El Coliseo sigue

Alejandro Tarre
atv1975@gmail.com

 

Muchas cosas ocurren en las cárceles venezolanas, pero la práctica de “El Coliseo” en la cárcel de Uribana en el estado Lara es quizá la más espeluznante.

Consiste en un combate que pretende evocar las antiguas luchas de gladiadores romanos.

Los reclusos se reúnen en el patio de la cárcel en un círculo. En el centro los elegidos por la máxima autoridad penitenciaria (un preso) pelean con chuzos, mientras los otros observan, aplauden o esperan su turno para combatir y quizá morir.

El juego tiene reglas claras: no están permitidas las armas de fuego; las cuchilladas en la cara están prohibidas; sólo se puede atacar en los brazos, las piernas y el pecho.

“El ambientes es como el de una corrida de toro,” me dice Carlos Nieto, director de la ONG “Una Ventana para la Libertad,” quien ha visto videos de esta práctica primitiva. “Solían ser los lunes o los miércoles en la madrugada, pero ahora creo que no tienen horario”.

Estas peleas, que se iniciaron en 2008, comenzaron como “entretenimiento,” pero luego se convirtieron en un mecanismo salvaje para ganar poder y dirimir conflictos (incluyendo meras deudas económicas). La participación no es opcional. Si el líder decide que un recluso debe pelear, a ese recluso no le queda sino obedecer.

 
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