LA GRAVEDAD ESTA AQUÍ *

 

Alberto Barrera Tyszka

Alberto Barrera Tyszka
abarrera60@gmail.com

El problema no es que el Presidente tenga averiada la pelvis, que se haya hospitalizado en Cuba, que no se sepa bien cuál es con certeza su estado clínico. La tragedia nacional es que, nuevamente, estamos ante un Gobierno que hace lo que dijo que no iba a hacer jamás: hipotecar el país.

A mí no me preocupa que el Presidente se haya operado en Cuba y que todavía se encuentre recuperándose en algún hospital de La Habana. No hay que indignarse ni escandalizarse por eso. La oposición, desde el principio, ha debido quedarse callada. Mandar algún saludo de recuperación, tal vez. Cantar en coro “sana, sana/ culito de rana”, si acaso y con cariño.

 

Nada más

Tenemos un Presidente que siempre anda buscando convertirse en mártir de algo, de alguien, de lo que sea. No puede ver un papel de víctima desocupado porque lo agarra de inmediato. Por eso, a veces, lo mejor es el silencio. También hay que dejar que la realidad haga su tarea.

Seamos francos: tampoco es un orgullo tener una infección en la pelvis. No es algo glamoroso, tampoco es particularmente aguerrido. El rabo, por lo general, no da para ese tipo de leyendas. Se presta, además, para que haya más de un ocioso buscando rimas impertinentes, haciendo chistes tontos.

Tampoco el relato oficial es demasiado convincente. Suena muy raro el cuento de que todo fue un imprevisto, fíjate que estaba yo con Fidel, y Fidel que es un gran observador, de pronto se dio cuenta de que me pasaba algo y mandó llamar de urgencia a sus médicos. Casi parece una historia de ciencia ficción. Fidel ahora también es Doctor House. No hace falta que nadie le añada nada. La simple anécdota, contada por el propio Presidente, suena extravagante.

No luce fácil, además, convertir todo esto en una gesta heroica. Ya hubo un primer y tímido intento de convocar a una concentración en solidaridad con el Presidente. Al parecer, no tuvo demasiado éxito.

Ya, por supuesto, dentro de la previsible pero eficaz estrategia comunicacional del Gobierno, la retórica oficial comenzó una campaña de denuncia de la medicina privada. Pero no parece sencillo que puedan ir más allá. De seguro resultaría muy extraño que pretendan inaugurar una etapa de épica pélvica. Por más recursos que tengan, no van a quedar bien si organizan una gran recepción para recibir al comandante que vuelve de una gran batalla, entre rudas gasas y afiladas jeringas, en contra de las bacterias enemigas.

Por otro lado, todo hay que decirlo, no han sido tan fatales estos días de hospitalización habanera. Quizás, para alguna gente, incluso es importante darse cuenta de que el país vive, tropieza, sigue existiendo, sin tener esa presencia que puede, a cualquier hora, irrumpir e invadir todo el espacio radioeléctrico. Ahora ni siquiera hemos tenido esas clásicas cadenas que nos zampan cada noche, cuando el Presidente está en una de sus giras internacionales. Izarra ha podido inventar uno de esos micros diarios con un registro cotidiano de las actividades del comandante: a las 6:00 de la mañana vino la enfermera y le tomaron dos muestras de sangre. A las 10:00, en medio de una calurosa bienvenida, asistió a una cita con el urólogo, donde el líder de la revolución bolivariana aprovechó, además, para conversar informalmente con una brigada de enfermeros. A las 4:00 de la tarde, recibió la visita de Fidel Castro y, con andaderas y en compañía de dos paramédicos, salieron juntos a tomar un poco de sol. La recuperación avanza a paso de vencedores.

La verdadera gravedad

El problema no es que el Presidente tenga averiada la pelvis, que se haya hospitalizado en Cuba, que no se sepa bien cuál es con certeza su estado clínico…  El problema real es que haya firmado y promulgado una nueva Ley de Endeudamiento. No importa si lo hizo en Moscú o en el Palacio de Miraflores. No importa si tenía tos o le dolía el páncreas. La tragedia nacional es que, nuevamente, estamos ante un Gobierno que hace lo que dijo que no iba a hacer jamás: hipotecar el país, endeudarnos a todos.

La transparencia que el Gobierno les debe a todos los venezolanos no tiene que ver tanto con la salud del Presidente, quien finalmente es dueño de su cuerpo, sino con el dinero público que sí nos pertenece a todos los venezolanos. El presupuesto nacional también necesita urgentemente un quirófano. Todos tenemos derecho de saber, de manera puntual y exacta, qué ha hecho y qué está haciendo el Gobierno con el excedente petrolero ¿Cómo y de qué manera se han gastado y se gastan los miles de millones de dólares que recibe el país? ¿Por qué si la revolución nos salvó de la crisis del capitalismo mundial, en lo que va de año Pdvsa se ha endeudado por más de 6 millardos de dólares? La firma en La Habana sólo es una metáfora. La enfermedad es mucho mayor y está todavía más oculta. Aquí.  Entre nosotros. En un Estado que no rinde cuentas de nada. En un Gobierno que está vendiendo la salud de nuestro futuro.

 


* Titulo original es el antetitulo

 
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