¿PERTENECE USTED A LA CLASE MEDIA?

Isabel Pereira Pizani

ISABEL PEREIRA PIZANI
isaper@gmail.com

¿Tiene cuenta en un banco? ¿Tiene una computadora y navega en Internet?…

“¡Cómo voy a ser pobre si ya construí mi casa y voy para un segundo piso!”

Uno de mis aprendizajes más valiosos lo obtuve trabajando en Cedice sobre la economía informal. Experiencia que soporta una hipótesis en la cual he venido insistiendo: el corazón de la propuesta de cambio para nuestra sociedad radica en concebirnos como un país clase media, con sus valores y capacidad de emprendimiento.

Esta idea, que puede despertar mucho escepticismo, se funda en la certeza de que la clase media es más que una categoría estadística vinculada a las medidas del ingreso. Aunque en Venezuela 60% de los trabajadores perciban salario mínimo y 80% tengan empleos precarios, la variable que subsiste y puede ser el motor del cambio, es la existencia de una predominante actitud hacia la superación personal. Una breve mirada a cualquiera de nuestras ciudades nos muestra amplias y crecientes zonas en proceso de construcción, barrios populares con viviendas que crecen verticalmente, con cabillas peladas en la platabanda, como muestra de que estos constructores populares están listos para acometer un segundo piso, y pare usted de contar.

 Esta misma convicción la sentí prevalecer en una reciente visita a México, donde algunos políticos e intelectuales señalan que ya basta de hablar de sí mismos como un país de pobres, pues sus estadísticas señalan que solo 40% lo es; lo cual significa que 60% no lo es, al menos en términos convencionales.

 El único camino para derrotar la miseria -la historia del mundo hasta hoy demuestra- es pujar para ensanchar la clase media; abrir las compuertas para que la mayoría acceda a nuevas oportunidades para ampliar sus negocios callejeros, para que los carentes de profesión adquieran las destrezas que les permitan ser más rentables en su oficio.

Tornar productivas las microempresas no es una misión imposible, quizás bastaría con que las policías no persigan y matraqueen a ciudadanos emprendedores o que las autoridades los reubiquen. Y algo esencial: masificar la entrega de títulos de propiedad de viviendas autoconstruidas y de negocios sin registro. El camino está en avanzar desde el territorio clase media. No hay que concentrarse en los subsidios (a veces imprescindibles), como únicos instrumentos de política social; en las transferencias miserables; en ofertas educativas de tercera que otorgan diplomas sin valor; o en fundar redes de salud para pobres donde las pastillitas anticonceptivas son la gran panacea.

Una experiencia necesaria para los aspirantes a dirigir el país consiste en entrar en la casa de cualquier familia en un barrio de casas autoconstruidas -con paredes exteriores sin frisar, donde haya que subir 200 escalones para llegar a la puerta y preguntarles a sus moradores si se consideran pobres. La respuesta será contundente: “¡Cómo voy a ser pobre si ya construí mi casa y voy para un segundo piso!”.

La tarea no es dar limosnas, ni sobreproteger, porque eso irrespeta la capacidad y empuje de esos seres humanos. Es reconocer el valor de sus propiedades construidas informalmente, preparar a los trabajadores para ganar más y ser productivos, que las pequeñas empresas aporten y reciban lo que merecen por sus esfuerzos. Con servicios de salud, escuelas y universidades de calidad universal. Para ello, hay que plantearle al país la imperiosa necesidad de dejar atrás el reconcomio que actúa como un veneno, deslastrarse para siempre del concepto ignominioso de la lucha de clases, de la calificación peyorativa de escuálidos, oligarcas, etc. Adjetivos que esclavizan y miserabilizan. Tirar a la basura la envidia hacia los que producen, a los que son productivos, y sumarnos al batallón de todos los que queremos vivir como clase media, con una vivienda decente y sobre todo bella a nuestros ojos; con un empleo que sea la base del progreso; con hijos en buenas escuelas; y sin que la vida esté amenazada en cada cruce de callejón.

 ¿Quiere usted sumarse a la clase media? Pues, conteste a estas preguntas, como hacen los mexicanos (Clasemediero. De la Calle Luis, Rubio Luis. CIDAC. México 2010): ¿Tiene cuenta en un banco? ¿Tiene una computadora y navega en Internet? ¿Tiene un celular y se comunica por mensajes de texto? ¿Construyó su casa con su salario y ahorros? ¿Quiere obtener el título de propiedad de su casa o negocio? ¿Algún hijo o hija está en o va para la universidad o tecnológico? ¿Tiene o aspira a poseer un carro?

 Si responde sí a cualquiera de esas interrogantes únase a quienes creen en el cambio, porque usted es un buen ejemplo de la Venezuela de clase media para todos.

 
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