivel de vida digno para todos.  La crisis actual ha hundido la última versión “débil” de la socialdemocracia, la tercera vía británica, que en un mundo globalizado había aceptado el neoliberalismo como última expresión de la racionalidad económica, con la pretensión ilusoria de poder frenar el desmantelamiento del Estado social”.

 

Pero además, el peligro para la democracia española no radica sólo en la desarticulación del PSOE, sino que la base social de los partidos, al sentirse frustrada, incomprendida, buscará otras formas de acción y de actuación, acarreando la desafección hacia todos los partidos.  Hoy la derecha triunfadora en España, no está garantizada de no terminar también por encontrarse en el mismo atolladero que PSOE hoy.  Es entonces cuando surgen los caudillos salvadores y el fantasma del fascismo planea de nuevo sobre la democracia.

 

Que los “indignados” griten y pidan justicia es una actitud muy loable.  Que reivindiquen el regreso a una ética que considere al ser humano por ser humano y no un simple objeto adiestrado para el consumo, también lo es.

 

Sin embargo comparar a los indignados españoles con los tunecino y egipcios que enfrentaban regímenes totalitarios, es incurrir en un error de análisis que puede acarrear graves consecuencias: sobre todo, si lo propios “indignados” cayeran en el juego de los mimetismos.

 
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