Cuando las montañas arden

JESÚS HERAS –

El Presidente conoce las matemáticas. Si la fórmula bolivariana para perpetuarse en el poder reside en cambiar la Constitución y someter a la Fuerza Armada, la prescripción electoral es  netamente saudita. Repartiendo dinero, al igual que los reyes y jeques más ricos, el primer mandatario busca crear una sensación de bonanza que en el caso venezolano, bien lo sabemos, es enteramente artificial.

No es demasiado difícil mantener el mando cuando hay petróleo en abundancia y se controlan los hilos del poder. Ni los bombardeos de la OTAN han podido derrocar aún a Gadafi y en países árabes con petróleo, las protestas no han llegado lejos. Sin embargo, los conflictos se extienden y las erupciones volcánicas son cada día más frecuentes

En enero había 14 volcanes activos, ahora son 17. Los fenómenos telúricos parecen marchar al ritmo de las explosiones sociales. Es como si el corazón de la Tierra y aquel de la sociedad mundial, marcharan en sintonía.

Cuando un volcán entra en erupción, es porque la masa terrestre necesita liberar energías. Cuando se produce una explosión colectiva, es porque el cuerpo social reclama desahogo.

Lo mismo ocurre con los gobiernos y con el propio organismo humano. Cuando las tensiones se acumulan, las montañas arden y las dolencias afloran.

 
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