ADÁN Y DIOSDADO, LA FÓRMULA DE LA REVOLUCIÓN

Por la simbología –mesa de trabajo en La Habana, balcón del pueblo- Adán parece el ungido por Chávez y los hermanos Castro.

JUAN CARLOS ZAPATA

Las fichas están en movimiento. Ante el escepticismo de algunos, el Gobierno, en cambio, analiza los escenarios posible. Adán habló de lucha armada. Corrió el riesgo. Pero con la bendición del Presidente y el respaldo del poder cubano, asumió lo que pudo ser seña para el mundo militar. De hecho, en el círculo del Ejército más cercano a Chávez, la consigna de patria, socialismo o muerte, no deja de ser la consigna. Y hay jerarcas que lo afirman con decisión: sin Chávez o con Chávez la revolución sigue. Chávez se dirige a los cadetes, a quienes anima a la nueva escalada para que nada ni nadie saque al país del rumbo trazado. El de la revolución. Hasta el 2021. “El retorno supremo”. “Pero con el favor de Dios”. Porque estoy “en una emboscada de la vida”.

 

Hay dirigentes políticos más informados que otros. Por ello, en algunos partidos el tema militar está en el debate. ¿Qué harán los militares en el peor escenario? ¿Se tomarán el poder? ¿Creerán resistir muchos años como ejes de la revolución? Si un poder militar resiste seis meses o varios años, ese no es el problema. El problema estriba en que se lo pueden estar planteando, los militares. Eso es lo grave. Si parte o no de una misma operación, habla Adán y luego habla Diosdado Cabello también de lucha armada. ¿Hay aquí una alianza? ¿Comienzan a entenderse estos dos factores? ¿La familia y la estructura? ¿Factores distantes?

Debo decir que no es la primera vez que Diosdado Cabello habla de lucha armada. En su primera campaña para la gobernación de Miranda me lo dijo: en los días de abril, cuando el gobierno caía, él y su amigo Freddy Bernal se lo plantearon. Irse a la guerra de guerrillas. Entonces nadie les creyó. Porque muchos no creían ni que cayera el gobierno, ni que Chávez retornara dos días después, ni que fuera Diosdado el hombre para ello, pues ya en el 2002 comenzaban a sonar sus presuntos nexos con fichas del capital. A casi una década de abril, se vuelve a escuchar la amenaza. Pero no desde un gobierno caído, sino agotado, y amenazado por la salud del Presidente. O sea, lucha armada no para el retorno, sino para la permanencia del poder.

Eso es lo que quieren decir. La fuerza de las armas. ¿Y quién las tiene? Ya el general Rangel Silva dijo que la Fuerza Armada no aceptará a la oposición en el gobierno. Para ello, hace falta entonces más que unidad, firmeza y voluntad en el propósito. La amenaza, no hay que tomarla a la ligera. El derrumbe de la revolución bolivariana entrañaría consecuencias nacionales e internacionales. No cualquier cosa está en juego. Amén de los intereses particulares y los temores particulares. Si hasta Luis Alfaro Ucero lo intentó en 1998 con aquello de que AD debía “morir con las botas puestas”. No cabe duda de que en la mente del poder chavista esa es la estrategia. Por encima de Chávez, inclusive. Con el chavismo sin Chávez, incluido. Y con la ventaja de contar con que buena parte de la dirigencia opositora se comporta errática en el manejo político de la enfermedad.

Que el poder cubano no pasaría la fórmula Diosdado- Adán, dicen unos. No se crea. Por la simbología –mesa de trabajo en La Habana, balcón del pueblo- Adán parece el ungido por Chávez y los hermanos Castro. Su tiempo de embajador en La Habana ahora es que cobra vigencia. ¿Y Diosdado? A los cubanos no les disgusta. Por puro pragmatismo lo prefieren. Este es el caso: la dirigencia cubana –lo sé por boca de uno de ellos- ha repetido que Diosdado, Rafael Ramírez y Jesse Chacón, sin ser fidelistas, cada vez que ellos han tenido en sus manos alguna operación económica, comercial, política que atañe a Cuba, han sido más diligentes que los que se autodeclaran incondicionales de Cuba. De modo que aquí hay varios asuntos. Que un dirigente –tipo Diosdado- tenga sus propias aspiraciones y ambiciones de liderazgo, es normal y hasta necesario. Pero hasta ahora nadie puede acusarlo de haberle sido desleal a Chávez.

Lo de abril de 2002, sus adversarios internos –Gato Briceño, por ejemplo- se lo sacarán siempre a colación, y son tantas las versiones que el episodio ya parece más que interesado. Dirán chavistas: Una alianza Diosdado-Adán luce imposible, por aquello de la derecha endógena que identifica al primero. ¿Y quién puede afirmar lo contrario de Adán?

En medio de la defenestración de Ricardo Fernández Barrueco, el Presidente le advirtió a su hermano: “Cuídate Adán de lo que haces”. La advertencia fue clara porque el nexo con el empresario lucía evidente. El propio Fernández Barrueco se ha quejado de que Adán no lo ha ayudado. Y Asdrúbal Chávez me confesó, refiriéndose a Fernández Barrueco: Ese es amigo de Adán Chávez. O sea, el perfil cuadra en ambos. Hay más elementos que unen a Diosdado y Adán que lo que los separan. Y en esta alianza estratégica puede estar la carta fuerte del chavismo, si la evolución del Presidente no a es la larga tan favorable. Después, serán otras las interrogantes. ¿Podrán Diosdado, Adán y los militares del círculo más chavista sostener la revolución bolivariana? ¿Podrán evitar la desbandada? Según Henry Ramos Allup, ya hay algunos tendiendo puentes.

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