MASCARAS

Américo Martin

Desde la Cima del Ávila
Américo Martín
@AmericoMartin
amermart@yahoo.com

La vida no es más que un pobre cómico que se pavonea y agita una hora sobre la escena, y después no se le oye más.
Macbeth

I

El inesperado regreso del presidente Chávez abre nuevas incógnitas. ¿Sanó o sigue enfermo? ¿ejercerá plenamente la presidencia o lo hará a medio brazo?

Pronto sabremos a qué atenernos. Lo que no cambia es la inclinación presidencial al espectáculo. Sabíamos que se le preparaba un recibimiento “apoteósico” que sería un rato pasajero sobre el escenario. El teatro refleja la vida sin copiarla.

El presidente siempre quiso construir la epopeya que enraizara su revolución. Fidel bajó como Moisés de la montaña. Era jefe de una subversión que impactó  la vida continental. Un mozo de menos de cuarenta años, hablándole sobre un cráter a la primera potencia mundial, en nombre de cuatrocientos millones de latinoamericanos. Mao Zedong, triunfante en dos guerras civiles y una nacional Antijaponesa. Lenin, fundador de una famosa ideología, lideró la revolución rusa que conmocionó al mundo. Cierto, terminaron sepultados en el fracaso, pero protagonizaron legendarios movimientos.

II

¿Y el presidente Chávez de dónde salió? De la nada. Los antecedentes del sedicente proceso bolivariano fueron los madrugonazos de 1992. Golpes similares a los que plagaron la historia de América. Tampoco resulta convincente hacer del “caracazo” un antecedente histórico de sus modestos golpes. No obstante, siempre dado al espectáculo, el presidente no se cansa. Intentó crear la epopeya del asesinato del fiscal Danilo Anderson. Sería el primer mártir de la revolución y así fue exaltado, pero ahora no se habla del Fiscal y no sólo por ciertas actuaciones éticamente cuestionables, sino por las sombras que rodean su muerte. ¿Por qué la investigación ha sido abandonada?

Le tocó luego el turno al episodio del 11 y 13 de abril. El oficialismo no deja de recordar a Carmona y de insistir en que el presidente depuesto se defendió heroicamente. Sin embargo, hay algo que  no suena bien. El presidente se rindió. Que lo haya hecho por astucia, según sus seguidores, no viene al caso. No ofrendó su vida como Allende. Lo que se nos muestra en el escenario no se parece a la realidad.

Ahora vuelve, vencedor, a la patria.  ¿Vencedor de quién? Por supuesto, no del imperio o la oligarquía, sino de un cáncer anunciado por él mismo después de mantenerlo oculto con el rigor de un secreto de estado. Pero, caramba, en ese caso vencedores serían los médicos. Y además, superar enfermedades es un hecho normal. Le sucede y ha sucedido a miles de millones de seres. Lo que a nadie se le hubiera ocurrido es imaginar que aquello podría equipararse a una gesta heroica.

III

El regreso del presidente es por eso una epopeya sin causa, un ruido sin base. Humo, oquedad, vacío. Será flor de un día en contraste con la crisis económica y la tormenta social que sacuden al país. Fenómenos que se han hecho crónicos y mantienen en vilo a todos los venezolanos, incluyendo en primer lugar al propio presidente

¿Crisis económica y tormenta social crónicas? Los voceros oficiales podrán considerarlo exageraciones interesadas, puesto que su obligación es embellecer como puedan los hechos dolorosos. Pero unas cuantas preguntas al azar, con sólida base empírica, permitirán medir la gravedad de la situación de modo que podamos colocarnos sobre la estable realidad, a buena distancia del cambiante proscenio.

¿Cómo serenar a un país que en el primer semestre de 2011 realizó más de mil protestas sociales?

¿Qué hacer con una agobiante deuda cercana a 140 mil millones de dólares?

¿Cómo justificar la garantía petrolera venezolana para un préstamo chino a Cuba?

¿Qué hacer con las arruinadas y robadas empresas de la CVG? ¿Llegará a algún resultado la investigación del robo de cabillas en Sidor?

¿Reaccionará ante el inminente fracaso de su hiperbólico plan de vivienda, obligando a cumplir a las empresas iraníes, las de Belaruz y de otros ineptos aliados suyos?

¿Encarará el tema del Rodeo y el colapso penitenciario?

¿Revertirá la ola avasallante de la delincuencia?

¿Y la inflación, la educación, los servicios públicos, las universidades?

¿Y la caída abrupta de la producción de alimentos y de la industria manufacturera?

¿Y la desbocada importación de alimentos que el país producía?

¿Y la crisis eléctrica que afecta a más de la mitad de los estados de Venezuela?

¿Y la pavorosa crisis hospitalaria? ¿Y los damnificados?

¿Y el drama de los presos de conciencia?

IV

En la jerga militar la mejor defensa es el ataque. El criticado criticando a la oposición; a falta de razones, las inventa. Se refugia en la teoría del “irrespeto” a la salud del presidente. Se equivoca y lo sabe. La oposición ha reiterado su deseo de que el presidente regrese sano  a Venezuela. Quién irrespeta a los enfermos es el régimen. Brito, Simonovis, Forero, Peña Esclusa, y muchos otros lo demuestran.

Dos razones asisten a la oposición:

● Solidaridad humana. La exigimos para los perseguidos y la practicamos con cualquier persona. Si pretendemos reconciliar al país, mal procederíamos practicando lo que condenamos. No tendremos presos de conciencia, listas Tascón al revés y ciudadanos de segunda categoría.

● Evitar en lo posible una cruenta guerra en la lucha por la sucesión del caudillo que se devuelva contra el país. Chávez debe gobernar hasta el fin de su mandato, cuando le tocará a la oposición sacar a Venezuela del pozo en que se halla sepultada.

Así es la vida. Así es el teatro

 

 
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