DE CÓMO FUJIMORI VENCIÓ AL TERRORISMO

Fabio Solano
solanofabio@hotmail.com

*Una guerra no declarada entre marxistas radicales y el gobierno constitucional, dejó 70 mil muertos a lo largo de 12 años, pero todo terminó cuando el jefe de Sendero Luminoso fue condenado a cadena perpetua

 

Marco Antonio seguía con los binoculares enfocados en la ventana. A su lado estaba la cámara de video que grababa sin detenerse, y en la mesa se veía el termo con café, del cual había consumido litros en cantidad en los últimos días. Tenían semanas vigilando aquella casa verde. Mientras sus ojos no dejaban de observar las cortinas inmóviles, en su mente repasaba una y otra vez todas las informaciones que el equipo de investigación había captado: El objetivo estaba definido en la persona  del “presidente Gonzalo” y los actores secundarios eran los dueños de casa, el ingeniero Carlos Insauste y su mujer Maritza. Estos dos últimos habían sido el enganche de inteligencia para llegar adonde estaban. Ya sabían que todo se originaba en la academia “Cesar Vallejo”, supuestamente dedicada a formar los mejores estudiantes de Lima. Allá iban las más altas calificaciones de la secundaria, y pagaban muy bien, tanto que de ahí salían no menos de diez mil dólares mensuales para “Gonzalo” y su grupo dirigente. Se habían declarado maoístas y se hacían llamar Partido Comunista-Sendero Luminoso. En verdad eran terroristas.

De pronto el agente se sobresaltó al ver dos siluetas en la azotea recortadas sobre la escasa luz de la noche. Enfocó los binoculares y pudo reconocer a Carlos y Maritza, quienes parecían muy contentos. La pareja se abrazó y Marco Antonio pudo ver una escena de un novelón de esos que pasaban por tele. Sin embargo, sabía bien que aquellos dos tórtolos no tenían nada de sentimentales. A ellos se había llegado luego de que se grabara al director de la “Cesar Vallejo” cuando se entrevistaba con el segundo de “Gonzalo”. Para todos fue una verdadera sorpresa ver al profesor de la prestigiosa academia reunirse con el subjefe de los terroristas. Con ellos dos estaba un desconocido, quien luego fue identificado como  Carlos, y fue frente a un teatro cuando los tres abordaron el Hyundai conducido por su consorte, la bailarina. Ahí estaba todo el centro de la investigación, pues fueron siguiéndolos hasta llegar a la casa verde de enfrente.

La orden del Presidente Fujimori había sido conseguir a “Gonzalo” como fuera, pero respetando su vida hasta el último extremo. Eso quería decir que sólo si el profesor Guzmán se enfrentaba con un arma y disparaba, entonces podrían atacarlo a tiros. De resto era simplemente apresarlo. Marco Antonio de nuevo fue sacado de su memoria inmediata, esta vez con más sobresalto, pues de pronto se fue la luz. Por la radio lo llamaron al instante. Sendero había volado una torre de electricidad en las afueras de Lima y había un apagón. El agente pensó de inmediato que ese era la causa por la cual “Lola” y “Lolo” habían subido a la azotea, para constatar el apagón y así lo informó. De imprevisto vio algo en una ventana, y ahí se puso bien tenso: “Atención, atención. Acaba de encenderse una vela o un encendedor en una ventana de la planta alta. Ahí tenemos a alguien desconocido, por lo mínimo una persona más”.

Marco Antonio no captó de inmediato la importancia de la información, pero a la noche siguiente dieron alerta máxima: Iban a invadir la residencia de Surquillo,  calle uno, urbanización Los Sauces. A las 8 y 40 minutos ya estaban los agentes “ardilla” y “gaviota” casi frente al objetivo, la puerta de acceso a la casa verde. Hombre y mujer se besuqueaban simulando un amorío callejero. Cinco minutos después una pareja salió y de inmediato fueron encañonados. Eran Carlos y Maritza. Hubo un disparo al aire cuando el ingeniero intentó zafarse. Luego “ardilla” se adentró en la casa, subió al segundo piso y se lanzó con el hombro contra una mampara de madera, la cual derribó cayendo al suelo. Por encima pasaron otros agentes, y cuando “ardilla” logró levantarse, vio en frente a un sujeto obeso, de lentes y con barba entrecana, desarmado y protegido por tres mujeres llorosas que pedían que no lo mataran. Entonces tomó la radio y dio la noticia esperada: “ya tenemos a Cachetón”.

EL SENDERO HACIA EL TERROR

La guerra no declarada ni admitida que asoló al Perú en los años 80-90, con un saldo de unos 70 mil muertos, tiene su origen en un solo hombre llamado Abimael Guzmán Reinoso, un arequipeño, hijo de un comerciante con tres esposas. Una de esas mujeres, Berenice Reinoso, dio a luz a este muchacho, quien pronto se quedaría sin madre a los cinco años. Criado por su familia materna, a la hora de desarrollar sus estudios secundarios fue a vivir con su  padre en Arequipa, y luego pasó a la universidad nacional de San Agustín en esa misma ciudad. Era un joven reservado, muy inteligente, disciplinado u obsesivo, quien se graduó en Derecho y Filosofía con una tesis sobre “El Estado Burgués”. Sus lecturas estudiantiles lo habían llevado hacia el marxismo y su máxima influencia provenía de los escritos de José Carlos Mariátegui, el fundador del Partido Socialista Peruano, precursor del movimiento  marxista en el país.

 

En 1962 Abimael Guzmán, joven y brillante filósofo, fue contratado por la universidad nacional San Cristóbal, en Ayacucho, en los lejanos y aislados andes peruanos. Su rector, otro teórico marxista, es considerado el autor intelectual de lo que luego se conocería como “Sendero Luminoso”. Se trataba de Efraín Morote, un  antropólogo quien impulsó al joven docente a estudiar quechua, como una forma de interrelacionarse con la población campesina, indígena, de la montaña. Guzmán se volvió un activista de izquierda en aquellos lejanos parajes, comenzó a captar colegas y estudiantes para el marxismo. En 1965 viajó a China y cuando volvió de Pekín ya era un marxista-maoísta, en conflicto con quienes seguían la línea pro soviética, el marxismo según la interpretación de los jerarcas de Moscú. Fue cuando el Partido Comunista peruano se dividió en tendencias y Abimael Guzmán rompió con sus camaradas para formar su propia organización, cuyo nombre provino de Puna frase de Mariátegui: “el marxismo es el sendero luminoso del futuro”. Ahora el grupo liderado por el “presidente Gonzalo”, seudónimo de Guzmán, se llamaría Partido Comunista-Sendero Luminoso.

 

Ellos eran marxistas, pero de los que creían en que la revolución la harían los campesinos, como sucedió en China, cuando Mao Tse Tung logró derrotar a las fuerzas imperiales de su enorme país, para instaurar una versión propia del comunismo. Claro, los peruanos no eran chinos, así que Abimael Guzmán decidió “adaptar” el maoísmo a su país, y ahí comenzó la actuación guerrillera, pues a finales de los años 70 “Sendero” salió de los círculos estudiantiles y universitarios para expandirse. En la década siguiente “Sendero Luminoso” se convertía en un grupo terrorista que atacaba indiscriminadamente a militares, policías o civiles. Los campesinos a quienes tanto alababa Guzmán en sus tesis, también fueron víctimas de las bombas y la metralla asesina, solo por asistir a alguna votación democrática en sus pueblo aislados del centro del poder en Lima. Poco a poco Guzmán y su organización comenzó a tener grandes aéreas de influencia, todas campesinas, con población indígena y de grandes extensiones donde el gobierno nacional tenía problemas de alcance efectivo.

 

Para esos años en el Perú se mantenía el sistema democrático de votación directa y secreta, y periódicamente se elegían al Presidente, diputados y demás autoridades constitucionales. Mas “Sendero Luminoso” se convirtió en un auténtico dolor de cabeza para los mandatarios peruanos, por sus ataques asesinos y sin contemplaciones, todos justificados como “la guerra al imperialismo”. Fue en 1989 cuando “Gonzalo” decretó que su organización había pasado de ser una simple guerrilla, y desarrollaba lo que denominó “guerra en movimiento”, alegando que las acciones terroristas de “Sendero Luminoso” pretendía desestabilizar el sistema títere de gobierno dependiente del enemigo mayor Los Estados Unidos. Decía que con las bombas, los asesinatos crueles e indiscriminados de peruanos, el gobierno nacional se vería en tales aprietos que la situación devendría en un golpe de Estado, donde él, “presidente Gonzalo”,  tomaría el poder.

A POR EL CABECILLA

En  1990 asumió el gobierno un nuevo presidente Alberto Fujimori, quien había ganado las elecciones contra los pronósticos y encuestas, derrotando en toda la línea a los partidos tradicionales de Perú. La gente se había cansado de los líderes del Apra y otras organizaciones que habían caído en el clientelismo político. Se esperaban cosas nuevas y efectivas del “Chino” como le decía la gente al nuevo Presidente. Fue cuando el mandatario decidió que era necesario atacar de raíz el terrorismo, representado por Sendero Luminoso, de una forma tal que se viniera abajo el tinglado montado desde Ayacucho. Entonces se creó el GEIN, Grupo Especial de Inteligencia, adscrito a la Dirección Nacional contra el terrorismo, Dincote. Allí fueron a parar los mejores agentes de investigación, quienes durante dos años se dedicaron a escrudiñar la vida de todo aquel que tuviera algún contacto con Sendero Luminoso. Estaban claros que no se trataba de apresar a todos los senderistas, quienes según los propios archivos de la organización estarían por encima de los 20 mil. La orden presidencial era capturar el líder máximo, el presidente Gonzalo, a sabiendas que todo en Sendero Luminoso dependía del antiguo profesor de filosofía.

El GEIN estuvo haciendo su trabajo por meses y meses hasta que a principios de 1992 al fin obtuvieron una pista sobre algunos activistas del terrorismo, aunque era más un presentimiento. Ya tenían algunos datos de la academia Cesar Vallejo, donde se impartía algo más que instrucción, pues se había convertido en un centro de captación de jóvenes senderistas. Siguiendo a su director de pronto un día, frente a un céntrico teatro limeño, vieron como era abordado por un conocido del GEIN: Xenón Vargas, nada menos que el segundo jefe de Sendero. Ahí se reunieron con un sujeto desconocido, de barbita, y luego abordaron un Excel Hyundai, conducido por una mujer trigueña, bastante atractiva. Como a los dos primeros los tenían relativamente controlados, los agentes se dedicaron a los desconocidos: Ellos fueron identificados como una pareja marital, el ingeniero Carlos Insauste y la bailarina Maritza Garrido. Primero los ubicaron en una panadería donde hacían compras, y luego los siguieron hasta una casa en la urbanización Los Sauces el popular distrito Surquillo, habitada por mucha gente de clase media intelectual. La casa de dos plantas y azotea fue objeto de vigilancia las 24 horas el día.

 

En julio de 1992 los vigías del GEIN comenzaron a sospechar que la casa era utilizada por otras personas diferentes a Carlos y Maritza. En una oportunidad enviaron agentes simulando ser vendedores, quienes tocaron la puerta reiteradamente. No hubo respuesta, pero cuando ya se alejaban por la acera, una cortina de la ventana superior derecha se movió y dejo ver el rostro de una mujer. Ella fue identificada como una de las personas más cercanas a Abimael Guzmán. Técnicamente solo se tenía evidencia de la presencia de la activista, pero ello podía hacer suponer que “Gonzalo” estaba muy cerca del “Castillo”, nombre clave de la residencia.  Entonces el gobierno de Fujimori ordeno detener al director de la academia Cesar Vallejo, para provocar al líder de Sendero. Y efectivamente los atentados con explosivos arreciaron especialmente en lima y las grandes ciudades. Ese movimiento de sendero bajó un poco las precauciones en “El Castillo”, nombre clave para la residencia, y el 11 de septiembre durante un apagón, los agentes vieron una luz de vela en una ventana, señal de que  allí  había una persona desconocida. Al día siguiente, la vigilancia se intensificó, y se preparó la “Operación Victoria” a cargo del coronel Marco Miyashiro, el jefe del grupo.

 

A las 8 y 43 miuntos la pareja dueña de casa (“Lola” y “Lolo”) salieron a la calle y se consigueron con dos agentes que los encañonaron. Luego se produjo el asalto sin ningún herido, pues Abimael guzmán (“Cachetón) se entrego mansamente. La noticia fue lanzada de inmediato a todo Perú, y Latinoamérica. Guzmán fue llevado a juicio y resulto condenado a cadena perpetua, pero luego en el año 2006 fue juzgado de nuevo después de anularse el juicio. Fue condenado otra vez,  a prisión de por vida.

 

Con la caída del presidente Gonzalo Sendero Luminoso se vino abajo estrepitosamente, demostrando Fujimori que tenía razón cuando aplicó aquel refrán que dice: “La culebra se mata por la cabeza”.

 


 
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