CHÁVEZ EN MAIQUETÍA

Manuel Felipe Sierra

FÁBULA COTIDIANA
MANUEL FELIPE SIERRA
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 A las 2:30 am del lunes 04 de julio, una nave de Cubana de Aviación pidió pista en la rampa 4 del Aeropuerto Internacional “Simón Bolívar”. Sorpresivamente, Hugo Chávez llegaba al país para despejar dudas sobre su presencia en la celebración del Bicentenario de la Independencia. Mientras bajaba del avión cantaba el vals “las bellas noches de Maiquetía”. A las cinco de la tarde se dirigió a sus partidarios desde el balcón del pueblo en Miraflores y luego atendió compromisos protocolares.

Fernando Lugo, Hugo Chávez, Evo Morales y José Mujica.

Al día siguiente desde Miraflores siguió los actos organizados a propósito de la fecha y presidió vía satelital el desfile militar de Los Próceres. Atendió además a los presidentes Evo Morales de Bolivia, José Mújica de Uruguay y Fernando Lugo de Paraguay, y regocijado elogió en la noche un concierto bajo la batuta de Gustavo Dudamel. ¿Por qué Chávez alteró abruptamente el régimen de recuperación impuesto por los médicos cubanos después de dos delicadas intervenciones quirúrgicas, anunciadas por él mismo? ¿La Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELALC) prevista para los días 5 y 6 en la Isla de Margarita no fue acaso cancelada invocando razones de salud? ¿Privaron razones de última hora que justificaban su urgente presencia en Caracas?

 A ciencia cierta no se conoce un diagnóstico médico sobre la salud del mandatario. Lo que sería una información elemental en una nación democrática, en el contexto de los totalitarismos, se considera un “secreto de Estado”. Después de 5 años, nadie tiene certeza todavía sobre las causas que provocaron el retiro de Fidel Castro del mando de la revolución y que en algún momento llegaron incluso al anuncio de su muerte.

 Hasta ahora, la versión al alcance de los venezolanos es la historia contada por el propio Chávez, quien por lo demás, dice basarse en los reportes que a la vez le suministró el mismo Castro. Lo que se desprende de ella, sin embargo, es que se trata de un cuadro de salud delicado que exige una estricta convalecencia bajo atención médica. En un país democrático la salud de un gobernante preocupa a la población pero no tendría porqué sugerir un impredecible vacío de poder. La actual presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, siendo candidata enfrentó un cáncer y ello de ninguna manera arruinó su proyecto electoral. El presidente paraguayo Fernando Lugo viaja con frecuencia a Brasil para un tratamiento también para una dolencia generalmente terminal. Napoleón Duarte en El Salvador, Hugo Banzer en Bolivia y ni hablar de François Mitterrand en Francia, ejercieron funciones de gobierno con cuadros de salud seriamente resentidos.

 En el caso de Chávez la situación es distinta. El modelo bolivariano o del socialismo del siglo XXI reposa en un liderazgo unipersonal y omnímodo, lo que implica que la ausencia temporal o prolongada de su conductor tenga impacto directo en términos de gobernabilidad. A ello se suma un factor adicional: Chávez expresa en buena medida una imagen que traduce energía, combatividad  y arrojo, la cual exige un enorme esfuerzo personal además de sobreexposición mediática. Al mismo tiempo, Chávez es y nunca ha dejado de ser candidato presidencial. No es lo mismo la enfermedad de un mandatario a quien le resta año y medio de gestión que la de uno que además de completar el período constitucional, se propone asumir nuevas responsabilidades por los siguientes seis años.

 Sobre esta base,  la salud de Chávez más allá del cuadro clínico asume un interés y una importancia política especial. De allí que el anuncio de las intervenciones quirúrgicas habaneras y el plan de su recuperación plena trasciendan el ámbito estrictamente privado y se conviertan  en un tema de interés colectivo. Como si todo ello fuera poco, las interrogantes que abre la salud presidencial se vinculan con el cuadro extremadamente crítico que vive el país. Los problemas sociales, la delincuencia, el deterioro de los servicios públicos, los apagones eléctricos, el deterioro de la vialidad y la ineficiencia del aparato gubernamental se han agravado en los últimos meses, mientras que las políticas económicas no arrojan resultados capaces de estimular la inversión y la confianza si no todo lo contrario. Sin contar la creciente conflictividad social que envuelve a la nación. Todos estos elementos configuran de hecho un vacío de poder y generan la sensación de que éste incluso ejercido de manera autocrática y abusiva, ha sido incapaz de imponer el orden y transmitir seguridad a la población.

 Habría que imaginarse el cuadro nacional si a ello se suman las limitaciones físicas de quien ha reposado la tarea de encabezar un proceso político que promete la reconstrucción nacional sobre nuevas bases. El regreso de Chávez por lo pronto desvanece la necesidad de apelar a las disposiciones constitucionales para ausencias temporales o definitivas. Ello por sí solo atenúa la tensión política que se vivió en las últimas semanas. Pero de ninguna manera el episodio queda cancelado, Chávez deberá observar un tratamiento riguroso que reduciría su ritmo de trabajo y que podría influir decisivamente en relación a su propósito reeleccionista para el 2012. Dos variables que supondrán necesariamente cambios en el escenario político y electoral a corto plazo.

 
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