EL CRIMEN TRAS LO IMPOSIBLE

Luis Ugalde

Luis Ugalde

 

La conquista de lo imposible, como objetivo político del poder, siempre termina en crimen y miseria. Se invita a una dura travesía del desierto para la conquista de la tierra sin mal con el hombre nuevo, reconciliado con su plenitud para siempre. Paraíso terrenal con economía próspera, sin mío ni tuyo, donde trabajar será un placer, pues no habrá explotación ni obligación.

Desaparecida la escasez, extinguido el Estado como instrumento de dominación y silenciados para siempre los tambores de guerra, cada uno aportará gustoso lo mejor de sí para quien lo desee y recibirá del común lo que necesite.

 

En el camino hay resistencias, y es necesaria la violencia para abrir las puertas del paraíso. Según Marx, esto sólo lo entienden los explotados obreros industriales; luego se descubrió que ni estos, y se inventó una vanguardia lúcida del proletariado, el partido comunista, bajo la visión científica infalible de su jefe único.

 

Quienes se resisten a aceptar los cambios (no importa su intención ni motivación personal) son objetivamente enemigos de la felicidad humana y como tales deben ser tratados. ¿Qué son unos miles de ejecutados, presos y exiliados, si se consigue la definitiva liberación de la humanidad y el amanecer sin ocaso del “hombre nuevo”? La revolución la hacen los quijotes con sueños sublimes y ánimos encendidos dispuestos a sacrificios heroicos por la conquista del poder y del paraíso. Ya en el poder, se enfrentan a la dura realidad del gobierno: hay que sobrevivir a toda costa y para ello cortar las alas a la imaginación e idealismo de sus partidarios, para que no se vuelvan contra la mediocre realidad gubernamental.

 

Fidel Castro, una vez en el poder, vio que sus días estaban contados sin alianza con la Unión Soviética y su bloque, enfrentados en “guerra fría” con Estados Unidos.

 

La Unión Soviética no estaba para sueños ni aventuras, pero sí feliz de tener en las propias narices de Estados Unidos un grano molesto y un ejemplo revolucionario para toda América Latina. Castro se casó con el realismo soviético.

 

No así el Che Guevara, a quien la Revolución Cubana le interesaba menos que la mundial del “hombre nuevo” contra el imperio y el capitalismo, soliviantar África que salía del colonialismo y avivar el secular resentimiento latinoamericano contra los gringos.

 

El Che tuvo una infancia muy dura, atenazado por el asma que le impedía hacer la vida normal de niño. Con increíble fuerza de voluntad se sobrepuso a estas graves limitaciones.

 

Su madre, Celia de Guevara, años más tarde le dijo a Eduardo Galeano que el Che en su infancia “vivía tratando de demostrar que era capaz de hacer lo que no era capaz de hacer, y así pulió su increíble fuerza de voluntad”; ya tenía la voluntad para conquistar lo imposible. Más tarde prendió en él la chispa revolucionaria por la heroica causa de la definitiva redención humana. En Cuba chocó con el realismo soviético y castrista y decidió salir con su idealismo en ristre a aventuras guerrilleras africanas y sudamericanas. El Che, coherente y voluntarista, partió decidido a domar lo imposible hasta conquistar el paraíso y producir el “hombre nuevo” sin mal.

 

Llama la atención la insignificancia del puñado de guerrilleros promovidos por el Che en Argentina que, sin ninguna posibilidad de éxito, terminaron trágicamente. Luego vino la ciega aventura de Bolivia donde el propio líder guerrillero y una docena de hombres, aislados y sin apoyo, fueron cercados por el Ejército y aniquilados.

 

En el Che impresionaba su prédica del amor y al mismo tiempo su frialdad para fusilar, en la sierra antes y en La Cabaña una vez en el poder. Como Robespierre y su guillotina, unió el puritanismo con el crimen.

 

Quien se opone a la revolución del hombre nuevo, no merece vivir. La imposición de lo imposible siempre termina en crimen y fracaso.

 

Nuestra “revolución” no tiene Che Guevaras, sino en estampitas; se enamoró de Castro y de su modelo irremediablemente fracasado, con el “patria o muerte” de juguete.

 

Abundan las palabras altisonantes, los petrodólares y los ensayos económicos infantiles, costosos e irreales.

 

Es rica en nuevos ricos millonarios y en largas colas de pobres para la limosna de un gobierno ineficiente y penetrado por la corrupción.

 

Su “crimen” mayor es la pérdida de una oportunidad de oro. Mañana amanecerá.

 
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