La crisis del empleo

Alfredo Toro Hardy

Alfredo Toro Hardy
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El desempleo está alcanzando proporciones épicas tanto en Estados Unidos como en Europa

 

El desempleo está alcanzando proporciones épicas tanto en Estados Unidos como en Europa y, sin embargo, gobiernos y autoridades de ambos lados del Atlántico parecieran ya haberse cruzado de brazos. En el primero llegó, durante el último trimestre, al 9,1% de su población en edad laboral, lo que equivale a 13,7 millones de personas. En la Unión Europea el promedio para el primer trimestre de este año se situó en 9,9%, alcanzando en casos como el de España al 21,3 por ciento.

Los datos anteriores no contemplan, sin embargo, dos elementos de la mayor importancia. En primer lugar, el impacto desproporcionadamente alto en relación a las poblaciones jóvenes. El caso de España ilustra bien esta situación, con un desempleo juvenil superior al doble del promedio nacional. En segundo lugar, el término desempleo es utilizado únicamente para cubrir a quienes buscan activamente un empleo sin poderlo conseguir. Ello excluye, por consiguiente, a quienes ya dejaron de hacerlo. Aquí caerían, entre otros, la legión de jóvenes que se han resignado a vivir con sus padres en medio del ocio.

La situación descrita tiene dos causas básicas. Una precede a la crisis económica, mientras la otra es resultante de ella. La primera es consecuencia directa de la creación de puestos de trabajo en los países en desarrollo a expensas de hacerlos desaparecer en el mundo desarrollado. No en balde desempleo y globalización pasan a convertirse en conceptos equivalentes para buena parte de las poblaciones de las naciones ricas. Un estudio reciente del Departamento de Comercio de Estados Unidos equipara el número de despidos de trabajadores en ese país, al número de puestos de trabajo creados en naciones de menores costos por parte de empresas norteamericanas (Straits Times, 24 mayo, 2011). Como resultado de ello su población y sus corporaciones evidencian cifras récord. La primera de desempleo. Las segundas de ganancias.

La otra de las causas responde a la crisis sistémica que hoy viven las economías de Estados Unidos y Europa, ante el fuego cruzado de una recesión que amenaza con volver y una deuda pública que aleja a sus países del favor de los mercados. Habiéndose intentado inicialmente la medicina keynesiana, gracias a la cual pudo salirse de la recesión, ahora se prioriza la austeridad como vía para recuperar la confianza de los inversores. En otras palabras, debiendo escoger entre empleo y disminución de la deuda, los poderes públicos de Europa y Estados Unidos han optado por lo segundo. Aunque Obama no se inscribe dentro de la tónica prevaleciente, es poco lo que éste puede hacer ante el control del Congreso por parte de los republicanos. Se cae así en el contrasentido de despedir masivamente a empleados públicos en medio de una crisis mayúscula del empleo o de elevar la edad de retiro laboral en momentos en que millones de jóvenes no pueden acceder al mercado de trabajo.

El costo del desempleo trasciende a los castigos electorales sufridos en países como Irlanda, España o Portugal, para erosionar seriamente la fe de los ciudadanos en la democracia y el capitalismo, tal como lo demuestran diversas encuestas.

 

 

 

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