“CHRISTINE”

Peter K. Albers

¿Será que los operadores viven allí debajo, como los “zombies, y están allí laborando sin que el resto de los habitantes de esta infortunada ciudad lo notemos?

 

 

Peter Albers
peterkalbers@yahoo.com

 

Hubo una época cuando los venezolanos éramos más cultos y leíamos más. Existía un club de lectores, con abundancia en la oferta de libros. Mensualmente les enviaban a los socios un catálogo, del cual éstos se comprometían a adquirir un mínimo. Una vez, vacilante en mi escogencia, cometí el error de seleccionar una novela de Stephen King, un escritor famoso por sus relatos de terror: “Christine”.

La novela trata sobre un automóvil maldito, que mataba a sus enemigos, llevando sus espíritus, convertidos en algo así como unos invisibles “zombies”, en el asiento trasero. El principal personaje humano de la novela, si la memoria no me falla, era un estudioso joven llamado “Arnie”, amante del ajedrez, lleno de acné y cegato, hazmerreír del colegio. Tenía un solo amigo, “Denis”, estrella del fútbol colegial, popular entre las chicas. Arnie adquiere el Plymouth modelo ’58 en una venta de carros usados a precio de gallina flaca, pues estaba muy deteriorado, y lo lleva a un garaje para restaurarlo. El vendedor informa a Arnie que la chatarra rodante se llama “Christine”. A medida que avanza en la reparación de Christine, Denis nota que Arnie se va curando del acné, deja de necesitar anteojos, y mejora su popularidad en el colegio, al punto de conquistar a la chica más bonita y deseada, llamada “Leigh”. Obsesionado con Christine, Arnie no habla sino de su ahora bello carro. Celosos por su nueva popularidad y la conquista de Leigh, los malandros del colegio entran al garaje y dañan seriamente a Christine hasta casi destruirlo.

 

Aterrorizados, Denis y Leigh contemplan cómo el viejo Plymouth se va reconstruyendo a sí mismo, concluyendo que está vivo. Sucesivamente ocurren muertes violentas entre quienes lo atacaron o hicieron algún daño a Arnie, incluidos sus padres, por los maltratos a su hijo. Finalmente Christine acaba destruido por Denis, quien lo aplasta con una máquina demoledora de construcciones. Pero, en el último párrafo, el autor sugiere que la muerte de Christine no es definitiva, y que lentamente iniciará su propia reparación.

He recordado este bodrio al leer las declaraciones del vicepresidente Jaua en su visita a Valencia, señalando que el Metro no está parado, sino “enlentecido”. Es decir, que su construcción avanza, ya no “a paso de vencedores”, sino con una velocidad que los valencianos no somos capaces de notar. O sea, como cuando la grama crece, que uno no lo ve, pero ahí está la grama, creciendo lentamente.

 

Uno no entiende cómo pueden avanzar las obras del Metro, si uno no ve a nadie entrar ni salir de los distintos sitios que algún lejano día serán las estaciones. Cosa muy extraña, a menos que la topa “Beatriz” sea como “Christine”, una diabólica máquina que se mueve sola. ¿O será que los operadores viven allí debajo, siendo como los “zombies” de la novela de King, no comen ni experimentan ninguna de las otras necesidades fisiológicas propias de los seres vivos, y están allí laborando sin que el resto de los habitantes de esta infortunada ciudad lo notemos?

¿Con quién habló Jaua? ¿Con algún “zombie” representante de “Sinzotrameval” (Sindicato de Zombies Trabajadores del Metro de Valencia) quien lo puso al tanto del avance de “Beatriz”?

 

¿Realmente fue Jaua quien vino, o algún muñeco de Carlos Donoso, dispuesto a decir lo que le transmita su jefe por el ombligo?

 
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