EL MISTERIOSO VÍNCULO ENTRE CARACAS Y TEHERÁN

CABLEGATE – La Embajada de Estados Unidos en Caracas reconoció en 2009 que no estaba en capacidad de establecer el real alcance de la relación entre Venezuela e Irán. Un verdadero secreto de Estado.

¿Está Venezuela suministrando a Irán la materia prima de la nueva bomba atómica? ¿El presidente Hugo Chávez está comprando armas al gobierno capitaneado por su homólogo Mahmoud Ahmadinejad violando las prohibiciones impuestas por Naciones Unidas? ¿Cuántos de los memorandos de entendimiento firmados en pomposos actos por ambos mandatarios se han concretado? ¿Por qué existe un vuelo entre Caracas y Teherán y nunca se consigue un billete? La respuesta a esas preguntas, derivadas de la misteriosa relación entre ambos gobiernos, son especulaciones sin fundamento. Sólo unos elegidos saben con certeza qué hay tras bastidores.

La embajada de Estados Unidos en Caracas reconoció en 2009 no tener certeza del alcance real de los vínculos entre Irán y Venezuela. La afirmación estaba circunscrita a los acuerdos en materia energética, pero podría extenderse a aquellos ámbitos donde los mandatarios Chávez y Ahmadinejad habían firmado compromisos de cooperación.

Esta confesión se produjo tiempo después de una información procesada por el Departamento de Estado que jamás trascendió a la opinión pública.

El 24 de marzo de 2009 informantes venezolanos no identificados le dijeron al Departamento de Estado que el gobierno de Hugo Chávez recibiría en mayo de ese año aviones no tripulados de fabricación iraní, llamados Mohajer-2, a través de Turquía o Alemania, donde serían reempacados, reetiquetados como equipos electrónicos y enviados en barco.

Estados Unidos consideraba que con ese envío Irán violaba lo dispuesto en el parágrafo 5 de la resolución 1747 del Consejo de Seguridad, que prohíbe a ese país y a sus ciudadanos vender o transferir armas o material relacionado debido a la negativa de interrumpir el enriquecimiento de uranio.

Las semanas pasaron y en mayo de 2009 aún no habían llegado los supuestos aviones no tripulados. Las autoridades de Turquía y Alemania, que estaban al tanto de la operación, comentaron al Departamento de Estado el modo y la vía decidida para recibir las aeronaves. Markus Klinger, Director Adjunto de la Oficina de Control de las Exportaciones de Alemania, solicitó información más detallada de la fecha de envío y se preguntó por qué no utilizaban la expedita vía aérea entre Caracas y Teherán para concretar el traslado.

En marzo de 2007 se había inaugurado un vuelo comercial entre Caracas con escala en Damasco. Algunos medios internacionales como ABC de Madrid especulaban que era un vuelo fantasma porque no era cosa fácil comprar un billete, o hacer una reservación. El recorrido se completaba una vez por semana, pero en 2010 la frecuencia, que compartían Irán Air y la estatal venezolana Conviasa, despegaba cada quince días.

Los cables obtenidos por Wikileaks, fechados entre marzo de 2009 y febrero de 2010, no confirman qué ocurrió con esa operación.

Pobre infraestructura

También Venezuela contribuía a mantener la relación con Irán lejos del escrutinio de los medios. El 25 de septiembre de 2009 el ministro de Minas Rodolfo Sanz declaró a la prensa que ese país estaba ayudando a Venezuela a determinar el tamaño de las reservas de uranio, pero un día después esa afirmación fue desmentida por el ministro de Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias, Jesse Chacón.

Venezuela siempre ha reivindicado su derecho a explorar el uso de la energía nuclear con fines pacíficos, pero la comunidad científica local duda que eso sea posible. En una conversación con funcionarios de la legación estadounidense en Caracas varios especialistas dijeron que las “ciencias duras” habían sido diezmadas durante el gobierno de Chávez. Uno de ellos agregó que el país no tenía la capacidad técnica para desarrollar un programa de energía nuclear y citó varios hechos para apoyar esa afirmación: la falta de “científicos serios” involucrados en el proyecto chavista, que las reservas de uranio no eran suficientes, y que ninguno de los equipos de la Dirección de Energía Atómica del Ministerio de Energía y Petróleo funcionaba. Un geólogo venezolano citado durante la conversación con la embajada le dijo a uno de los científicos: “sí hay una mina de uranio, pero nadie sabe dónde es”.

Tal vez por esa razón la embajada dudaba del progreso real de esa alianza en términos de desestabilización del orden mundial. El modo en que funciona la administración pública venezolana —de inflamada retórica y una proverbial burocracia para concretar procedimientos de rutina— era el principal obstáculo para convertir a Venezuela en una amenaza para Washington. Al menos dos episodios reflejados en los cables ilustran esa situación: la frustración de Petropars, la compañía petrolera iraní, por los retrasos en la asociación con Petróleos de Venezuela para el desarrollo de uno de los bloques de la Faja Petrolífera del Orinoco, y la crítica situación de la industria automotriz por la falta de vehículos para satisfacer la demanda interna. Inexplicablemente el gobierno mantenía una gran cantidad de automóviles, construidos en el marco del acuerdo con Irán, estacionados sin sacarlos a la venta en un galpón de la zona industrial del estado Aragua, en el centro del país.

También los empresarios privados iraníes interesados en hacer negocios en Venezuela temían por sus inversiones debido a la falta de garantías. Un lobysta encargado de introducirlos en el país conversó con la embajada y comentó que había la posibilidad de fundar una cámara de comercio entre Venezuela e Irán. El lobysta manifestó sus reservas con la iniciativa porque temía que su participación podría afectar sus intereses en Estados Unidos y su capacidad para hacer negocios en ese país.

Era la misma preocupación que expresó la comunidad judía en Venezuela durante sus reuniones con la embajada entre 2009 y 2010. Muchos miembros expresaron su profunda preocupación por las actividades iraníes en el país y citaron “las ineficaces empresas” de capital persa que hacían vida en el país. “¿Cuáles son las fábricas que están produciendo realmente?” se preguntó un miembro del Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela.

* El trabajo periodístico de revisión de los cables de WikiLeaks sobre Venezuela realizado por SEMANA y el Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela. Su publicación, se hace de forma simultánea en Semana.com y en Arman-do.info

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