LA INTELIGENCIA ES UNA RED

Sergio Dahbar

Sergio Dahbar
sdahbar@hotmail.com

 

“La inteligencia es una red, pero una red de independientes. Un tejido neuronal de cerebros libres en perpetua estimulación reticular. Nunca será un ejército de siervos a sueldo, pendientes de agradar al amo”.

 

Los que piensan diferente sobresalen. Llaman la atención como un faro en medio de la oscuridad.

Es el caso de un escritor, editor y agente literario, John Brockman (Boston, 1941), el hombre que está detrás de todos los bestsellers científicos de los últimos años: Richard Dawkins, Jared Diamond, Nassim Taleb…

 

Unos años atrás, en pleno verano newyorkino, Brockman iba en taxi por las calles de Manhattan, con un aire acondicionado que asesinaba el calor. La Guerra de Irak ya devolvía un horror de muertos y mutilados, y el señor Bush sólo se parecía al peor señor Bush. En ese clima, este estimulador intelectual tuvo una de sus ideas brillantes.

 

¿Qué cosas te hacen ser optimista con respecto a la humanidad? Esa fue la pregunta que envió por correo electrónico a un grupo de cien elegidos, parte de los pensadores más interesantes de la actualidad. Todos reunidos alrededor de la página web Edge, que Brockman creó para poner a trabajar a gente deslumbrante.

 

Quiénes son los tripulantes de semejante ocurrencia: uno de los músicos contemporáneos más interesantes, Brian Eno; el pionero de la inteligencia artificial, Marvin Minsky; el decodificador del genoma humano, Craig Venter; el premio Nobel George Smoot, y el escritor Ray Kurtzweil; entre muchos otros.

 

¿Y qué fue lo que respondieron? Muchos apelaron por la paz mundial y la cura del cáncer, flagelos insufribles. Otros valoraron la supervivencia de la amistad. Pero hubo también quien recordó el hospital de niños de Londres. En su reglamento se estipula que quienes limpian las ventanas deben hacerlo vestidos de superhéroes. Tanto para enfermos como para trabajadores, esos son los mejores momentos de la semana.

 

Pocas cosas son más estimulantes y provocadoras que oír a Brockman. Por ejemplo, desarrolló la idea de la tercera cultura: “La superación de la división burocrática entre letras y ciencias, que paraliza el saber”. Por eso cree que los genios provienen de esas especialidades.

 

Defiende el principio de que si algo nos interesa sinceramente, interesará a más gente, tendrá un mercado y uno podrá vivir de él.

John Brockman

Los que piensan diferente sobresalen

 

Los periodistas por supuesto suelen cuestionarlo porque sus palabras suenan a utopía.

 

No es verdad: su predicamento apunta a que es prioritario pensar de manera independiente. Así defiende la tercera cultura: “La inteligencia es una red, pero una red de independientes. Un tejido neuronal de cerebros libres en perpetua estimulación reticular.

Nunca será un ejército de siervos a sueldo, pendientes de agradar al amo”.

 

Brockman sostiene que la mayoría de las personas se dan cuenta de que han convivido con genios a los 80 años de edad, cuando ya es demasiado tarde. Él en cambio advirtió la notoriedad de sus contemporáneos a los 20 años y se conectó con ellos. Desde entonces divulga un saber que le hace pensar el mundo desde lugares imposibles.

 

Ha vivido momentos de gestación de fenómenos que cambiaron el mundo. Los pensadores con los que se reunía anticiparon Internet: al advertir que la inteligencia es una red sin centro, y que su esencia no está en el núcleo, sino en la propia circulación de la red, entendieron la modernidad y vieron cómo nacía el futuro.

 

Lo importante no es lo pretencioso que pueda parecer Brockman, sino el tino de sus ideas: promueve que hoy quien desea saber termina siendo un especialista. Y desde su perspectiva el especialismo es la muerte del conocimiento en manos de la rutina y la burocracia.

 

Brockman sabe que hay artistas que no entienden la ciencia y por eso terminan decorando los pisos de los ricos. Como él afirma, “un escritor que no aspira a saber hasta dónde hemos llegado como especie, sólo puede trabajar en un guión de televisión”.

 

Este iconoclasta se hace preguntas que nos inquietan y tienen que ver con nuestras vidas: ¿Cuál es una idea peligrosa, no porque no sea cierta sino porque podría ser verdadera?, ¿qué cree usted que es cierto aunque no pueda probarlo? Y así sigue, sin parar. Hasta afirmar que la democracia es el primer fruto del diálogo libre entre espíritus libres. Su manera de encarar la vida todos los días confirma que hoy por hoy Brockman representa un punto de fuga invalorable. ¿Me equivoco?

 

@ELNACIONAL

 
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