El ABC de Monseñor Baltazar Porras – Arzobispo de Mérida

En un mundo que cambia vertiginosamente, en el que se quiere presentar otros parámetros como valores absolutos de conducta y referencia para el ser humano, resulta que ese ser humano lo que busca, a veces dando tumbos, es trascendencia. La intolerancia política y religiosa conduce a actos violentos. La impunidad alimenta un círculo de vicios. La paz social no se logra con la imposición y la mentira. La beatificación de Juan Pablo II ha sido su “resurrección”, dice el vicepresidente de la Conferencia Episcopal Venezolana y hasta hace pocos días, primer vicepresidente de la Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).

Macky Arenas

Ha sido Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana y, desde posiciones institucionales, por algunos períodos le ha tocado lidiar con los medios de comunicación. Tal vez por su carácter afable y serena simpatía, rasgo que combina con ideas claras y una reciedumbre que sale a relucir, de manera especial, cuando debe orientar a tanto espíritu angustiado que vive bajo este sol. Cuando le tocó acompañar al atribulado caudillo el 11A probó que hay sacerdote para todos. Y cuando luego éste intentó vejar esa misma sotana, le recordó que hay Pastor para rato. Desde hace muchos anos es Arzobispo de la Mérida e integrante del CELAM.

“El uso de la fuerza no debe estar en función de un grupo y sus intereses políticos circuns- tanciales, sino que debe indagarse sobre la autoría delictiva y castigar a los responsables como corresponde”.

_ ¿Qué es el CELAM?

_  El Consejo Episcopal Latinoamericano es la asociación de todos los obispos de las 22 Conferencias Episcopales del continente. Fue creado en tiempos de Pío XII y se ha venido consolidando como una organización de servicio y de coordinación para los episcopados de esta parte del mundo. Cada 4 años se elige una directiva que está compuesta por un presidente, dos vicepresidentes, un secretario general y un responsable de los asuntos económicos.  Luego seleccionamos 6 presidentes más para las distintas comisiones que tienen que ver con la vida y funcionamiento de la Iglesia. Esas comisiones, integradas todas por obispos del continente, produce resoluciones que los episcopados deben ejecutar durante el cuatrienio.

_  ¿Y ha sido viable y útil ese esquema de trabajo?

_ Yo diría que es el organismo de coordinación latinoamericano más sólido que existe. El CELAM tiene más de 50 años y se consolida cada vez. Permite el conocimiento, el trato, la amistad, el intercambio entre los casi mil obispos que tiene el continente, hablo desde México hasta la Patagonia y las islas del Caribe. Cuando vamos a Roma, somos los obispos latinoamericanos los que más nos conocemos. En medio del mosaico tan variado de los europeos, africanos, los de Oceanía, procedentes de mundos que prácticamente se desconocen, los latinoamericanos tenemos proyectos comunes y un intercambio permanente de experiencias que no sólo son episcopales, también se encuentran a menudo los Rectores de seminarios latinos, así que tal vez la mayor riqueza que tiene el CELAM es su carácter de servicio de comunicación y de comunión entre  nosotros.

_  ¿Y usted qué papel juega allí?

_  Soy el primer vicepresidente del cuatrienio que culmina. Fuimos elegidos en La Habana en el 2007. En mayo del 2011 se renovó de acuerdo a los estatutos, en Montevideo.

_  ¿Qué repercusiones eclesiales tendrá la reciente beatificación de Juan Pablo II?

_  Aparte de un aire nuevo en la Iglesia, servirá para renovar el trabajo en diversos campos. Tendrá una enorme repercusión, sobre todo en la juventud. Lo hemos visto con motivo de esos actos, donde los protagonistas más notorios fueron los jóvenes. Muchos no lo conocieron, pero el eco de lo que Juan Pablo hizo a lo largo de tantos años ha llegado a todos ellos; en segundo lugar, el intercambio a todos los niveles de signo tan plural que resulta inédito que una beatificación congregue a altos dirigentes de todas las religiones, jefes de Estado de diversas tendencias, todo lo cual da lugar a un intercambio también formativo, intelectual y de investigación en temas muy actuales, fe y razón, por ejemplo, encontrarle racionalidad a este mundo de la ciencia y la tecnología, de los cambios en el mundo de la bioética, de la política. Fue tanto lo que Juan Pablo dejó escrito y recogido de sus discursos y documentos que hay allí una veta inagotable.

_  ¿Qué elementos de su pensamiento tendrían mayor vigencia para los venezolanos en este país convulso?

_  Sin duda que los aciertos de trabajar llamando a todo el mundo, sin muchas preguntas, sino apuntando a una causa común. Se generan entonces corrientes de voluntad muy positivas, como ocurrió durante las dos visitas del Papa a Venezuela. Durante la primera de ellas, se produjo un encuentro en la Catedral de Caracas llamado “Los Constructores de la Sociedad”. Más de la mitad de los asistentes no iban a misa a diario, ni siquiera los domingos, tal vez nunca fueron. Allí había gente de la izquierda y de la ultraizquierda, de las universidades, del mundo empresarial; pero también había campesinos, obreros, amas de casa, gente de todos los estratos. Eso desencadenó reflexiones muy importantes y produjo material de trabajo de gran trascendencia. Creo que la beatificación de Juan Pablo ha sido su “resurrección”. Hace 6 años, cuando lo enterramos pensamos “se nos fue el amigo”, ahora vemos claramente como volvió el amigo.

_ Y buena falta nos hacía….

_  Si, en esta efervescencia de odios y exclusiones, Juan Pablo II representa el anverso de la moneda, con su profundo sentido de humanidad, de cercanía, de respeto, de humor, de deporte, de canción, de poesía, de belleza, asumiendo igual todo lo malo y lo feo de esos mundos que le tocó visitar, de la cárcel, de los niños con sida en África, de la situación en los países en guerra y conflictos diversos. Él vivió en medio del torbellino de un mundo complejo para abrir ventanas a la esperanza.

“En esta efervescencia de odios y exclusiones, Juan Pablo II representa el anverso de la moneda, con su profundo sentido de humanidad, de cercanía, de respeto”

LOS PAPAS Y SUS CIRCUNSTANCIAS

_  ¡Qué difícil debe ser sustituir a semejante Papa!

_  A lo largo del siglo XX y comienzos del XXI  presenciamos la muerte de Pío XII en 1958, cuando se decía que era imposible relevarlo y apareció Juan XXIII quien dejó también profunda huella en la cristiandad. A cada Papa le toca vivir una circunstancia especial de la Iglesia y conducirla. Después de un pontificado como el de Juan Pablo II, por demás el tercero más largo de la historia –sólo San Pedro y Pío Nono están delante- es obvio que el papel que le ha tocado al Papa Benedicto XVI, un hombre muy diferente, intelectual, germano, con una personalidad distinta, es complejo. El ha optado por esa permanente reflexión en profundidad sobre la condición humana para ofrecer también allí su aporte.

_  Benedicto XVI lleva seis años. ¿Se podría vislumbrar hacia dónde se dirige su pontificado?

_  Es un hombre que le ha tocado vivir una serie de conflictos internos de la Iglesia y los ha asumido y enfrentado sin vacilaciones. Ha sido muy firme al hacer valer aquello de que todo lo que sea pecado y delito no se puede esconder, sino que hay que enfrentarlo y corregirlo. No es fácil lo que lleva sobre sus espaldas. Su mentalidad es muy europea y se preocupa por ese cambio cultural cualitativo que se está dando en el viejo continente, de allí sus referencias continuas en torno a eso. Por su edad, tal vez sienta que el tiempo que le queda es para conformar un cuerpo de pensamiento y orientación frente a los nuevos retos que tiene el mundo de hoy.

_  Durante el recorrido del Nazareno de San Pablo por Caracas, se notó  claramente un despertar religioso y una reafirmación de fe conmovedora. ¿Cómo está evaluando eso la jerarquía eclesiástica?

_  Cuando el futuro se ve oscuro, la gente tiende a pensar profundo. Popularmente se dice “nos acordamos de santa Bárbara cuando truena”. Hay una tendencia que tomó cuerpo en los años 70 basada en aquello de la trilogía de la muerte de Dios,  según la cual el ser religioso era cosa de la era de las cavernas, destinado a morir, a desaparecer. Ha sido todo lo contrario. En un mundo que cambia tan vertiginosamente, en el que se quiere presentar otros parámetros como valores absolutos de conducta y referencia para el ser humano, resulta que ese ser humano está en otra parte, lo que busca es otra cosa, a veces dando tumbos, pero busca trascendencia. Por ello todo lo que tenga una connotación religiosa, tiene atractivo, el atractivo de la seguridad, de una razón de ser para la existencia, que no se agota en la vida y el disfrute como si se tratara de un animal cualquiera. Somos seres racionales y la religión, el amor a Dios, conduce a no absolutizar ni sacralizar las realidades de la vida terrena. El amor al prójimo se convierte en la medida del servicio; y la fraternidad es la que aporta un poco de paz, de serenidad y de alegría.

LO SOCIAL Y LO POLÌTICO

_  Monseñor, estamos en una situación preanárquica, hay disgusto, protestas por doquier y a toda hora. Cada día estamos más agresivos. El gobierno parece prepararse para lo único que busca hacer bien, reprimir. Ante esta realidad, cuál es la responsabilidad del liderazgo católico?

_  Fundamentalmente buscar caminos de paz y de diálogo.  La paz social no se logra a través de la imposición, de la mentira, ni de la represión o la fuerza. Esa se construye con la colaboración de todos, buscando la pluralidad, caminar juntos en una misma dirección, por encima de nuestras diferencias. Hay que tener constancia y persistencia, que no significan aguante y resignación, sino una virtud activa, la única capaz de darnos la posibilidad de conseguir los objetivos y disfrutar la vida. Cada uno de nosotros vivimos porque hubo padres que tuvieron la paciencia y la ternura de levantarnos y apoyarnos durante años para hacernos capaces de sobrevivir.  Así nos toca, como creyentes, construir en lo social y lo político.

_   ¿Cómo se construye en medio de la destrucción que no ha respetado ni a las imágenes religiosas?

_  Estos actos salvajes, vandálicos, se inscriben dentro de un clima general de intolerancia, tanto verbal como física contra personas, contra instituciones y ahora contra símbolos de la fe mayoritaria de la población venezolana. En ese contexto  cualquiera se siente autorizado a emprenderla contra lo que le parezca.

_  ¿Tiene alguna teoría acerca de la responsabilidad detrás de estos hechos?

_  Lo que sí tengo es la seguridad de que no se puede descartar cualquier escenario. Repito: la intolerancia política y religiosa conduce a actos violentos que producen a su vez respuestas violentas. Es la generación del caos, un juego muy peligroso.

_  ¿Qué factores activan  el juego?

_  Estamos expuestos a una prédica constante y agresiva. Llamados a la violencia, amenazas de guerra, discurso “antiimperialista”. La misma manera fatua de celebrar el 19 de abril y el 5 de julio, que no remiten a las verdades históricas que configuran nuestra identidad como nación, sino que, de nuevo, profundizan el abismo entre los venezolanos al referir toda la historia a un proyecto político determinado. En la misma línea de apreciación, el uso de la fuerza no debe estar en función de un grupo y sus intereses políticos circunstanciales, sino que debe indagarse sobre la autoría delictiva y castigar a los responsables como corresponde, por ejemplo, con la destrucción de las imágenes religiosas ocurrida recientemente en varios estados del país.

-¿No contribuye decisivamente a toda esa perversión la banalización de los valores?

_  ¡Por supuesto! Esa banalización tiene dos lecturas. Por una parte se resta importancia a quienes lo hacen, se habla de grupos que actúan por su cuenta, desadaptados, fanáticos que no responden a nadie, o simplemente se atribuye a conspiraciones de “la  derecha”. Todo ello sirve al propósito de no ir al fondo del asunto. Por otra parte, quienes sienten que esos símbolos, imágenes de nuestra religión, representan valores importantes, no reaccionan, se cruzan de brazos y dejan hacer y pasar.  El reclamo debe ser interno y también público. De la misma manera, cuando se profanan las Sinagogas, lugares de culto de los judíos, es también nuestra responsabilidad protestar. Allí va el respeto y la libertad de que todos debemos gozar, las garantías que se niegan a unos pueden ser mañana las que nos confisquen a los demás.

_ ¿Pecados de omisión? ¿Doble moral?

_  Cuando una sociedad sabe que la ley no es para todos, sino que se aplica discrecionalmente, que hay unos más iguales que otros y que priva el embudo, donde las normas son para los demás, no para el que la aplica, se impone esa doble moral tan nociva e intolerable. La consecuencia es la inequidad y la desconfianza. Resulta más cómodo y seguro plegarse al poder, lo que inevitablemente incrementa la corrupción. Se sobrevive a base de encubrimiento y de mentira. La impunidad alimenta el círculo de vicios. La misma impunidad con que, hasta ahora, se mantiene sin sanción a los responsables del vandalismo que destruyó las imágenes religiosas.

 
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