EL BICENTENARIO SOY “YO”

Tulio Hernández

Nuestros doscientos años de historia republicana quedaron reducidos al alarde de unos tanques de guerra rusos recién comprados y al paso de ganso de soldaditos que tratan de parecer fieros, sin lograrlo… El Gobierno convirtió los fastos en ocasión para exaltar a su “comandante presidente”. *

TULIO HERNÁNDEZ
hernandezmontenegro@cantv.net

Escribo estas líneas hoy, 6 de julio, desde fuera del país.

Lo hago luego de leer varios diarios españoles intentando enterarme de cómo ha sido tratada la conmemoración, ayer, en Caracas, del bicentenario de Venezuela.

Hasta el momento no he visto ni escuchado ninguna de las transmisiones televisivas de las pompas celebratorias. Y aunque he leído en Twitter las denuncias sobre las agresiones a una diputada de la oposición en el Paseo Los Próceres, trato de revisar ­sin más prejuicios de los que ya tengo­ cómo ha sido cubierto el acontecimiento en la prensa del país de cuya corona se independizaron aquellos primeros venezolanos.

Lo que encuentro es muy uniforme. Sorprende la fuerte coincidencia entre el tratamiento de El Público, un diario nítidamente de izquierda, y el ABC, uno claramente de derecha y monárquico. El primero titula: “Chávez usa el bicentenario para reforzar su figura”. El segundo: “Culto al ego de Chávez en la fiesta de la Independencia de Venezuela”. Otros, como El País, diario del centro socialdemócrata, si es que el término todavía define algo, y La Vanguardia, vocero de las élites ilustradas catalanas, resultan un poco más discretos pero igual de contundentes. “El bicentenario de la Independencia de Venezuela galvaniza el chavismo”, titula el primero, y destaca en el sumario: “El desfile fue un despliegue de poderío militar”.

El segundo resalta también el protagonismo de Chávez, y en el interior relata: “La revolución bolivariana exhibió con fanfarrias la musculatura militar que su líder ha ido abultando en los últimos tiempos”. Sin anestesia: “La musculatura militar”.

Es El Periódico, un diario catalán de calado popular, el que, a mi juicio, con menos palabra y mayor contundencia define lo que una buena parte de los venezolanos sintió el 5 de Julio.

Luego de titular: “Chávez hace del bicentenario un autohomenaje”, describe con un dejo de nostalgia: “Debió haber sido una fiesta nacional. No lo fue.

El Gobierno convirtió los fastos en una ocasión para exaltar a su `comandante presidente”.

Eso, efectivamente, fue lo que ocurrió. Lo que debió haber sido una fiesta nacional, un acto de comunión entre todos y cada uno de los nacionales, dentro y fuera del territorio, quedó convertida en celebración privada de los venezolanos que se visten de uniforme verde y rojo.

Lo han captado muy bien los españoles. La celebración del bicentenario ha sido un arrebatón más de los tantos que a diario cometen los bolivarianos en Venezuela: contra los derechos humanos, la propiedad privada, el derecho a la vida y, el mejor planificado de todos, contra la interpretación plural de nuestra historia sustituida ahora por el enfoque único del pensamiento militar.

La operación es elemental: la conversión de un acto civil, la firma de un acta de naturaleza jurídica, en una celebración militar. Armamentista. Belicista. Bravucona. Uniformada. Y sectaria. Nuestros doscientos años de historia como república independiente han quedado reducidos al alarde de unos tanques de guerra rusos recién comprados y al paso de ganso de unos soldaditos que tratan de parecer fieros, sin lograrlo, bajo su camuflaje de Rambo del Caribe con la Bandera Nacional pintarrajeada en el rostro.

Según los bolivarianos, no hubo en estos doscientos años grandes escritores, políticos civiles prominentes, médicos sacrificados, arquitectos geniales, empresarios innovadores, enfermeras piadosas y lúcidas, cantantes y pintores, deportistas. Y artistas. Y buenos zapateros. Y costureras. No hubo un grupo de civiles que redactó una extraordinaria pieza jurídica para comenzar juntos lo que ahora somos. No hubo Andrés Bello, Fermín Toro, Rómulo Gallegos, Armando Reverón o Arnoldo Gabaldón.

En el imaginario político chavista, en el fresco inmenso y único que vienen pintando a muchas manos para demoler la pluralidad civilista nacional, la patria es sólo obra de militares de testículos descomunales. El país, un triunfo de la caballería, y al frente, en el corcel más grande y fuerte, con la espada reluciente entre sus manos, el jinete que vencerá la muerte, el nuevo Jesucristo que, en vez de un bordón en las manos, lleva un Kalashnikov.


* El sumario es nuestro.

 
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