JORGE SEMPRÚN, LA MEMORIA DE EUROPA

 

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos
eburgos@orange.fr

Con la muerte del gran escritor, intelectual y político español Jorge Semprún, se pierde parte de esa memoria que dejó como un legado. Elizabeth Burgos, quien lo conoció bien, señala que “era un protector de la memoria; del recuerdo y de ese atesoramiento de memorias está hecha su literatura”. Para Semprún, Solzhenitsin le dio a la revolución rusa una dimensión de catástrofe histórica. Igual se puede afirmar de la de Cuba, igual hoy de la situación de Venezuela.

La nota que nunca llegó

El martes amaneció París en medio de un cielo gris, nostálgico, rompiendo el ritmo de un verano precoz que parecía haber llegado para durar. Tal vez fue esa la ruptura repentina del quiebre de la luz a un cielo sombrío lo que suscitó ese sentimiento de extrañeza que sentimos los que venimos del trópico cuando el cielo se cierra y el sol desaparece, que me produjo una sensación de ensoñación y el mecanismo del recuerdo me invadió. ¿Por qué fue la bella figura altiva y generosa de Jorge Semprún la que me acompañó ese martes en mis cotidianos desplazamientos por París? Es cierto que hacía algún tiempo que no lo había visto; nos habíamos hablado por teléfono y teníamos proyectado un encuentro. Sabía que estaba enfermo y me dije: no voy a llamarlo para no molestarlo, pero mañana pasaré por su casa y le dejaré una nota. Pero su presencia persistió en el recuerdo.

Percibí con nitidez nuestro primer encuentro en la Habana, cuando acudió a las celebraciones del 26 de julio de 1967 y luego al Congreso Cultural, que debía ser el frente intelectual que debía sumarse a la guerra revolucionaria continental que Ernesto “Che” Guevara había comenzado con el primer foco guerrillero en Bolivia. Lo recordé como siempre, luego pude observarlo en los sucesivos años de nuestra amistad: amable, atento, sonriente y luego pasaba a una suerte de ensimismamiento, seguramente atesorando cada instante para convertirlo en recuerdo: porque Semprún era un protector de la memoria; del recuerdo y de eses atesoramiento de memorias está hecha su literatura. Y vuelvo a la pregunta: ¿por qué su recuerdo me acompañó todo ese día; cuál es el misterio de esa comunicación que se da más allá de la presencia física? Porque durante esas horas que su recuerdo me acompañaba en los metros y autobuses en los que me desplazaba por París, él estaba emitiendo sus últimos suspiros. Cuando por fin llegué a mi apartamento y encendí automáticamente el televisor, anunciaban que el “gran escritor español acaba (ba) de morir en París en su apartamento de la rue de la Université”, una calle vecina de la calle en la que yo vivo. Ya no iría a depositar la nota en su buzón.

 

Envuelto en la tragedia

Pese a su porte de hidalgo español, siempre conservó una agilidad y un talante de adolescente, tal vez porque siendo aún adolescente fue deportado al campo de concentración de Buchenwald por haberse sumando a la resistencia francesa contra los alemanes. Tal vez porque consideraba que su nacionalidad era la de un deportado de Buchenwald y que la historia le había evitado la crisis de adolescencia, que ésta le quedó como un signo de su persona.

Su historia personal es también la de los momentos más trágicos de la historia de Europa: con su muerte se pierde parte de esa memoria que supo transmitir como un legado indispensable. Vivió la experiencia de la Guerra Civil española, del totalitarismo nazi, luego, como miembro del Partido Comunista Español, del totalitarismo estaliniano. Nieto por parte de madre de Antonio Maura, presidente del Gobierno de Alfonzo XIII, su vida fue marcada por el exilio. Su padre fue diplomático de la República en la Haya; cuando estalla la guerra civil, éste se instala en París con sus hijos adolescentes: – Semprún quedó huérfano de madre, a los ocho años.

 

La sensación que se iría con él

Al ser ocupada Francia por los alemanes, el adolescente Semprún, estudiante brillante de filosofía en el selecto Lyceo Henri IV y de la Sorbona, se suma a la resistencia francesa. Arrestado por la Gestapo, torturado, es deportado a Alemania al campo de concentración de Buchenwald. No fue sino en 1963 que Semprún pudo escribir sobre su experiencia en Buchenwald. En su primera y fascinante novela, El gran viaje, narra el trayecto de Francia a Alemania en un vagón destinado al transporte de animales. Es una experiencia alucinante de cien personas que vivieron la experiencia del hacinamiento durante varios días: encerradas entre lágrimas, gritos y excrementos: algunos murieron durante el trayecto, esa experiencia prefigura lo que sufrirían quienes llegaron vivos a su destino. Luego en ¡Aquél domingo! Narra la vida en el campo de concentración. Pero es en La escritura o la vida, en donde él va más al fondo de la experiencia concentracionaria.

Es un domingo de invierno, un domingo que tiene vísperas y días pasados, que le sirve de trama para rememorar la experiencia de un adolescente en un campo de la muerte. Se trata de un ejercicio sutil, poético, en el que la memoria se despliega y se adentra en todos los vericuetos del ser, de las sensaciones, y del horror. Años después, Semprún declaraba en una entrevista que lo que no logró – y que nunca lograría transmitir mediante la palabra escrita, era el olor de carne quemada que se escapaba de la chimenea del horno crematorio en donde eran incinerados los prisioneros. Esa sensación se iría con él.

 

La metamorfosis de un sueño

Al ser liberado de Buchenwald por el ejército estadounidense, regresa a París y se adhiere al Partido Comunista Español del que es expulsado por divergencias ideológicas; experiencia que narra en la Autobiografía de Federico Sánchez, (1977) su primer libro escrito en español, pues Semprún, al igual que Beckett y Cioran optó por el francés como lengua literaria. En esta obra, en la que narra los incidentes que lo conducen a enfrentar el tribunal que se celebra para expulsarlo del Partido presidido por La Pasionaria y Santiago Carrillo. En esa misma obra, le dedica un capítulo a su experiencia en Cuba y a su único encuentro con Fidel Castro, percibiendo de manera ejemplar lo que era el castrismo. De esa experiencia que califica de “intercambio de vulgaridades inconsistentes” dice que “no piensa que sea necesario narrar esta única entrevista con Fidel Castro, reproduciendo ideas sobre la producción de cítricos”. Se debe aclarar, que la entrevista se realizó a las 2:00 de la mañana en el Estadio Nacional después que Fidel Castro terminó de jugar un partido de baloncesto.

En su libro ¡Aquel Domingo! le dedica un párrafo al castrismo y alude a que en la guerra civil los comunistas han sido eficaces, como “si el espíritu militar fuera consubstancial con el comunismo. Es mediante la guerra y el espíritu militar-y ponto militarista- que movimientos al principio alejados del marxismo, incluso opuestos a éste, como el castrismo y sus derivados latino-americanos, terminaron por encontrarse en el templo de la Santa Iglesia comunista, en los rangos marciales herederos del difunto mariscal Stalin”. Prosigue afirmando que el comunismo fracasó en todas las revoluciones que inspiró, pero fue brillante en algunas guerras decisivas. El fracaso de la revolución en el ámbito de la reconstrucción social, empuja ineluctablemente a la expresión de las armas, sean éstos soldados afrocubanos, árabes o amarillos interpuestos.

Para Semprún, Solzhenitsin le dio a la revolución rusa una dimensión de catástrofe histórica. Igual se puede afirmar de la de Cuba, igual hoy de la situación de Venezuela.

 
Elizabeth BurgosElizabeth Burgos

2 Comentarios

  1. Herminio Cuza said:

    Jorge Semprún fue kapo rojo al servicio de los nazis. Militó en el Partido durante 20 como chivato, estalinista furibundo y comisario cultural. Fue implacable con Carmen Laforet y le vetó su libro Nada en Francia.

  2. Renato Poncio said:

    Señora, Semprún no era “un adolescente en un campo de la muerte”. Cumplió 21 años en 1944. No era menor de edad y es plenamente responsable de haber mandado a la muerte a compañeros que no eran militantes comunistas. Semprún fue kapo, más exactamente, como señala su última biografía, autorizada por él, laboraba ” …en la oficina de Estadística Laboral (Arbeitsstatistik) … su tarea consistía en …confeccionar las listas para los destacamentos que trabajaban fuera del campo. Semprún …en un intento de salvar a camaradas y a otros resistentes de confianza, apuntaba a desconocidos a los durísimos y mortalmente peligrosos comandos de trabajo”. De esos trabajos que asignaba Semprún a los no comunistas, no se volvía.

Los Comentarios han sido cerrados.

Top