NOTAS PELVIANAS

Carlos Blanco

CARLOS BLANCO

 

La enfermedad de Hugo Chávez –en caso de que sea cierta- es su problema. La enfermedad del presidente de Venezuela, a menos que sea resfrío por coger mucho sereno, es un asunto institucional y provoca la discusión inevitable sobre las razones e implicaciones de su ausencia. Puede mirarse la dolencia con cierto escepticismo dada la vocación por la aventura ficticia del personaje (atentados indocumentados, conspiraciones del imperio hechas con cañones de galleta, arrobos místicos teatrales, pasiones por los desamparados de la tierra las cuales desaparecen apenas se coloca el pie en la escalerilla de la nave burguesa); sin embargo, no ha de descartarse que el personaje haya abusado tanto del cuerpo que a duras penas lo contiene, que alguna venganza de células estresadas tenga lugar. Ocurre con frecuencia; las bacterias y los virus son tan oportunistas que no distinguen la ideología ni los hábitos de sus huéspedes. No es infrecuente el deportista que muere infartado con su corazón sano; ni el vegetariano al que la grama excesiva le pudre los divertículos.

Elías Jaua

Elías Jaua

Una de las peores pesadillas que el país había concebido en el amancebamiento con los déspotas cubanos ha ocurrido ahora sin que los cortinajes “de palacio” logren disimularla: Venezuela es un país gobernado desde Cuba. La dimensión de este hecho es de tanta gravedad que resulta inexplicable cómo no ha sido tomada por muchos dirigentes como una escandalosa situación institucional. No se trata de que el Presidente firme o no decretos desde allá sino del hecho de que gobernar es un acto social complejo, no es sólo decidir esto o aquello, sino debatir, considerar escenarios, asignar responsabilidades, evaluar impactos, reconsiderar efectos y otros eventos conexos. De manera que el Presidente, si está al mando, lo está con los jefes de otro país; si sus ministros están allá entonces no tienen capacidad de administrar la cotidianidad nacional. No se trata de estar “informados” a través del cable que compró Venezuela y administra la inteligencia policial cubana; estar informados es un requisito para gobernar pero no es la acción de gobernar.

 

Si el Presidente está de viaje por un par de días o una semana, sin duda puede tomar decisiones; pero si ha estado sometido a anestesia general, está a punta de antibióticos y calmantes, y no se sabe de qué va su recuperación, hay razones para cavilar. Dicho esto sin perjuicio de que de repente ocurra una recuperación milagrosa del Lázaro barinés y sus partidarios encuentren motivos para decretar una semana de fiestas patronales porque el que se iba a consumir en aras del pueblo sufriente no tuvo esa necesidad. Ya se saben los cuentos chinos de los mentirosos compulsivos. Por otra parte, es de desear que los hermanos cubanos no retengan al camarada más allá de su voluntad…

 

Cielo bajo

 

Uno de los temas más interesantes es la repercusión de la enfermedad presidencial en las filas del chavismo. La imagen de invulnerabilidad de Chávez se ha deshecho; el personaje, al final de los finales, es un ser humano frágil, cuyo vozarrón y autoritarismo no alcanzan a ocultar para siempre a un cuerpo abusado por los excesos. Antes el personaje había enunciado ciertas fallas humanas, como andar encaramado en un autobús y ser víctima de urgencias indignas de ser recogidas por la Historia Patria; pero sólo ahora la vulnerabilidad mórbida parece recorrerle las entrañas, lo cual lo divorcia de la imagen omnipotente que le habían atribuido como el Héroe Escarlata.

 

De pronto, Chávez brinda un motivo de reflexión: no es eterno; puede salir del juego por un período indeterminado e impredecible. El centro de todos los conflictos y alianzas en el sistema de poder actual, no está allí para lanzar a unos contra otros, para detener alguna intriga y generar una diferente. El sol se ha apagado temporalmente, sus subordinados pierden el centro de gravedad que los organiza en órbitas predecibles, ajenas a las colisiones. Los planetas, satélites, asteroides y cometas, empapados de polvo cósmico, ahora andan –aunque sea por pocos días- de su cuenta. Todos repiten como un mantra que el hombre en La Habana es el que manda; en realidad no puede hacerlo a cabalidad y el resultado es que nadie manda o, mejor dicho, todos meten su piececito como cuñas en la puerta para que no se cierre, porque, quién sabe. Obedecerle las rabietas a Chávez es una cosa, pero poner de acuerdo para ver quien decide en la fila de los sargentos, es otra. Dicho lo dicho, el vocero del Presidente ha sido Nicolás Maduro a quien algunos diputados rojos comienzan a considerar como un personaje que le ha cogido el gusto al poder y se le han contagiado algunos de sus hábitos. Más aún con la asesoría privada que tiene.

 

La declaración de Elías Jaua sobre su lealtad a toda prueba a Chávez es una confesión que nadie le había pedido. Lo único que se ha planteado es que si Chávez está fuera del país, inhabilitado en La Habana, lo lógico era que quien ocupara la vicepresidencia se encargara. Nadie estaba con la enloquecida idea de que Jaua era el timonel necesario frente a la eventualidad de un naufragio; más bien, se le comentaba como el solícito burócrata al cual la suerte puso en el siguiente escalón administrativo. Bastó que esto se dijera para que el interfecto se viera obligado a unas aclaratorias que oscurecen.

 

El punto ciego

 

Lo que no se quiere abordar porque tal vez sea tomado por los necios como “incitación al magnicidio” es que la ausencia de Chávez por un período impredecible implica la discusión de su reemplazo aunque, por ahora, no ocurra. ¿Quién puede sucederlo como líder? ¿Quién puede ser el sustituto de un personaje que concentra tanto poder en el puño? La respuesta es simple: nadie. Todo el que ha asomado la nariz se la ha mutilado, sin hablar de los que atrevieron a levantar la cabeza más allá de la altura de la alfombra y que andan como almas en pena, decapitados.

 

El caudillismo militarista de tanto concentrar el poder impide el relevo ordenado. La inexistencia de instituciones hace que este reemplazo no lo pueda hacer en Venezuela ni el partido de gobierno, ni la Fuerza Armada, ni la Asamblea Nacional; en ninguno de esos espacios hay desarrollo institucional, como por cierto sí hay en Cuba con los militares y el Partido Comunista. Es oportuno tener presente que Raúl Castro sucede a Fidel más que por ser su hermano, por su condición de jefe de unas poderosísimas –en raseros latinoamericanos- Fuerzas Armadas. Nada de esto existe en Venezuela. Véase si no, cómo un hombre de cierta preparación y experiencia como Alí Rodríguez no ha soportado los vaivenes del voltaje que, como a un artefacto viejo, le han fundido el motor.

 

La ausencia de Chávez ha revelado lo invasivo de su mando y lo precario de su equipo. Hombres antes destacados convertidos en bagazos incapaces de decir esta boca es mía no sea que el caudillo los decapite. Para el régimen, sin Chávez, la nada.

 

www.tiempodepalabra.com

 

Twitter @carlosblancog

 

Un Comentario;

  1. Gustavo Duque said:

    Me parece excelente tu análisis, no esperaba menos, pero te hago una pregunta: cual es tu opinión acerca de la sumisión del venezolano en permitir que estando incapacitado el presidente(por que si no se ha presentado úblicamente es por que está incapacitado) sigamos siendo gobernados por los hermanos Castro?. Yo opino que debemos elevar una voz al unísono que exija o la presenciao la renuncia inmediata del presidente chavez.

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