EL ETERNO RETORNO DE LO MISMO

CARLOS OCHOA* –

En su lecho de enfermo en La Habana, el Presidente confesó que el libro que lo sostiene en sus momentos difíciles es: “Así habló Zaratustra” del cual no se separa. La obra es del filósofo alemán Friedrich Nietzsche. Seguramente fue un obsequio de Fidel Castro, un maestro de “el eterno retorno de lo mismo”, hecho comprobado por sus incontables desapariciones para causar expectación y titulares de prensa en todos los medios comunicacionales del mundo.

La táctica de desaparecer y después retornar a lo mismo, es parte de la estrategia de hacerse ver renovado sin haber cambiado nada. En el caso de la enfermedad de Hugo Chávez, la idea que intenta vendernos con su “misión retorno”, es que las dos operaciones a las que se sometió en verdad extirparon el mal, pero su convalecencia lo obliga a  retornar… poco a poco. Esta estrategia comunicacional apunta a mantener en sus seguidores la esperanza de un  retorno “del comandante” después de vencer la enfermedad, lo que en términos heroicos sería derrotar el destino final que inexorablemente nos impone la muerte. De ser así, el retorno de Chávez está planificado para ser percibido, él, como un súper Chávez, claro está, si las cosas le salen bien y la enfermedad no le juega una mala pasada.

En “Así habló Zaratustra” el águila y la serpiente le recomiendan al profeta que calle cuando enferma, porque el hablar recrudece la enfermedad. Que casualidad que Fidel y Raúl Castro le recomiendan a Chávez guardar silencio. No el silencio sano que debe procurar todo convaleciente para recuperar sus fuerzas, sino el limbo informático que, al mejor estilo soviético, convierte en un misterio la enfermedad del líder.**

El concepto  de  convalecencia en Zaratustra evade la noción de la enfermedad misma. Es más bien un estado de expectativa que aguarda la llegada de la esperanza, dejando a un lado que la convalecencia, aún para los héroes, puede ser tortuosa, tal como lo refleja García Márquez en “El General en su laberinto”, novela que intenta revivir el trecho final de la vida de El Libertador.

El Presidente Chávez convirtió los actos del Bicentenario de la Independencia en un espectáculo propio para un convaleciente. Embriagado por la puesta en escena de un desfile de estilo fascista, seguramente se siente fuerte y renovado, pero como la salud, al igual que todo lo humano, es efímera, debe cuidarse del eterno retorno de la convalecencia. Y también recordar con humildad la pregunta que atormenta al profeta Zaratustra: “¿Otra vez la náusea, otra vez la noche?”.


* Como en ocasiones anteriores, cedemos nuestro espacio editorial a una interesante columna.

** La información precisa y detallada de la enfermedad tal como se ofrece en los países democráticos cuando sus presidentes se enferman, no procede en los regímenes mesiánicos autoritarios, ya que el poder se concentra en el líder y no en las instituciones y, en consecuencia, la enfermedad es entendida como debilidad no sólo de la persona sino del poder que éste detenta.

 

 
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