Ruégale a Dios y a Pegaso

La Pequeña Política

Espantapájaros
Avizor.uno@gmail.com

“Lo que por estar yo siempre en el mismo sitio, no veo y otros ven, lo trato de compensar pensando en lo que otros, por andar de rama en rama, quizás no alcanzan a pensar.”

Escrito para gente inteligente

 

Qué dolor me da, Águila Uno, verte allí, en La Habana, apoyándote para poder estar de pie, colgando tu ala izquierda del hombro del Condorte Raúl, y sujetada tu ala derecha por el Cóndor del Caribe, sí, el mismito que resucitaste al abrir el sarcófago de El Libertador, y que ahora se ve fuerte al lado tuyo, pálido pero fuerte. Treinta años te lleva el Cóndor… o sea que, dejando a un lado la niñez y la adolescencia, casi te dobla en edad.

Vueltas que da el mundo, Águila Uno, vueltas que da el mundo. Ayer era él quien estaba enfermo y ahora eres tú. Pero yo al menos tengo mi conciencia tranquila porque bastante te lo advertí. El Tiempo de Muda es sagrado para las águilas, y aquella que no respeta sus normas, se mantiene alejada y abusa de su salud, no logra pasar al siguiente estadio y se queda allí, medio renca, sin alas fuertes para volar, igualito que el caballo que, sin tener alas, cuando está viejo le dan sabana para que se cuide él mismo… hasta que Dios quiera tenerlo aquí.

Claro, conociéndote, sé que te consideras Pegaso, aquel dios mitológico que se parecía al caballo de Bolívar, blanquito él, solo que Pegaso tenía alas poderosas que lo hacían capaz de remontar las alturas a pesar de su inmensa corpulencia. Aquí te voy a dejar un retrato de Pegaso para que lo compares contigo mismo, ahora que te veo tuyío, con esa chaquetica tricolor ridícula para que la gente piense que eres todavía un carajito. Águila Uno, estás trastocado. Si te lo digo yo que tanto te aprecio porque tienes ganas y porque tienes plumas.

Claro, yo sobre ti tengo una ventaja grande. No solo por mi experiencia y los cinco soles que llevo en la charretera sino por la capacidad que me da mi largavistas mental y el don de la ubicuidad que me confirió el helicóptero virtual que me regalaron al ascenderme, los dueños de ABC, y me permite, al tiempo que cuido mis cosechas en el descampado, dejar que mi mente viaje, viaje, viaje sin cesar.

Yo no le quito la vista a la pelota

Los motivos de tu insomnio no han cesado, Águila Uno, son los mismos de los que te hablé la semana pasada. Sabes que al país lo manejan otros, incluyendo el Cóndor del Caribe y el Condorte, y también Ramirito, el condorito que maneja el largo cable submarino con el cual multiplicarán por cien la capacidad de espiarnos y de espiarte, al tiempo que se preparan para manejar a distancia el sistema electoral. Así no tienes pierde Águila Uno, no puedes perder la elección, claro, si no te dan sabana antes por los males que te aquejan, o porque ya se acabó tu misión.

Así le ocurrió a Julio César, no creyó en lo que el Espantapájaros de entonces le advirtió sobre los Idus de Marzo, cuídate le había dicho, y cuando llegó al Senado, Brutus lo sentenció. Tú tienes una ventaja grande, sin embargo, Águila Uno, porque -estudioso que de la historia eres- te adelantaste y eliminaste el Senado para que una celada no te la pudieran montar. Pero cuídate de los Idus, Águila Uno, que no solo ocurren en marzo sino también en mayo, julio y octubre. Porque no tendrás un senado, pero muchos Brutus sí.

Pero estoy desvariando. Lo confieso. La verdad es que cuando me pongo a pensar en tantas cosas a la vez, recorriendo el tiempo y los espacios, me enredo e igual estoy en el presente que avanzo confiado hacia el futuro, sí el futuro, y observo de cerca lo que va a ocurrir. Dispénsenme, pajarracos amigos y pajaritas queridas, por las “pajareadas” de mi mente. Pero no se equivoquen, jamás le quito la vista a la pelota. Siempre estoy pendiente de Uds. y también de mis cosechas.

¿Donde está el Presidente?

Mandan los chinos, los iraníes; Cano desde la montaña en que se oculta manda; mandan los narcos y manda el Cóndor, con todo y que su hermano es ahora el “Jefe del Partido”. Todos mandan, pero a quien el pueblo busca y a quien reclama es a ti.

Ya vi a esa pobre mujer desesperada en la cárcel de El Rodeo, cerquitica de Caracas, gritando “¿Dónde está el Presidente, dónde está el Presidente?”, porque como tú les has hecho ver a todo el mundo que solo tú mandas, aunque no mandes ni en tu propia casa, te has convertido en responsable de todo.

Claro, tú eres muy avispado. Para desviar la atención, comienzas a culpar a otros. Si no hay vivienda, la culpa es de los empresarios. No has hecho nada, pero sabes prometer y la gente se cuelga de la esperanza que tú en ellos despiertas. Pero ¿como los vas a hacer creer en aquel Águila Uno poderoso, cuando ahora andas renco y tuyío, y estás tan lejos de aquí, cuando ni voz te queda para cantar, recitar versos o darles un largo discurso?

Las cosas se complican, Águila Uno, y tú mismo las has complicado. Te ayudo a hacer memoria de algo que hiciste hace varios años y a los mejor no recuerdas. Cuando la gente de PDVSA se alzó y se acabó el gas, la gente en los cerros de Caracas estaba desesperada porque no podía cocinar. Entonces tú tuviste una gran idea. Les cambiaste las estufas a gas por cocinitas eléctricas, seguro de que con la Electricidad de Caracas, nunca la corriente eléctrica les faltaría. Pero después nacionalizaste la empresa y pusiste a tu gente a manejarla, y nada pasó. Total que con el tiempo, el Cóndor te advirtió que debías someter a tu gente. Que los venezolanos eran muy libertarios y alzados, que había que controlarle el pico, tú me entiendes, controlarles el pico porque quien controla el estómago, controla al pueblo. Y empezaste a avanzar en esa dirección. Controlar la cadena alimentaria era fundamental, desde las fincas, para que todo el mundo dependiera de las importaciones de alimentos que con dólares preferenciales las manejarías tú, y luego seguiste con las fábricas procesadoras de alimentos y las grandes cadenas de supermercado. Pero era una tarea muy lenta y muy difícil.

Las cocinitas

Así que un buen día, el Cóndor te llamó y te dijo, tienes que someter a la gente a punta de apagones. Y le explicó, como hoy lo explica el pajarraco Ochoa en su columna, le explicó cómo en la guerra un objetivo fundamental es bombardear las plantas de generación eléctrica para desmoralizar a la población. Tu guerra, por ahora, le dijo el Cóndor, es interna. Tú tienes que someter a tu propia gente si después quieres someter al Continente. Y así, lo que había comenzado por descuido y después porque cayeron los niveles de agua de los ríos, se fue convirtiendo en una estrategia ex profeso dirigida a desmoralizar a la población.

Pero no lograste controlar suficientemente el suministro de alimentos. Allí fallaste, Águila Uno. Pero con lo de la electricidad tremendo éxito tuviste. Ya no tienes cómo suministrar electricidad al país, los apagones son cada día más frecuentes… pero ahora se te presenta un problema.  Contrario a lo que pensaba el Cóndor, los venezolanos no se terminan de desmoralizar. Piensan que con ese tonelaje de dólares que te está entrando, todo lo puedes arreglar.

Por eso en el Rodeo, y en toda Venezuela, la gente cada vez que hay un problema, grita “¿Dónde está el Presidente? ¿Dónde está el Presidente? No sé cómo vas a resolver ese problema Águila Uno, eres responsable de todo y ahora estás lejos y enfermo. Y para colmo las cocinitas, sí, las cocinitas.

¿Qué vas a hacer, Águila Uno, cuando haya gas y alimentos en abundancia, pero no corriente eléctrica en los cerros de Caracas?

Águila Uno, ruégale a Dios que te dé larga vida, y a Pegaso que te dé alas muy fuertes para poder volar.

 
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