Los mata santos del siglo XXI

Carlos Ochoa

MERCURIALES

Carlos Ochoa
ochocarlos@gmail.com

Más allá de lo que pudiésemos especular sobre quiénes fueron los responsables, los actos de vandalismo que se han desatado en Lara y Yaracuy en contra de imágenes religiosas, son parte de la iconoclasia que, desde finales de los 90, viene cobrando espacio en la resolución de las diferencias políticas entre los venezolanos.

En el año 2001 en Puerto La Cruz, las autoridades demolieron una plaza y desaparecieron una estatua que recordaba a Cristóbal Colón. Un hecho similar ocurrió el 12 de octubre de 2004 cuando unos violentos derribaron y arrastraron el “Monumento a Colón en el Golfo Triste” del escultor venezolano Rafael de la Cova, erigido en el siglo XIX. Este monumento en particular tiene un valor inestimable para el país por ser de un período temprano de la escultura conmemorativa venezolana. Otras piezas escultóricas dedicadas a personajes fundamentales de la historia como el General José Antonio Páez han desaparecido de sus emplazamientos sin que se sepa que suerte han corrido las estatuas.

Ahora le ha tocado el turno a las imágenes católicas, el asunto es delicado pues afecta la sensibilidad colectiva de la mayoría de los venezolanos. La destrucción de las imágenes religiosas están asociadas en Venezuela a acciones de individuos desequilibrados mentalmente como ocurrió en Valencia a finales del siglo XIX, cuando un perturbado que llegó del poblado de Flor Amarillo entró por una ventana lateral a la iglesia de San Blas, y con un machete decapitó la imagen de San Antonio y despojó de sus vestiduras a la Dolorosa. De este hecho viene el injusto apelativo de “morreños mata santos” que en Valencia se les da a los vecinos del morro de San Blas.

Los regímenes comunistas y fascistas del siglo XX le dieron un uso político a la memoria colectiva, releyendo ideológicamente los hechos y las actuaciones de los personajes fundamentales de la historia para adaptarlos a la construcción de una memoria selectiva que favoreciera su versión única, hegemónica del pasado. La iconoclasia es la doctrina de los iconoclastas y pretende la destrucción del imprescindible imaginario que han construido los pueblos en su constante devenir histórico.

El reciente atentado a las imágenes religiosas es puntual, cualquiera de los extremos políticos puede resultar responsable de este abominable hecho y de otros que puedan ocurrir. En Valencia, el periodista Alfredo Fermín ha alertado para que las autoridades protejan el ícono más preciado de la feligresía católica: la “Virgen del Socorro”, que también lo es de todos los venezolanos por su valor artístico y su antigüedad.

Esperamos que los mata santos del siglo XXI sean detenidos y castigados, y que la acción vandálica que ha merecido el repudio de todas las iglesias y credos, no quede impune como la  del monumento a Colón en 2004, en cuyo caso, a pesar de estar identificados los responsables, no se aplicó la justicia.

 

 

 
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