Plácido Domingo
“No me pongo límites”

El tenor asegura que necesitaría tres carreras para desarrollar todo el repertorio que le interesa

TEREIXA CONSTELA

Hace años, en una entrevista en Londres, Plácido Domingo dijo: “Los mejores años para un tenor son de los 33 a los 38”. Él tenía 33, claro, y sucumbió a esa enfermedad de los 33 que es la autosuficiencia. Esta tarde se reía al recordarlo. Cumplió los 38 y siguió con buenos años. “Cuando cumplí los 55 pensé que me quedaban dos o tres para cantar y por eso acepté la dirección de la Washington National Opera”. Siguió, como saben, cantando y pensó entonces que tal vez la edad justa para jubilarse serían los 70…

Y ahí está, después de cumplirlos con compromisos para los próximos dos años. A estas alturas, por fin ha aprendido algo: “No me pongo límites, nunca pensé que llegaría a los 70 cantando. No sabes cuánto puede durar, pero cuando tu carrera es un hobby, he decidido aceptar contratos y seguir hasta que el cuerpo aguante y Dios lo quiera”. Tiene un pacto consigo mismo: ejercer como un severo crítico. “Tengo la firme decisión de que el día que sienta que no debo hacerlo, seré el primero en decidirlo. El artista es el primero que lo tiene que sentir, no debe esperar a que lo sientan los expertos y el público”, confesó.

Una carrera de cifras abrumadoras: ha cantado en más de 3.500 funciones, ha interpretado más de 130 papeles principales, ha realizado más de 100 grabaciones, ha ganado siete Grammy, ha hecho tanto que es inevitable preguntarse qué le puede seguir motivando.

“Siempre he tenido una gran curiosidad e inquietud por buscar óperas que no se cantaban y al público le podían interesar”. Y con la curiosidad sigue. “Hay tanto repertorio que necesitaría tres carreras para poder hacerlo”, afirma el tenor, que lleva 50 años en la ópera. Su primer papel principal fue en 1961 en La Traviata, aunque ya llevaba dos sobre los escenarios y muchos más cantando zarzuelas, su primera escuela.

Hijo de dos artistas de zarzuela, Plácido Domingo siempre ha mostrado una inclinación especial hacia el género español, al que promociona con diversas iniciativas. Ahora le da vueltas a la convocatoria de un concurso para escribir zarzuelas y suspira por asentarlo en el circuito internacional. “Soy, he sido y seguiré siendo zarzuelero”, reivindicó frente a quienes lo desdeñan como un género menor. Y entre todas las confesiones que dejó caer, se deslizó la melancolía: “Quiero estar en Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla. Quiero venir más a España porque, la verdad, es que la añoro”.

 

Fuente: El País

 

 
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