Las cavilaciones

Mons. Baltazar Porras

MONS. BALTAZAR PORRAS
faustih@hotmail.com

Hay que hacer un gran esfuerzo para avanzar en la creación de una verdadera riqueza moral

 

Son tan contradictorios los mensajes generados por las recientes elecciones peruanas, que ponen sobre la mesa un tema ineludible: ¿Qué ética rige la política? Durante las últimas décadas se difundió mucho la idea de que la política era un arte sucio, por lo que todo político de oficio era catalogado como gente sospechosa, falto de moral. El resultado: saltaron a la palestra nuevos políticos, revestidos de ropajes inimaginables: desde gente de la farándula hasta predicadores de una moral puritana a nombre del pueblo oprimido. Ingenuos, sin conocimiento real del manejo de sociedades complejas o lobos revestidos de piel de oveja. Llegan al poder y hacen, sin rubor alguno, algo muy distinto a lo que anunciaron. Lo importante era amarrarse al poder; el pueblo y sus necesidades es la excusa para el asalto de una nueva clase para la que no existe otra moral que la de atornillarse en el poder.

Escoger entre el sida o el cáncer, dijo Vargas Llosa. Gana Humala, se desploma la bolsa y surgen los incrédulos de su nuevo discurso. El tiempo dirá quiénes tienen la razón. Pero queda claro que necesitamos de los políticos, al igual que no podemos vivir sin médicos o ingenieros. Pero queda pendiente definir bajo qué principios se pretende construir la sociedad. La mentira, la corrupción, el oportunismo o populismo no han sido jamás los que llevan a buen puerto a ningún colectivo. Sin virtudes ciudadanas claras y capacidades de diversa índole, nos estrellaremos en lo que no pocos gobiernos de este tercer milenio nos está mostrando: conflictividad social y atraso.

Aparecida nos alerta: se necesita mucha fuerza y mucha perseverancia para conservar la honestidad. Necesitamos realizar un gran esfuerzo para avanzar en la creación de una verdadera riqueza moral que nos permita orientar nuestro propio futuro.

 

 

 

 
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