Confrontar o no confrontar

Argelia Rios

Argelia Ríos
Argelia.rios@gmail.com
@argeliarios

 

Hace falta una jerarquización desprovista de segundas intenciones…

No basta con proclamar su necesidad. Lo primero es definir de qué se trata una confrontación adecuada al momento actual. A estas alturas debería estar claro que cualquiera de ellas no sirve al propósito de perforarle a Chávez su base electoral. La oposición posee experiencia y cartapacios completos acerca de las conveniencias o no de algunas formas de combatir al Presidente y su “proceso”. Ciertos temas -como el del nacionalismo- fueron monopolizados hace tiempo por el Presidente. Es urgente diseñar un nuevo relato en torno a éste y otros asuntos, pero se requiere mucho más que voluntarismo: el tratamiento profesional fue y sigue siendo indispensable.

Por años, el país ha estado expuesto a una narrativa revolucionaria fundada en manipulaciones que tienen sustento en las creencias y lugares comunes más básicos de la mitología popular. Es inútil desconocer que todas ellas han sido reforzadas. Hoy, ciertamente, hay un único camino: la oposición está obligada a plantearse un duelo con el poder establecido y a prepararse con seriedad para darlo con éxito. El arrojo y el coraje no son ingredientes suficientes si sus contenidos están descaminados. Hay temas donde es obligante polarizar con Chávez y otros donde hacerlo significaría un despropósito.

En la antesala de la victoria del 26S no hubo el “cuerpo a cuerpo” que algunos sugieren por estos días. Esa victoria opositora fue el producto de una dura ofensiva en el plano de la denuncia sobre el desmadre de los problemas sociales. En esa oportunidad, la oposición tomó la delantera y lució superior a su contendor. Un buen contraste también representa una forma de confrontación: tal vez dos salvajes en el ring no sirve al objetivo de inspiración que el cambio demanda para imponerse. O quizá sirva, aunque, por lo visto, nadie lo sabe a ciencia cierta. Diferenciarse sí es importante.

No deja de ser desconcertante que este asunto no haya sido resuelto y que, al contrario, se encuentre todavía en el listado de asignaturas pendientes. Las discusiones públicas sobre el tema reflejan de algún modo el carácter improvisado de las luchas que se le han planteado al jefe bolivariano. Al mismo tiempo, son una demostración del estado y del funcionamiento de la Unidad, en cuyo seno -se suponía- serían dilucidados, con criterio estratégico, estos y otros tantos dilemas a los que se enfrenta y se enfrentará la oposición en el trayecto crucial hacia 2012.

Hace falta una jerarquización desprovista de segundas intenciones: años atrás, lo prioritario era la conexión con los sectores populares; hace unas semanas, el programa unitario. Ahora, un candidato con mano de plomo y verbo encendido… En realidad, nada de esto hace parte de la confrontación con Chávez, sino de la batalla interna. El verdadero duelo sigue pendiente.

 
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