Tu casa

Juan M. Raffali

Juan M. Raffali

Juan M. Raffalli A.
jmrhab@yahoo.com

La próxima afectada puede ser la suya, no importa cuánto valga ni cuánto usted trabajó para tenerla.

 

En la Gaceta Oficial del pasado jueves 26 aparecieron publicados dos Decretos Presidenciales los cuales ordenan la expropiación de un número considerable de inmuebles en el municipio Libertador, con miras a la ejecución del proyecto Reivindicación del Derecho a la Vivienda en ese municipio. Por esa vía se han cargado edificios residenciales completos, casas, locales y otros inmuebles.

Para ello se ha recurrido a la vía del Procedimiento Expropiatorio de Emergencia, contenido en la Ley de Emergencia de Terrenos y Vivienda, dictada unipersonalmente por el propio Presidente en ejercicio de la Ley Habilitante el pasado mes de enero. Esta especie de fast track expropiatorio, deja a los propietarios a merced de ocupaciones inmediatas sin intervención judicial y su defensa limitada a discutir el monto de un avalúo que no sería dictado por una comisión como lo señala la Ley de Expropiaciones. Es decir, los coloca casi ante la única alternativa de llegar a un “arreglo amigable”. Lo peor es que ya se cuentan por cientos los inmuebles que a cuenta de “subutilizados”, no usados “adecuadamente”, u “ociosos”, han pasado a manos del Estado por supuestas vías expropiatorias que en el fondo no lo son, incluso entendemos que son muy pocos los casos en que se ha indemnizado a los dueños.

El problema de la vivienda es muy grave. Aplaudimos que el Gobierno se ocupe del tema pues se requieren políticas públicas serias que incluyan al sector privado para resolverlo. Pero tan grave como el déficit de viviendas es la pérdida de las instituciones y de los derechos constitucionales. Estas medidas vulneran los principios de ponderación y adecuación que deben marcar la racionalidad en la función de gobierno pues no resuelven el problema sino que causan uno igual o peor.

La riqueza de un país se mide por sus instituciones más que por sus reservas internacionales. Pasar por encima de los derechos de propiedad de gente incluso muy humilde, para manejar electoreramente la “percepción” política, es calamitoso. Siempre escuchamos a los agoreros decir “nos van a quitar las casas”. El Gobierno ha terminado por darles la razón, si a alguien se le antoja que está “subutilizada” o su uso es “no adecuado” la próxima afectada puede ser la suya, no importa cuánto valga ni cuánto usted trabajó para tenerla.

 


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