CHINA TAMBIÉN SE INDIGNA

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos
eburgos@orange.fr

El modelo chino de control social estaría en crisis.  Las revueltas que están estremeciendo a China ya han trascendido a los medios occidentales y no deben sorprender a nadie.  Todo parece indicar que el consenso sobre el cual el Partido Comunista Chino logró establecer un equilibrio para desarrollar el espectacular despegue de su economía, está mostrando grietas y la estabilidad impuesta por el poder, está en entredicho.

Pese al control estricto de Internet y de los corresponsales extranjeros para impedirles informen sobre los que sucede en China, el eco de las revueltas que están estremeciendo al país han trascendido a los medios occidentales.  El poder Chino muestra preocupación ante la posible contaminación de las revoluciones árabes y la de los movimientos de los “indignados” de España, y ahora de Grecia.

Las revueltas chinas no deberían sorprendernos.  Es bueno recordar que antes que en la plaza Tahrir del Cairo, hoy convertida en símbolo de la lucha contra el totalitarismo, la primera que adquirió fama mundial fue la plaza Tian’ammen de Pekín, sede de la primera manifestación masiva conocida contra el régimen totalitario comunista, reclamando democracia. La revuelta que se sale de los parámetros habituales – porque tuvo lugar en el contexto de un régimen democrático- fue la de Tlatelolco en 1969 en México que terminó con la matanza de los manifestantes, en su mayoría estudiantes.

En Túnez y en Egipto la revuelta logró derrocar dictaduras consideradas como  absolutamente estables, al punto de que los regímenes más  democráticos del planeta mantenían relaciones exentas de conflicto, en particular con EEUU y con Europa, puesto que sus respectivas sociedades parecían haberse plegado dócilmente a su suerte.  De igual manera sucede ahora en Libia y en Siria, en donde, pese a la terrible represión contra la población, la protesta continúa.

Habría que analizar las diferencias entre el totalitarismo comunista y el que no se inspira en la trama ideológica leninista-estaliniana, para comprender el enigma de ¿por qué en Cuba, pese al descontento generalizado de la población, tras más de medio siglo de totalitarismo la sociedad no se rebela? En la naturaleza del y en la técnica de control y de represión debe estar la clave.

Parece indispensable conocer la verdadera naturaleza de una dictadura para llevar a cabo una oposición que sea eficaz: es precisamente en ese punto que la oposición a los regímenes leninista-estalinianos parece fallar.  Sin embargo, el manifiesto auge económico que ha experimentado China, no es ajeno al despertar de la lucha de clases que hoy se expresa en el seno de la segunda potencia mundial.

Según recientes despachos de prensa, el modelo chino de control social estaría en crisis.  Todo parece indicar que el consenso sobre el cual el Partido Comunista Chino logró establecer un equilibrio para desarrollar el espectacular despegue de su economía, está mostrando grietas y la estabilidad impuesta está cediendo.  Cada día llegan más y más ecos de expresiones de violencia, de incendios de automóviles, de revueltas de obreros que devengan al mes lo que cobra una ayudante doméstica por hora en Francia.

Las manifestaciones silenciosas están cobrando un carácter violento. Así como cuando en Túnez, el suicidio del joven maltratado por la policía fue la “chispa que encendió la pradera”, según la célebre frase de Mao, en China las protestas se han tornado violentas tras la agresión de la policía a una vendedora ambulante que además estaba encinta, desatando una indignación general.

Los signos de descontento se manifiestan en las más variadas capas de la sociedad.  Las minorías étnicas manifiestan su cansancio por la represión a la que son sometidas, igualmente los grupos religiosos.  Los agricultores que abandonaron el campo, al llegar a la ciudad se convirtieron en los marginados del sistema, mientras la clase burguesa emergente se siente incómoda sometida a su papel de ente pasivo.  En Guangdong, centro de la producción destinada a la exportación, las revueltas ya no se pueden ocultar, y los suicidios de trabajadores sometidos a cadencias de trabajo infernales se multiplican.

YB, Think Tank del gobierno chino elevó un informe en el que expone que “si las poblaciones desplazadas del campo no son absorbidas por la sociedad urbana y no se le otorgan las condiciones de vida que merecen, los conflictos no cesarán”.

Las expresiones de descontento inciden sobre la filosofía del Partido-Estado: la de la “preservación de la estabilidad”, para dejarle manos libres a  su carrera de gran potencia industrial.

Otro elemento que suscita la indignación, es la intoxicación de miles de niños en varias provincias del país, debido a la contaminación de plomo.  Niños a los que se les niega atención médica, o a los se exponen a la contaminación, falsificando los exámenes médicos para impedir que un problema de  salud le ponga freno a la producción.  Esos niños están condenados a sufrir anomalías físicas y mentales; como en las mejores épocas del capitalismo salvaje…

Rara vez una población permanece dócil ante el vasallaje. ¿Estaremos al borde de ver en China el relumbrón de “La chispa que encenderá la pradera”?

Versión editada

 

 

 
Elizabeth BurgosElizabeth Burgos
Etiquetas ,

Artículos relacionados

Top