El ABC de Gideon Rachman – Columnista jefe de la sección internacional del ‘Financial Times’

OCCIDENTE HA ENTRADO EN UNA ERA DE ANSIEDAD

El mundo vive un gran desplazamiento de poder de Oeste a Este. A la pujanza de Asia se opone la fragilidad de Europa y EE UU, debilitados por la crisis. “Una situación inestable”, alerta el periodista del diario británico.

El mundo experimenta un vertiginoso desplazamiento de su centro de gravedad hacia Oriente. El extraordinario crecimiento del Este asiático fuerza nuevos equilibrios de poder, un acontecimiento de por sí traumático para Occidente y ahora agravado por la crisis económica que azota Europa y Estados Unidos, minando su confianza en sí mismos y en el futuro. “Los ciudadanos y las naciones occidentales han entrado en una era de ansiedad. En Oriente, en cambio, hay confianza.

En este escenario se produce un gran movimiento de poder de oeste a este. No es una situación imposible de gestionar, pero es sin duda una situación inestable”. Esta es la lectura del gran pulso geopolítico del siglo XXI que ofrece desde Londres Gideon Rachman, columnista jefe de asuntos internacionales del diario Financial Times desde 2006. Antes de aterrizar en el FT, Rachman, de 47 años, fue Charlemagne, el seudónimo con el que se firman las influyentes columnas de opinión sobre Europa de The Economist . Acaba de publicar Zero-sum world , un libro en el que precisamente analiza la transición de la “era del optimismo” -que Occidente vivió tras la caída del muro de Berlín- a la actual. La de la ansiedad.

Foto: CARMEN VALIÑO Gideon Rachman, en su despacho del diario Financial Times , en Londres.

El mundo vive una época de cambios extraordinariamente rápidos. ¿Cómo será el próximo orden mundial? ¿Será más una suerte de G-2 (con EE UU y China al mando) o un G-0, es decir, un caótico cuadro de relaciones internacionales entre potencias de varios tamaños?

Hay elementos de verdad en ambos conceptos, pero ninguna de las dos ideas describe exhaustivamente lo que pasará. El concepto G-2 captura una noción indiscutible: EE UU y China son ahora las potencias más importantes, y previsiblemente lo serán durante las próximas dos décadas o más. Pero no pienso que sean capaces, o incluso que deseen, dirigir el mundo en una suerte de duunvirato [alianza de dos líderes]. Son demasiado diferentes en sus sistemas políticos. En todo caso, pese a ser los dos principales países, incluso ellos no son suficientes para cubrir todo. Pienso, por ejemplo, en la proliferación nuclear o en el comercio internacional… Aunque EE UU y China llegaran a un acuerdo, habría que tener en cuenta a otros actores indispensables. Entonces aquí nos acercamos a la idea G-0. Ya no tenemos superpotencias tan dominantes como para empujar siempre al mundo entero en la dirección deseada. Al contrario, vivimos en un mundo con muchas potencias de tamaños ligeramente diferentes, que unidas pueden alcanzar masas críticas suficientes para bloquear. No hay equilibrios internacionales obvios.

¿Es inevitable que Europa se convierta en un lugar agradable para vivir pero irrelevante en el escenario mundial?

Depende de cómo definamos la irrelevancia, ¡pero en todo caso creo que a muchos europeos no les importaría! La UE se enfrenta a muchas limitaciones, y una de ellas es que no hay ninguna clara voluntad de los europeos para ser una superpotencia. Los eurócratas y diplomáticos en Bruselas dan por descontado que eso es lo que Europa debería intentar ser. Pero el ejemplo alemán define bien este asunto. Alemania es la principal economía de Europa. Sin embargo, como actor geopolítico, vemos cómo Berlín se abstuvo en la resolución sobre Libia, cómo no gasta mucho en Defensa… creo que es un reflejo no tanto de lo que quieren los líderes alemanes, sino de lo que quiere la ciudadanía. Y en cuanto a ser un lugar agradable para vivir, la cuestión es si seguirá siéndolo. Habrá que ver si logramos poner bajo control la situación económica.

En este cuadro de crisis, los europeos parecen responder confiando en partidos de derecha. ¿Estamos entrando en una fase prolongada de derechización, o es simplemente un voto de castigo a partidos de izquierda que estaban en el poder?

Yo sí creo que hay una dinámica contra la izquierda. Es interesante, y quizá sorprendente, después de una gran crisis financiera, de una crisis capitalista. El primer instinto sería esperar que la izquierda sacara partido de ello, pero no ha sido el caso. Y los retrocesos que sufren los Gobiernos de derechas van a favor de partidos más de derechas todavía, nacionalistas, populistas. Pienso en Finlandia, Holanda, Francia. La extrema izquierda, en cambio, está muerta. Y el centroizquierda no puede ya realmente ofrecer una alternativa al capitalismo, porque durante los últimos 20 años de expansión ha predicado una socialdemocracia que se basaba en el capitalismo.

¿Está la crisis erosionando el poder de atracción de las democracias mientras el del modelo chino se consolida?

Es un factor que podría tener un impacto. Es cierto que entre los setenta y los noventa ha habido una ola de expansión de la democracia -en Europa occidental, en América Latina, en Europa del Este-, pero en la última década ha habido un estancamiento. Ahora, mucho depende de lo que ocurra en Oriente Próximo. Si se consolida en al menos un país una democracia inspiradora, por ejemplo en Egipto, entonces todo Oriente Próximo podría ser la siguiente ola. Pero creo que hay que subrayar una cosa: aunque visto desde Europa el régimen chino pueda parecer fuerte, merece la pena fijarse en el pánico con el que ha reaccionado a la ola de revoluciones árabes, con arrestos de disidentes, cortes a Internet. Fue una clara muestra de falta de confianza.

¿Las sangrientas represiones perpetradas por Muamar el Gadafi en Libia y Bachar el Asad en Siria congelarán la primavera árabe?

Hay un riesgo real. Bahréin es otro ejemplo. Reprimieron y ahí siguen. Ha sido eficaz. Los dictadores de la zona sin duda se habrán fijado en que los que han caído son aquellos que no dispararon masivamente contra la gente en las calles, aquellos que dejaron entrar a periodistas extranjeros. Los líderes de Libia, Siria, Bahréin, en cambio, optaron por la violencia, y siguen en el poder. Pero probablemente estamos en el primer año de un proceso que se desarrollará durante varios años. Pero sobre todo es fundamental lo que ocurre en Túnez y Egipto. Si estos países logran establecer democracias exitosas, por mucho que Gadafi y Asad resistan, habrá un ejemplo permanente en la cercanía mucho más atractivo.

¿Cree que América Latina logrará liberarse del populismo en los próximos 10 o 20 años?

Creo que está yendo en esa dirección. Acabo de estar en Perú, en donde han elegido a un presidente preguntándose si se va a convertir en el siguiente mandatario populista latinoamericano. No sabemos lo que hará Humala. Pero fue interesante para mí hablar con sus asesores. “Hemos mirado a Venezuela, hemos mirado a Brasil. Y nos parece evidente que Brasil es un país mucho más exitoso. Entonces, si ganamos, miraremos a Lula, no a Chávez”, me dijeron. Pienso que esa pauta probablemente funciona en toda la región: el ejemplo brasileño es inspirador.

En su reciente libro, Zero-sum world , usted describe la problemática transición de Occidente de la era del optimismo de la posguerra fría a la incierta era actual. ¿Nos queda mucho camino en esta nueva fase?

Depende mucho de la economía global. Hay un desplazamiento de poder económico y político desde el oeste hacia el este. Si hubiese ocurrido en un periodo de estabilidad económica global, con China creciendo mucho, pero EE UU y la UE en buena forma, hubiese sido otra historia. Pero está ocurriendo en un momento en el que hay un verdadero sentimiento de crisis económica y social en Europa, y graves dificultades en EE UU. Eso hace que, en sentido literal, la gente sienta ansiedad. Los sondeos muestran que los europeos temen que sus hijos vivan peor que ellos. En EE UU también. Así, tanto los ciudadanos como las naciones en Occidente han entrado en una era de ansiedad, mientras Oriente experimenta confianza. No es imposible gestionar esa situación. Pero es una situación inestable.

http://www.elpais.com

 
Top