El poder es el problema sustantivo

Nelson Acosta

La política es así
Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com

Este tema, por ahora, no es un punto primordial en la agenda de los partidos y movimientos que se agrupan en torno a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Para el oficialismo, por el contrario,  constituye su única oferta política. Me estoy refiriendo, desde luego, a la dicotomía o polarización entre centralización y descentralización.

Por ejemplo, la visión del gobierno es única. Provinciana, cargada de lastres autoritarios y paternalistas. Mirada desde la diversidad regional, su concepto de lo  nacional equivale a homogenización centralista y acartonamiento oficialista. De ahí su apuesta castrense y centralista expresada en estados mayores temáticos: vivienda, salud, seguridad, empleo etc.

En el otro extremo encontramos la apuesta democrática. Esta intenta superar las deficiencias del pasado y este modelo del socialismo del siglo XXI. Para lograr este doble cometido se hace necesario propiciar un debate sobre las autonomías políticas. Repensar al país en el marco de una lógica que propicie su descentralización y que lo conduzca hacia la consolidación  de estas autonomías. Desafortunadamente este tema es asumido por la oposición como algo tangencial. No lo percibe como la columna vertebral de su proyecto de país. Este déficit de apreciación explica el excesivo sesgo electoral que predomina en la conducta de la MUD. De ahí su gusto exclusivo por aspectos reivindicativos y el ejercicio de la denuncia. No logra ubicar estos temas en el marco de una visión de país diferente a la propuesta por el oficialismo.

Educación, seguridad, salud y empleo constituyen aristas de toda narración política. Igual sucede con los vocablos paz, progreso y bienestar. Su carácter abstracto facilita su comunicación y aceptación. Desde luego, en condiciones de normalidad política esta oferta es de fácil mercadeo y hace obligante el acento en los aspectos publicitarios. Sin embargo, en las actuales circunstancias esta conducta no discrimina en el ámbito político. No se traduce en un ofrecimiento distinto y competitivo en relación al ofertado por el gobierno. Carece de “pegada” y sintonía con lo que efectivamente sucede en la nación.

El problema sustantivo es el poder. Sólo democratizándolo  será posible dar repuestas a estos problemas crónicos de la sociedad venezolana. En este sentido las autonomías constituyen el eje de un nuevo discurso político que se diferencia y enfrenta a la vieja configuración del poder. Responsable de los problemas que angustian a los venezolanos.

La cotidianeidad envía señales que no deben ser ignoradas. Temas como el suministro de energía eléctrica y la situación dramática de las prisiones muestran con crudeza el fracaso del centralismo. Una narrativa alternativa debe desprenderse de abstracciones. Apuntar hacia lo sustantivo. Un nuevo esquema de distribución del poder: empoderar a las regiones y sus municipios. Sin dudas, el federalismo autonómico constituye el nuevo horizonte de la política en el país.


 
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