La pobre lechosa

Rodolfo Izaguirre

RODOLFO IZAGUIRRE
izaguirreblanco@gmail.com

 

Mirta Roa quedó estupefacta cuando asumí un porte marcial y canté con patriótico entusiasmo: “¡Paraguayos, república o muerte! Nuestro brío nos dio libertad; ni opresores ni siervos alientan donde reina unión e igualdad”.

No podía creer que un caraqueño supiese el himno de aquella “isla rodeada de tierra” como la definió Augusto Roa Bastos, su padre, el celebrado autor de Yo, el Supremo al referirse a Paraguay. Expliqué (¡lo he hecho muchas veces!) que estudié en la Escuela República del Paraguay y por ser alumno destacado me tocó decir, como si fueran mías, las lamentables y laudatorias palabras de bienvenida escritas por el director de la escuela y aprendí el himno cuando el general Higinio Moríñigo, presidente paraguayo, visitó la escuela en compañía de Isaías Medina Angarita, mi presidente demócrata. Higinio resultó ser un odioso personaje y yo me convertí, a partir de entonces, en un alumno rebelde para evitarme futuros encuentros escolares o de cualquier otra naturaleza con caudillos y dictadores.

¡Hay himnos que arrastran historias! El de Paraguay es tan largo que no se puede cantar completo. La Bayamesa incita al combate: “Corred bayameses que la patria os contempla orgullosa; no temáis una muerte gloriosa, que morir por la patria es vivir”. Sin embargo, desilusionados por el destino que corrió esa patria bajo la prolongada satrapía de los hermanos Castro, hay cubanos que han alterado el último verso y, en lugar de morir por la patria es vivir, dicen que vivir por la patria es morir. En todo caso, resultó más convincente la versión que dio Aníbal Nazoa del verso de Horacio: Dulce et decorum est pro patria mori: “¡Era de Coro el muchacho que mataron en Propatria!”.

Los colombianos tienen que sostener ya en el primer verso el peso retórico de una “gloria inmarcesible” que el venezolano Larry Tovar Acuña, haciéndose pasar por colombiano, no supo cantar al ser detenido por las autoridades; y en su edición del 25 de enero del presente año El Nacional comentaba que los peruanos quieren más gloria y menos opresión en un himno que arrastra una pesada carga de patética conformidad a fin de resaltar ahora la presencia de una economía emergente que consideran floreciente hasta que Humala revele su verdadero rostro militar y acabe con ella.

¡Hay todo un revuelo! En Canadá piden que su himno respete los derechos de la mujer; en Rusia, el Partido Comunista exige que se elimine a Dios y sea sustituido por “Nosotros”; en Afganistán y en el Nepal se están corrigiendo las respectivas letras y hay quienes critican en Estados Unidos el carácter belicista de The Star-Spangled Banner y piden sustituirla por una canción popular llamada “America the Beautiful”.

Entre nosotros, Rafael Cadenas y su hermano Che María verían con agrado que se suprimiera ese “abajo cadenas” que se canta con tanto énfasis y tan reiteradamente en nuestro himno; y en lo personal yo pediría eliminar lo de “el pobre en su choza” que me hizo cantar equivocadamente hasta los 14 años: “La pobre lechosa libertad pidió”, y me parecía natural que la pida una lechosa en un país tan disparatado en el que puede prosperar un desatino como el chavismo que tanto gusta de perseguir a quienes disienten de él. Hay riesgos que corremos con una nueva letra: a) Que el bravo pueblo no sea bravo sino bolivariano. b) Que comience o termine con un “por ahora”. c) Que llamen para escribir la nueva letra al poeta Isaías Rodríguez o al gobernador de Anzoátegui.

Considerando el hecho de que los militares venezolanos y otros andan fuera de sus cuarteles metidos en política, finanzas y bodas espectaculares es de esperar que la nueva música, en lugar de la bobalicona canción de cuna original, arrastre los ecos guerreros y jubilosos que jamás se oyeron desde el Museo Militar.

@ELNACIONAL

 
Rodolfo IzaguirreRodolfo Izaguirre
Top