LA SINGULARIDAD DEL PERÚ

Elizabeth Burgos


 

Elizabeth Burgos
eburgos@orange.fr

La profunda sensibilidad democrática del pueblo peruano está llamada a marcar un hito en la historia de las ideas en el continente americano.  La analista internacional Elizabeth Burgos en este artículo sostiene que el actual debate electoral en ese país “lleva huella de ese legado”.

 

Más allá de las peripecias del dilema electoral que mantiene hoy en vilo a la sociedad peruana, es una buena ocasión para recordar la singularidad del pensamiento político peruano que surge a comienzos de la era republicana y que marca un hito en la historia de las ideas del continente.

Que personalidades como Mario Vargas Llosa haya decidido darle apoyo a Ollanta Humala, el hecho de que las encuestas arrojen porcentajes en que los candidatos aparezcan empatados, demuestra la profunda sensibilidad democrática adquirida por los peruanos.  En realidad de lo que se trata es que los peruanos, tanto los de un bando como los del otro, voten por la democracia.  Rara vez se ha visto en una contienda electoral una dinámica semejante.  Muchos de los que apoyan a Keiko Fujimori, lo hacen para evitar que Ollanta Humala, considerado como un aliado de Hugo Chávez, arremeta contra la democracia como éste lo está haciendo en Venezuela.  Aquellos que apoyan a Humala, lo hacen por oponerse a un regreso del fujimorismo, cuyo gobierno se caracterizó por su autoritarismo y sus prácticas radicalmente anti-democráticas.  Para ambos bandos la democracia peligra en el Perú.

 

La cultura política que surge en América Latina tras la Independencia, no produce una ideología, una creencia o una visión del mundo que logre aglutinar a las mayorías, como si lo logró por ejemplo, EEUU que forjó una ideología liberal que se impuso como patrón identitario.  En cambio en América Latina no se logró un cuerpo de ideas que le diera coherencia  a una idea de nación que representara al conjunto de sus habitantes y que les diera un sentimiento de pertenencia más allá del origen social y del origen étnico.  Ese hecho ha dificultado el acceso a un pensamiento político moderno, y al surgimiento de una tradición democrática sólida de allí la gran fragilidad que manifiestan los latinoamericanos en cuanto al lugar que ocupan o que deben ocupar en el mundo: un estado de ánimo que se traduce por un malestar o resentimiento permanentes en relación a Estado Unidos y a Europa.  La fragilidad del sentimiento democrático se manifiesta en la fascinación infantil por los caudillos: padre providencial que prolonga la infancia.

En el Perú surgieron tres personalidades que percibieron la necesidad de contemplar el país desde una perspectiva sociológica, social y política: una novedad en el panorama intelectual del continente.

Manuel González Prada y Ulloa, descendientes de la alta oligarquía criolla (1844-1918), constató que la naturaleza social del Perú requería de una revolución social profunda.  Recorrió las regiones de la Sierra, se empapó de la situación del mundo indígena, actitud que marca el punto de partida del desarrollo de una conciencia moderna del Perú: el germen de la aparición de la noción de una ciudadanía nacional; la ruptura de la lógica oligárquica criolla y la marginación de los indígenas lo que lo enfrentó a la oligarquía criolla a la cual pertenecía pues además era un anticlerical radical y también un crítico acerbo del carácter conservador de la creación literaria de su país.  González Prada aunó con su práctica política una práctica literaria.  Fundó el Círculo Literario (1891) que dio origen Al Partido de Unión Nacional.  Su experiencia europea – dura siete años – tuvo lugar cuando ya era un adulto que gozaba de una formación intelectual sólida.  Llega a Paris en 1891, frecuentaba a Renan y los círculos de los Parnasianos, pues su verdadera vocación era la poesía.  En 1896 se va a España, se relaciona con Unamuno y se vincula con el movimiento anarquista y se convierte en un partidario de la violencia política.  A su regreso a Lima apoya al movimiento obrero, funda la revista Germinal.  Su modernidad lo conduce a apoyar ideas feministas. Como hombre de letras emprende una renovación métrica y rítmica de la lírica e castellano.  Se le considera el precursor del Modernismo americano.

 

Cuando surge ese personaje mayor que es Víctor Raúl Haya de la Torre, reconoce la herencia de González Prada.  Haya de la Torre también emprende un recorrido por las regiones serranas y también aúna su acción política con lo cultural.  Primero se relaciona con el mundo sindical, luego funda universidades populares a las que les da el nombre de González Prada.  Haya de la Torre va más allá del legado del maestro.  Es el primero en plantearse la pregunta a propósito de lo que es Indo América, de lo que significa la democracia y de lo que es la democracia frente a la cuestión social.  Ante el universo de la Internacional socialista dependiente  de Moscú, demostró una independencia total.  Consideró que en Rusia no existía el socialismo sino que existía un capitalismo de Estado.  Y en oposición a Lenin, expresó que en América Latina no se daba el imperialismo como el estado supremo del capitalismo, sino que el imperialismo se manifestaba como el estado inicial del capitalismo, dado el tipo de relaciones de dependencia del continente con las grandes potencias. Consideraba también de que no habría socialismo sin desarrollo del capitalismo.  La corriente política fundada por Haya de la Torre tuvo una influencia mayor en el continente.  Sin el pensamiento de Haya de la Torre no se puede entender la corriente social demócrata latinoamericana.

 

La tercera personalidad peruana que marcó el pensamiento político latinoamericano fue José Carlos Mariatégui quien fue combatido por los comunistas afiliados a Moscú.  Sus Siete ensayos de la realidad peruana es una obra que en América Latina sigue brillando solitaria, sin descendientes.  Mariátegui viaja a Europa, en particular a Italia en donde es testigo del ascenso del fascismo que consideró como “una respuesta a una crisis social profunda: el precio que paga una sociedad en crisis debido al fallo de la izquierda”.  El suyo fue un caso de precocidad intelectual: muere a los 35 años de edad.

 

En la actualidad no se puede afirmar que el Perú esté atravesando una crisis social profunda como fue el caso de Venezuela cuando el ascenso de Hugo Chávez por lo que si escuchamos a Mariátegui, se puede abrigar la esperanza de que los rasgos autoritarios del fujimorismo y el fascismo chavista que al principio ostentó Humala, si intentan ponerlos en práctica, sean neutralizados por la conciencia democrática de la que han hecho gala los peruanos.

 
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