Muerte en La Habana

JESÚS HERAS –

La Habana se ha convertido en un sitio donde se va a morir.

Hace unos años, tres o cuatro quizás, un viejo republicano español, a quien lo alucinaba la imagen de Fidel, desoyendo las súplicas de sus familiares, decidió viajar a Cuba a hacerse una sencilla operación de la vista.  Su cuerpo regresó sin vida. La muerte -especulan sus hijos- se produjo por alguna dolencia imprevista que no pudo ser tratada en el rudimentario centro asistencial al cual -con muchos otros- había sido remitido.

Su recuerdo me vino a la mente cuando este martes un medio de circulación nacional transmitió la noticia largamente diferida de la muerte del caballeroso contralor, Clodosvaldo Russián. Parece que la información había sido subida al portal de la Contraloría General de la República pero a los pocos minutos desapareció.

Lo anterior viene a cuentas por el misterio que ronda la enfermedad del Presidente, y por las especulaciones que se tejen en relación a las consecuencias que traería un desenlace fatal.

Hagamos un breve paréntesis. Hace unos meses un prestigioso centro de análisis estratégico con sede en Caracas invitó a personalidades del mundo político, académico y profesional, para analizar un tema no anunciado. Recordemos que para entonces el debate sobre la conveniencia de adelantar la escogencia del candidato opositor, era un tema candente. De allí lo enigmático de la convocatoria. Se pretendía medir reacciones espontáneas ante una hipótesis, hoy convertida en premonición: “Chávez ha hecho mutis. El año 2012 se inicia con una vacante en la primera magistratura. ¿Qué ocurriría en el plano electoral? ¿Cómo se produciría la transición? ¿Qué pasaría en el país?”

Las razones de esa vacante podían ser muchas. Se especulaba que dado el deterioro de su imagen, el Presidente podría acogerse a una salida negociada. También se rumoraba el deterioro de su salud. Pero lo que se pretendía explorar, no era el origen de la ausencia sino sus consecuencias.

Lo más interesante de aquella experiencia fue -en retrospectiva- que, al igual que ocurre ahora, a los asistentes les costó muchísimo sustraerse del ambiente polarizado en que vivimos o  imaginarse a una Venezuela sin Chávez, fenómeno similar -por cierto- al que debió vivir el país tras la desaparición del General Gómez, o al que vivió el pueblo norteamericano al producirse el colapso y  desaparición de la Unión Soviética. Las situaciones son diferentes pero, en su aspecto medular muy similares, porque se genera un gigantesco vacío de poder y se produce un súbito cambio de prioridades.

En el caso de Gómez, surgió la figura providencial de Eleazar López Contreras. En EE.UU., desconcertado por el cambio brusco del clima electoral que produjo el fin de la Guerra Fría, el  Presidente Bush fue derrotado fácilmente por una figura emergente, el inefable Bill Clinton.

Si la falta de Hugo Chávez fuese permanente, ¿qué ocurriría en Venezuela?

En el marco del misterio que rodea la enfermedad del Presidente,  no hay quien no esté pensando en la posibilidad de un desenlace fatal o en sus consecuencias… Pero Fidel es un maestro en estudiadas ausencias, y en La Habana se producen muertes… pero también resurrecciones.

 
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