REPLIEGUE DE ESTADOS UNIDOS

Elizabeth Burgos


Elizabeth Burgos

El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, anunció el inicio de repliegue de las fuerzas militares estadounidenses de Afganistán, sin haber logrado una victoria militar.  Obama, de esta manera, comienza a cumplir con la palabra dada durante su campaña electoral de ponerle término a una guerra que heredó, al igual que la de Irak, de la administración Bush.

Amanecimos en Europa con el anuncio de la decisión del presidente de Estado s Unidos, Barack Obama, de comenzar el repliegue de las fuerzas militares estadounidenses de Afganistán. El conflicto iniciado por Estados Unidos en respuesta a los ataques del 11-S, es una de las guerras más largas que ha librado la potencia del norte cuyo propósito fue el de “librar del desorden y la violencia” esa indómita región del Asia Central.

Barack Obama comienza así a cumplir con la palabra dada durante su campaña electoral de ponerle término a una guerra que heredó, al igual que la de Irak, de la administración Bush.  Unos 33.000 soldados irán abandonando gradualmente la zona: 10.000 abandonarán este año y 23000 antes de finales del año 2012, pero dejando todavía en la zona de conflicto combatiendo a los talibanes a unos 70.000 soldados.  Se calcula que a partir del 2014 el gobierno y el Ejército afgano serán los dueños de la situación, cuando asumirán la responsabilidad de su propia seguridad.

El presidente americano en un discurso televisado a la nación, justificó la medida por considerar que lo hacía “desde una posición de fuerza” tras haber cumplido con el objetivo que se había fijado Washington de neutralizar a Al Qaeda, lo que, según sus palabras, se ha logrado en los diez años que ha durado la ocupación militar.   Aludió a la dispersión militar y de recursos que significó llevar a cabo dos guerras al mismo tiempo, Irak y Afganistán, lo que impidió obtener logros más significativos. Sin embargo anunció que era necesario todavía consolidar los avances alcanzados en los últimos tiempos: “Este es el principio pero no el final de nuestro esfuerzo por ganar esta guerra.  Tendremos que hacer aún el trabajo duro de mantener los logros obtenidos”.

Este último argumento dirigido a los mandos militares, en particular el general David Petraeus que abogaba por mantener las fuerzas militares. Por ello advirtió el presidente que su gobierno continuará en el empeño de resolver el conflicto civil afgano mediante negociaciones políticas.  “Mientras fortalecemos al Gobierno afgano y sus fuerzas de seguridad, Estados Unidos se sumará a las iniciativas para la reconciliación del pueblo afgano, incluyendo a los talibanes”, manifestó.  “Nuestra posición sobre esas conversaciones es clara: tienen que ser conducidas por el Gobierno Afgano y los que participen en ellas tienen que romper con Al Qaeda, abandonar la violencia y respetar la Constitución afgana”.

El objetivo que Obama señaló para poner fin a la presencia militar en Afganistán es el de que  ese país “deje de ser un santuario de Al Qaeda y de sus afiliados para lanzar ataques contra nuestra patria o nuestros aliados”.  “No haremos de policías en sus calles o patrullaremos sus montañas indefinidamente; esa es la responsabilidad del Gobierno afgano, que tiene que incrementar su capacidad de proteger a su pueblo”, añadió.

No se debe perder de vista que otras fuerzas militares extranjeras han tenido que marcharse de ese país sin haber logrado la victoria. La Unión Soviética que, en 1978 invadió a Afganistán para salvar al régimen comunista que se había instaurado allí del acoso musulmán, debió retirar totalmente sus tropas una década después.

Tampoco podemos olvidar que Obama enfrentará dentro de poco una campaña electoral con vistas a su reelección y está obligado a satisfacer las expectativas de la tendencia más radical de izquierda del Partido Demócrata que, dadas las ironías de la historia, se complementa con las tendencias más radicales de la derecha republicana que, aun cuando en el pasado apoyaron sin reticencias los proyectos bélicos de la administración Bush, hoy son radicales críticos respecto a inmiscuir a EEUU en conflictos militares, y someten a Obama, al igual que la izquierda,  a un acoso constante para que salga sin demora de Afghanistan.  Campaña electoral obliga. . .

Pero el argumento que decidirá la campaña electoral y la posible reelección es la agenda económica y por rende, el espinoso problema del desempleo. Eso lo sabe perfectamente Barack Obama porque es además la garantía de resguardar el papel de gran potencia de Estados Unidos. De allí, el dramático llamado: “América, ha llegado el momento de concentrarse en la reconstrucción de la nación, aquí, en nuestra casa”, evocando el decenio difícil que acaba de pasar durante el cual 4.500 americanos han muerto en Irak, y 1.600 en Afganistán. “Ahora acabemos el trabajo que tenemos entre manos”, manifestó, “acabemos responsablemente estas guerras y recuperemos el sueño americano que es el centro de nuestra historia”.

Cuando se está frente a una crisis  semejante, gastar 10.000 millones de dólares por mes en una guerra que ya ha costado un billón de dólares y en donde ya han muerto más de 6.000 norteamericanos, merece se aplique el sentido común, una cualidad muy propia de ese país.  Ya no se trata de una simple campaña electoral, sino de una realidad que está golpeando al mundo entero.

Tras el delirio económico de los últimos veinte años, ha llegado la fase que siempre se olvida en medio de la euforia de la fiesta: el dolor de cabeza del día siguiente.

Las críticas no tardaron en llegar: del campo radical demócrata que considera que el repliegue es demasiado gradual, y del campo radical republicano que considera que el repliegue es demasiado brutal y pone en peligro los logros obtenidos por el general Petraeus.

 

 

 
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