IL CAVALIERE

Manuel Felipe Sierra

FABULA COTIDIANA

MANUEL FELIPE SIERRA
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Silvio Berlusconi no podía escapar al huracán político y económico que estremece a Europa. En pleno juicio por “prostitución de mujeres” y cruzado por denuncias de tratos con la mafia,  “Il Cavaliere” seguía confiando en  su poder como jefe de la “videocracia” italiana. Su derrota en las elecciones municipales del lunes 30 en Milán (su feudo económico y político), dibujan un horizonte desalentador para su mandato. Si bien la consulta fue local, las circunstancias la convirtieron en un referéndum nacional. De allí que la victoria del candidato de izquierda Giuliano Pisapia sobre la candidata de la centroderecha Letizia Moratti no sea un hecho aislado. Ahora se plantea la posibilidad de que las elecciones generales se adelanten y que sus resultados también sean cubiertos por la marea antiberlusconista.

Silvio Berlusconi

El encuestador Maurizio Pessato piensa que “los resultados de Milán hacen más probables las elecciones anticipadas, posiblemente el año que viene, y no veo ninguna posibilidad de reformas económicas significativas aplicadas por un gobierno en su última etapa”. El periodista Leonardo Boriani es más preciso: “ésta es una derrota muy dura y el gran perdedor es el primer ministro”. Las organizaciones políticas motorizadas por Berlusconi gobiernan desde 1994 la región milanesa. Pero su influencia en la ciudad natal y primera región industrial de Italia va más allá de la política. Desde el equipo  de fútbol A.C. Milán, pasando por publicidades, canales de televisión y prensa escrita, configuran un inmenso poderío mediático y financiero.

 

En los años 90, cabalgando en el reacomodo del cuadro político italiano, Berlusconi supo jugar con la habilidad de un surfista. Inicialmente vinculado al Partido Socialista de Bettino Craxi, se acercó luego al movimiento “Manos Limpias”, organización que combatía la corrupción, y posteriormente en 1994 fundó su propio partido “Forza Italia” con el cual, en alianza con otros partidos, alcanzó el poder. Al año siguiente lo perdió y pudo reconquistarlo en el 2001 hasta el 2006, cuando fue relevado por la coalición de centroizquierda encabezada por Romano Prodi.

 

Incluso fuera del gobierno, Berlusconi mantuvo una influencia decisiva en la opinión pública italiana y más allá de ella. A través de la empresa Mediaset de manera directa e indirectamente orientando la televisión pública la RAI le dio forma a un monopolio comunicacional. Es dueño además de los canales televisivos, de agencias publicitarias, medios impresos, del grupo editorial “Mondadori”, de la cadena de tiendas de video Blockbuster, de portales de acceso a internet y tiene una participación  significativa  en Olivetti. Tanto como para que la revista “Forbes” lo considere en su ranking del 2011 como la persona más adinerada de Italia con una fortuna de 7.800 millones de dólares.

 

En el 2007, Il Cavaliere, disolvió “Forza Italia” y en una fusión con otros grupos presentó su nuevo partido “El Pueblo de la Libertad” con el cual obtuvo la votación necesaria para ser designado presidente del Consejo de Ministros por tercera vez y darle forma a un modelo de gobierno con claro parentesco con el fascismo.  El especialista Paolo Flores D’Arcais al indagar sobre el fenómeno escribe: “el berlusconismo es el equivalente funcional y post moderno del fascismo porque representa la destrucción de la democracia liberal en las condiciones del nuevo milenio, en la época del predominio de la imagen, de la globalización de las mercancías y en la desmesura en la manipulación de la verdad”.

 

La reciente derrota de Milán conduciría según los analistas a la fractura de la alianza que le ha permitido gobernar durante estos años. Pierluigi Bersani, uno de los líderes de la oposición advierte “que en el Parlamento hay ahora una mayoría distinta con respecto a lo que las urnas han indicado, por lo que el gobierno tiene que dimitir”. Si bien Berlusconi mantiene todavía campo de maniobra para preservar el control del Parlamento, el último revés se inscribe en el marco de las severas conmociones que afectan a las naciones europeas.

 

La crisis mundial se ha reflejado de manera crítica en Grecia, Portugal y España, pero afecta también de manera directa a Italia, país con una de las economías más estancadas del continente, con más de 1/4 de sus jóvenes desempleados y un cúmulo de deudas que equivalen al 120% de su producto interno bruto. El déficit presupuestario se estima en 40.000 millones de euros y la agencia de la calificación Standard and Poor’s reduce “a negativa” su previsión A+ para el país. A ello se suma la onda de renovación democrática que comenzó en los países del Magreb y el Medio Oriente, y que ahora tiene repercusión en Europa con la insurgencia del movimiento de los “indignados” en España, Francia, Bélgica y Grecia. Estas protestas de jóvenes impulsadas por las redes sociales que se han convertido en las “guerrillas de la clase media”, más que la toma del poder, responde a la tendencia de una mayor participación democrática y el cese del continuismo y las reelecciones indefinidas.

 

Berlusconi, con su proverbial tono desafiante ha respondido a la derrota: “estoy demasiado ocupado para organizar mi funeral”. Sin embargo, el revés ha desatado en el seno de los partidos que lo apoyan el reclamo de primarias para la renovación de los niveles dirigentes y buena parte de la dirección de “El Pueblo de la Libertad” sostienen que ya está bien de imponer candidatos que no representan a la gente.

Il Cavaliere, como si se tratara de uno de los costosos trajes de su vestuario, ha dicho que no está dispuesto a que nadie cuestione su autoridad y asoma la posibilidad de la fundación de un nuevo partido de la mano del alcalde de Roma, Gianni Alemanno. ¿Ha comenzado el fin del berlusconismo? Es temprano para afirmarlo, lo cierto es que la recomposición histórica europea va más allá de las extravagancias y los delirios de sus líderes y gobernantes.

 

 
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