El candidato es de Venezuela

Luis Cisneros Cróquer

Tiempo Confidencial.
LUIS CISNEROS CRÓQUER
nirguayork48@hotmail.com

 

No tengo candidato a la Presidencia de la República, pero me encuentro en la obligación de expresar lo que pienso con respecto a esa posibilidad de conquista de la primera magistratura nacional. El candidato, no solamente para aspirar a la victoria, sino para saber qué hacer con el  mandato, debe ser no un candidato de partido, o de grupos económicos o de simpatías pasajeras, o bien de acercamientos personales, debe ser un candidato de Venezuela, lo cual supone que está preparado para responder al inmenso reto de recomponer al país y de curarlo de sus males, de sus carencias, injusticias  y hasta de sueños, sin fundamento.

No se trata igualmente de emociones clasistas o generacionales.  En fin y, para concretar, lo que se requiere es un candidato que represente de la mejor manera la esperanza de un país en donde todavía no se ha derrotado la pobreza porque no ha sido la educación la prioridad. En su lugar, se ha hipnotizado a las masas para crear ilusión de cercanía y de amor, y con migajas de los fabulosos ingresos petroleros, se ha alimentado la falsa idea de que mañana se tendrá más.

Ese candidato existe, y cada vez que se piensa mejor, es aquel que tiene la mejor experiencia de gobierno y de Estado, que puede entablar asertivo diálogo internacional, y que tiene la capacidad y la inteligencia y la moral para entablar relaciones con el sector militar, el religioso, el empresarial, el cooperativista, el juvenil, el universitario, el femenino, el sindical, el deportivo, el político, en fin con los ciudadanos que bien conoce porque ha permanecido trabajando en la formación doctrinaria de la democracia y del bien común.

Con este perfil rápidamente trazado me estoy refiriendo a un viejo amigo, a quien conozco y sé de su voluntad para el sacrificio y que ojalá pudiera ser el transitorio conductor de un momento que garantice a los candidatos jóvenes de hoy, su tiempo de espera y su turno. Es un candidato para Venezuela, la que está sufriendo tan dura enfermedad, su propia realidad, la que no se cura con discursos ni con pasiones, ni con amenazas armadas. Tanques, fusiles y aviones, no producen alimentos, ni empleos, ni seguridad jurídica, ni seguridad personal, ni atención hospitalaria y viviendas dignas, ni salvan la compleja situación financiera de PDVSA, y algo más.

 
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