UN MAGNATE CON LAS LLAVES DEL PODER

Walter Oppenheimer

Walter Oppenheimer

Rupert    Murdoch    irrumpió en el mundo de la prensa británica en 1969, cuando compró la cabecera de The Sun y el dominical News of The World. En poco tiempo convirtió The Sun en tabloide. Es decir, en el tabloide más vendido e influyente del país. Muy a la derecha del hasta entonces dominante y prolaborista Mirror, el The Sun de Murdoch se convirtió en el compañero de viaje perfecto para Margaret Thatcher y sus ideas políticas de derecha pura y dura. Desde entonces, Murdoch siempre ha tenido las llaves de Downing Street. En la política británica hay desde hace años una polémica muy semejante a la del huevo y la gallina: ¿Es Rupert Murdoch quien hace y deshace primeros ministros con su apoyo o el hombre que tiene siempre la habilidad de apostar al caballo ganador para luego poder reclamarle el pago de los servicios prestados durante la campaña?

Rebekah Brooks, directora de News International, y Rupert Murdoch, dueño de News Corporation, en marzo de 2010.- EDDIE KEOGH (REUTERS)

Los partidarios de la primera tesis se sustentan en las elecciones de 1992. Con el laborista Neil Kinnock claramente por delante en los sondeos y el laborismo acariciando el poder tras 13 años en la oposición, The Sun publicó una primera página demoledora el día de las elecciones generales: “Si Kinnock gana hoy, ¿puede por favor la última persona que abandone Gran Bretaña apagar la luz?”. Kinnock está convencido de que esa primera página le impidió ganar aquellos comicios y mantuvo en el poder por otros cinco años a los  conservadores de John Major. Los que creen que Murdoch no hace más que apostar por el caballo ganador ponen como ejemplo las siguientes elecciones, las de 1997, que marcaron la llegada al poder del Nuevo Laborismo de Tony Blair. Puede que ambas partes tengan razón. John Major aseguró en sus memorias que se sintió sentenciado desde que The Sun pidió el voto para Blair. Y siempre se ha dicho que fue Kinnock quien le aconsejó a Blair que se acercara a Rupert Murdoch para asegurarse el triunfo. Pero también es evidente que el ciclo conservador de la era Thatcher-Major estaba agotado y que la irrupción del carismático y sonriente Blair auguraba un cambio de ciclo. Aunque profundamente conservador en lo político y lo económico, Murdoch no es un hombre de parti-

dos. Sus simpatías se basan más en la personalidad de los líderes que en su afiliación política. Y por encima de todo están sus intereses económicos. Su fobia a la Unión Europea es legendaria. Pero no se debe a una especial simpatía por los viejos Estados-nación europeos; a fin de cuentas, es australiano de nacimiento, consolidó su imperio mediático en Reino Unido y donde de verdad ejerce ahora su poder es en Estados Unidos, país del que adquirió su nacionalidad, y en el que posee, entre otros medios, la cadena Fox y el diario The Wall Street Journal.

El antieuropeísmo de Murdoch se debe a los inmensos poderes que tiene Europa en las materias que rigen la libre competencia, que se pueden convertir en obstáculo a sus intereses económicos. Un antiguo portavoz de Downing Street en tiempos de Blair, Lance Price, aseguró en sus memorias que Murdoch apoyó a Blair en las elecciones de 2001 a cambio de que este le diera garantías de que no metería a la libra en el euro. Es posible que eso fuera así, igual que es posible que Blair ya hubiera llegado a esas alturas a la conclusión de que era imposible ganar un referéndum para entrar en el euro.

Murdoch abandonó su apoyo a los laboristas cuando estos renunciaron a convocar un referéndum sobre el nuevo tratado europeo. Pese a sus dudas sobre la personalidad de David Cameron, que le parecía demasiado blando, esa traición del laborismo pudo inclinar definitivamente la balanza a favor del candidato conservador. Aunque también parece claro que, a esas alturas, Murdoch ya sabía que Gordon Brown jamás ganaría unas elecciones. El magnate volvió a acertar: Cameron ganó y consiguió las llaves de Downing Street. Pero su victoria se quedó corta y le obligó a formar una coalición.

Murdoch siempre espera algo de un nuevo Gobierno. Esta vez espera luz verde a su proyecto de adquirir el 100% de BSkyB, la plataforma de televisión por satélite que ya controla con casi el 40% del capital. El Gobierno ya ha dado el sí, pero la decisión no será definitiva hasta el viernes. Y el escándalo de estos días (que llevó al cierre de su tabloide londinense) ha reabierto la posibilidad de que la operación se paralice. Ayer, las acciones de BSkyB cayeron un 3% en Londres y las de la matriz, News Corporation, un 4% en Nueva York. Una caída significativa, aunque no catastrófica. El mercado cree que aún todo es posible…

Fuente: El País

 
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